lunes, 15 de diciembre de 2008

ESTA CRISIS...

Las bolsas se derrumban, los bancos de medio mundo se tambalean, las compañías de seguros hacen aguas, el precio de los pisos se hunde, las empresas recortan sus plantillas...

Son los grandes titulares de la prensa, los grandes asuntos sobre los que debaten los políticos, los que tratan de comprender los analistas y tertulianos. La crisis del 2008 pasará a los libros de historia. Se contarán las grandes decisiones de los gobiernos, las reuniones de las potencias económicas, las manipulaciones ocultas de los especuladores. Se hablará de sus consecuencias a medio y largo plazo: la cosa tiene pinta de ser grave y duradera. Tal vez -los dioses lo quieran- de todo esto salga un mundo necesariamente menos enloquecido, una forma de vida colectiva más sostenible y solidaria. Aunque puede que todo se quede en angustias y miseria multiplicada.

Es simple y puro sufrimiento.


Porque lo cierto es que la gente está sufriendo. Mi amigo R. acaba de perder su trabajo; tiene 44 años, y difícilmente podrá volver a reengancharse, al menos en el nivel profesional que ocupaba hasta ahora; quienes le queremos nos preguntamos sin cesar cuando conseguirá empleo.

Mi amigo P., que tiene una pequeña empresa relacionada con la madera, ha visto cómo los encargos disminuían, a la vez que los bancos -que hasta hace poco eran tan generosos- empezaban a cerrarle el grifo de los créditos y las letras. Mi amigo J., que trabajaba en la obra, lleva más de siete meses en el paro, y no me atrevo a preguntarle cuánto le queda de subsidio.



Ninguno de ellos saldrá en los periódicos. Y, sin embargo, son los que de verdad importan en medio de toda esta situación. Lo grave no es que se tambaleen los entramados financieros basados en no se sabe qué misterios intangibles. Lo desolador no es que quienes propugnaron siempre el liberalismo económico apoyen ahora medidas intervencionistas. Lo grave y lo desolador es la penuria en la que mucha gente va hundiéndose lentamente, y el hambre todavía mayor al que vamos a condenar a los desposeídos del planeta, más empobrecidos que nunca y probablemente privados de buena parte de la ayuda del primer mundo.

Esto es lo terrible, lo que nunca aparecerá en los titulares de la prensa.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Es cierto lo que dices. Siempre hablamos (o mejor dicho hablan) en términos generales (globalización).
Los damnificados siempre tienen nombre y apellidos, pero eso no es lo que vende.
Si aprendiéramos a ir de lo particular a lo general, y no al revés, otro gallo cantaría...

campanilla dijo...

La crisis la pagamos todos. Bueno, más bien unos más que otros.
El grande siempre se come al chico, ya me lo decía mi abuelo!
Gracias PeñaR.

cambio climático dijo...

Hasta hace nada no sabía el significado de ERE. Ahora es una palabra más popular que cualquier otra.
Pero lo que dices es bien cierto, nos quedamos con las macronoticias y nunca llegamos a bajar hasta el afectado, el individuo, la persona, el verdadero damnificado.
Así vivimos, Penya!

Anónimo dijo...

Hay quien dice que la crisis la pagamos todos. Creo que no es cierto. Siempre la pagamos los mismos!
Que horror!