
28.11.09 - 02:48 -
V. LLADRÓ VALENCIA.
-Buenos días, ¿cómo se llama?
-Juan Vicente.
-¿Y de apellido?
-Vicente es el apellido.
-¿Hacia dónde va?
-A Ahillas, a labrar un poco.
-¿Con las mulas?
-¿Cómo, si no?
-Como ya no va quedando de esto.
-¿Y qué voy a hacer?, es lo que tengo. ¿Ustedes se ganan la vida con fotos y preguntas? ¡Qué fácil!, ¿no?
-Hombre, si a esas vamos, usted aún va a lo seguro, a labrar, que nosotros andamos a la aventura. A ver qué encontramos. ¿Tiene hijos?
-No, si no me casé, soy mozo.
-¿Cómo fue eso?
-Con tanto trabajo no tuve tiempo de encontrar novia, y a mi edad...
-¿Cuántos años tiene?
-¿Cuántos me echa?
-Sesenta y ocho.
-Cuatro más, setenta y dos.
-¿Qué va a poner en lo que labre ahora?
-Cebada para las caballerías y un poco de trigo. A ver si nos llueve de una vez, que por aquí está todo seco.
-¿Y cuánto tiempo le va a llevar?
-Ahora estaré labrando tres o cuatro días. Luego regresaré al pueblo con la mula negra cargada de leña.
Poco después, en Chelva, al comentar la gracia de este encuentro, la dignidad de Juan Vicente y su perseverancia en una forma de vida tan auténtica y natural, que se resiste a desaparecer, alguien comenta: «Es un poco como el último Mohicano», y aclara que «algunos vecinos lo conocen como el hombre antiguo», pero que no lo dicen en tono despectivo, sólo es porque lo ven como un claro ejemplo vivo de lo que fue el campo en la Serranía.
En realidad, aclaran, lo que más se valora, en el subconsciente colectivo del pueblo, es que «Juan Vicente hace lo que le da la gana, es listo como nadie, y libre, muy libre». Y feliz, apostillamos; es el hombre antiguo y feliz.
Más adelante, cerca ya de Ahillas, encontramos a dos pastores y una pastora,cada uno con su rebaño de ovejas, los tres con tanta nobleza como Juan. Coinciden en su fatal diagnóstico: «Esto se acaba».
Vicente Hernández, que lleva unas 300 ovejas, se queja de lo ruinoso de su trabajo. «Porque nacimos con esto -confiesa-, pero nadie más lo quiere; es muy sacrificado y no da para vivir».
Mercedes Aranda cuida de 200 cabezas, es viuda y sigue en esto para ayudar a su hijo, que complementa su renta con contratos en actividades forestales. Por un cordero les pagan sólo 13 euros, lo que le cuesta a un consumidor un kilo de chuletas. Toni 'el Royico' es el más mayor, le 'tiran' los animales y aún saca a unas cuantas ovejas a diario, por seguir en lo que siempre hizo.


























