sábado, 20 de diciembre de 2008

MADEREROS CHELVANOS

En recuerdo del tío Joaquín y de sus compañeros, esforzados y valientes madereros de Chelva, que durante siglos han conducido maderadas por los principales ríos ibéricos. Esta es la dedicatoria de MACLET, del Centro Excursionista de Chelva, que nos envía este fenomenal artículo:
REVISTA SEMANARIO PINTORESCO ESPAÑOL, nº 34, del 24 de agosto de 1845, páginas 269 y 270.


UNA MADERADA.
Como no es fácil que todos sepan el modo de conducir las maderas, voy a hacer una pequeña descripción de una de ellas, que me parece no disgustará a nuestros lectores. Son varios los ríos por donde se conducen, pero las más fuertes suelen embarcarlas en el Tajo y Guadiela. Los empresarios o comerciante de esta clase de industria, compran pinares, y durante el invierno dedican una porción de jornaleros a la corta de dichos árboles; después los labran, y para principios de abril la embarcan, conduciéndola en carros, cuya operación es costosísima por la composición de caminos, porque la corta suele verificarse en un terreno escabroso, abriendo carriles a fuerza de peones. Luego que la madera está en el río, se retiran los jornaleros, y los dueños de ella se la entregan a los madereros. La conducción sale muy cara por la mucha gente que emplea, y el tiempo que tarda en llegar al desembarcadero, pero esto consiste en la mucha o poco agua que lleva el río, en sus pasos malos o en los contratiempos que suele acontecer en el viaje; pero desde los pinares de Cuenca hasta Aranjuez que la sacan, tardan de cuatro a cinco meses.
El tío Joaquín, hombre de edad de setenta y cuatro años, natural de Chelva, se presenta con su tropa de gancheros, que asciende algunas veces a trescientos hombres, al amo de la madera, y recibiendo de él sus órdenes, se pone en marcha aquel general en gefe (en el original) de las aguas del Tajo y del Guadiela, cuyos gancheros le prestan tanta obediencia y subordinación, como nuestros valientes soldados.
El uniforme que viste esta tropa es a la usanza del país en que nacieron, zaragüelles, faja encarnada, polainas blancas, pañuelo a la cabeza también encarnado, y no usan más armas que una vara larga con un gancho a la punta, que es más terrible en caso de acometer que nuestras lanzas.
Aquellos chelvanos con su uniforme blanco, su rostro tostado por los ardientes rayos del sol, su figura colosal los más, su pañuelo calado en forma de chacó y su lanza, parecen una tropa de beduinos que marchan a conquistar alguna plaza. Este ejército se divide en vanguardia, centro y retaguardia, cuyas divisiones forman cuadrillas de ocho hombres, con su gefe (en el original), que es un cuadrillero, su ranchero y una acémila, marchando a la cabeza de cada división un mayoral, bajo el inmediato mando del gran ganchero. La tienda, que es el cuartel general, va a retaguardia; en ella se hallan las oficinas de administración militar, para procurar las raciones de los gancheros, las cuales toman y pagan en los pueblos del tránsito.
También conduce el estado mayor, con el gran ganchero, que es el que dirije (en el original) las operaciones de la navegación. La viga mayor, que llaman la capitana, va la última, adornada con ramas, que parecen las velas de un navío, como presidiendo aquella espedición (en el original), haciendo alarde con esto de su grandeza, y para que admiren los mortales lo que el Ser supremo cría en las entrañas de la tierra. En este estado marcha el ejército por el río, dominado por veinte o cincuenta mil palos, que van empujando los gancheros, y caminan según lo permite la corriente y los escollos del camino. El pré (en el original) de estos hombres es el de tres reales; el de los mayorales diez, los cuadrilleros cuatro, rancheros uno y medio, y el sueldo del gran maderero, es a proporción de sus méritos y servicios, disfrutando todos ración de pan, vino, y aceite. Es digno de notarse el espectáculo magnífico que por algunas partes forma esta espedición (en el original); el sitio más a propósito para verla, es el de los Chorros, media legua del molino de Buendía, por cuyo punto tarda en pasar la madera, en una distancia de media legua, seis días, a causa de los muchos peñascos que hay en el río, pareciendo imposible pasen por allí tantas vigas, y algunas de extraordinaria magnitud. Allí trabaja el estado mayor; allí trabajan los mayorales, y allí, en fin, el tío Joaquín deja conocer su talento, con las acertadas disposiciones y los planes que concibe y pone en práctica con el mejor cálculo. Ni el mejor ingeniero, ni el hidráulico, ni el arquitecto, forman con la brevedad que el tío Joaquín unas entabladas, unos puentes, unas encrucijadas, tan firmes, y tan bien concluidas, haciendo del río lo que quiere, ya encogiéndole y formando callejones de agua para dar paso a los palos detenidos por los formidables peñascos, y ya ensanchándolo para que corran aquellos en más número y con más velocidad.
En aquel paraje se reune su división, y allí es donde se ve trabajar a estos toscos ingenieros; mas donde despliega su saber e inteligencia el tío Joaquín, es cuando sucede una avenida y coje (en el original) la madera en este sitio: ésta entonces se agolpa a manera de castillos, formando un laberinto que parece imposible deshacer; pero impávido nuestro hombre, puesto a la cabeza de sus masas, dicta sus disposiciones, sin que le arredre el mujido (en el original) de las olas, ni el relámpago que se desprende de la encendida atmósfera, haciendo más horroroso el estampido del trueno en las concavidades de aquel sitio agreste y solitario. Arenga con fervor a los suyos, los cuales, con un entusiasmo difícil de esplicar (en el original), deshacen en un instante la gran mole, que el furor de los elementos había agrupado tan formidablemente. Si la academia de San Fernando viese trabajar al tío Joaquín en estas circunstancias, no hay duda que le condecoraría con la cruz laureada de aquel Santo Rey, en premio de haber deshecho aquel nudo gordiano, que para el mejor matemático hubiese sido un problema difícil de resolver.
El cuartel general descansa todo este tiempo en el incomparable y pintoresco sitio de la virgen de los Desamparados, del que me ocuparé en otro artículo, juntamente que de unos restos de murallas que hay que dicen fueron de la ciudad de Recópolis.
Cuando pasa la maderada por este delicioso sitio, forman una agradable vista las cuadrillas de gancheros, que reunidos en tan pequeño recinto, construyen aquí y allí sus ranchos, siendo otras tantas luminarias sus mal apagados fuegos, los cuales se miran arder, ya en las concabidades (en el original) de las peñas, ya en las márgenes del río, reflejando sus pintoresca luz en las copas de los pinos y en los chorros que saltan de las entabladas. Luego que cenan, el gran ganchero manda tocar la campana del santuario, cuyo eco se prolonga por aquellas montañas, y todos acuden a doblar su rodilla ante el altar de la Virgen de los Desamparados, a quien veneran los valencianos, dirigiendo a aquella divina Señora cánticos de alabanza, por haberles librado de todos los peligros del río. Desde este santuario marcha la expedición sin cuidado, salvando el paso de la Oya (en el original) de Bolargue, término de Almonacid de Zurita; tardando aun 40 días para llegar a Aranjuez. Los madereros son muy buenos cristianos, y a pesar de que no pasan por ningún pueblo, los días de fiesta no pierden la misa, buscándola a cuatro leguas si es menester, que es por lo único que paran el trabajo, y es seguro que se pronunciarían si les faltase. No llevan más equipage (en el original) que la ropa puesta, y cada quince días llega de Chelva el ropero con la muda de cada uno, que se la remiten en un taleguito, con su señal o rótulo, acompañado de un presente, el cual consiste en nueces, castañas o manzanas, que siempre es el recuerdo de una madre, una esposa, o una hermana, o el amor de una prometida. El día que llega, lo comunica por estraordinario (en el original) a su ejército el general en gefe (en el original), y se oyen en todas las márgenes del río mil gritos de contento. Tienen sus toscos telégrafos; se entienden por señales, y así, cuando acontece que un maderero cae al río, los demás suben los ganchos en alto, hacen cruces, y acuden todos en su socorro.
Son muy diestros, voltean las vigas en el agua, sosteniéndose en las esquinas, guardando un equilibrio admirable; corren por el río encima de una viga, pareciendo al Dios Neptuno con el gancho, que desde lejos parece el tridente (1).
Por los meses de Agosto y Septiembre, suelen llegar las maderas a Aranjuez, y ofrece una linda vista su desembarque.
Así como el pintor, el escultor, el actor de mérito, son artistas que aprecia el público, el tío Joaquín de Chelva, es una notabilidad en su profesión, tiene talento, estudio, y mucha práctica, que sin estos dotes no puede dirijirse (en el original) tales navegaciones, donde es necesario hacer puentes, entabladas, y otra porción de cosas, todo sobre la marcha, sin más cimiento que las aguas, y sin más material de yeso y clabos (en el original), que la broza del río, y el talento del tío Joaquín, por lo que creo que su nombre debe aparecer en las columnas del Semanario, pues si sus lectores le viesen dirijir (en el original) los trabajos en un día de avenida, en el sitio de los Chorros, o en la Oya (en el original) de Bolargue, les admirarían sus disposiciones, y le harían la justicia que se merece este Chelvano.
Buendía 19 de Junio de 1845. – Pedro Pérez Juana.

(1) Pero algunas veces suceden desgracias de consideración, como la que ha ocurrido días pasados con la madera que hoy mismo está pasando por el término de esta villa.
Hallándose deshaciendo una tablada más arriba del lugar de Priego, y el cuadrillero parece que no dirijió (en el original) bien la operación, y el resultado fue que la corriente del agua se llevó toda la tablada, cayendo envueltos entre las vigas diez y nueve madereros, habiendo perecido uno, y los diez y ocho restantes heridos de consideración.
Muchísimas gracias, MACLET.

3 comentarios:

cambio climático dijo...

Me lo he pasado genial leyendo las aventuras del tío Joaquín. A su edad y por el mundo...
Me ha dado cierto paralelismo (salvando las distancias) con Zalacaín el Aventurero, del insigne Pío Baroja. Creo que con el tío Joaquín y sus numerosas aventuras, podría haberse redactado una excelente novela.
Gracias Penya por artículos como éste.

un chelvano dijo...

Los madereros o gancherosson historia viva de la Serranía. Lástima que sea un tema de total desconocimiento.
Desde este Blog lanzo la idea de recuperar la documentación y recuerdos de estos esforzados hombres y esta bellísima profesión.
Gracias a los responsables de este magnífico Blog.

Amparo dijo...

En Calles no hace nucho tiempo, se hizo una representación de lo que fue el trabajo de los gancheros, el padre de una amiga mia de Calles, participo en ello. Las fotos me gustaron mucho.