sábado, 27 de diciembre de 2008

OFICIOS DE AYER

Absorbidos por la imparable modernidad, muchos de los oficios y actividades artesanales de antaño han desaparecido o están en vías de extinción, como herrero, guarnicionero, alpargatero, carbonero, picapedrero... En su catálogo de actividades locales hace años olvidadas, Alfredo Hueso, cronista oficial de Turís, cita algunas tan curiosas como aiguador, algepser, calciner, herbasser, llanterner o pregoner.Entre aquellos oficios, dos de los más tradicionales en el medio rural, "ferrer" y "correger", han sucumbido como consecuencia de la mecanización del campo y la consiguiente reducción drástica de équidos. Aquel taller de herrería que funcionaba en casi todos los pueblos venía a ser (como las barberías) el mentidero local, donde al alba o al anochecer se daban cita los labradores junto a la fragua para templar la reja, dentar la hoz o herrar el caballo. En contados municipios aún sobrevive alguno de estos magos del yunque. Lo mismo podemos decir respecto a los talabarteros, porque hace tiempo menguó la demanda de arreos: barriguera, "correjot", "silló", "arretanques", "cabestre", collera… Otro de los oficios prácticamente inexistentes es el de alpargatero, propio de las zonas de montaña, y en especial de Millares y Dos Aguas. La abundante producción espontánea de esparto era aprovechada al máximo por los artesanos de "l'espardenya", que confeccionaban este rústico tipo de calzado que ellos se encargaban de vender por villas y aldeas.Una de las ocupaciones artesanales más remotas y de mayor prestigio e importancia socioeconómica es la cerámica, que en tantas ocasiones viene a ser el único testimonio que perdura de las más antiguas civilizaciones. Los "magistri operis terre" (maestros de obras de tierra) son conocidos incluso allende nuestras fronteras. De quienes nadie se acuerda es de los anónimos "fornillers", aquellos singulares trabajadores (de Montserrat y el Marquesat, principalmente) que se "jubilaron" a la fuerza en los 50, y que cumplían con la esencial tarea de proveer de combustible a los hornos de cerámica. La "fornilla", leña matorral que se encargaban de obtener los "llenyaters" (otros obreros que han pasado a la historia), era trasladada hasta Manises o Paterna en carros inverosímilmente cargados con verdaderas "montañas" de garbones de coscoja, romero, tomillo, aliaga…, invadiendo a su paso casi todo el ancho de las carreteras por las que de tarde en tarde solía circular algún desvencijado camión o autobús.Al término de su jornada de trabajo, los cortadores de leña invertían la larga caminata de vuelta invertían confeccionando la "cordeta d'espart" con la que al día siguiente atarían los haces de matorral, tarea que muchas veces continuaban de noche, hurtando horas al descanso, hasta conseguir la cantidad de "madeixes" necesarias. Como narra Rafael Durá en sus Estampas inéditas llombaínas (1960), este oficio se remontaba desde generaciones pretéritas. "Abuelos, padres e hijos, todos de cara enjuta, con las manos resecas e inmunes a los pinchazos, siempre haciendo "feixcar", con un manojo de esparto verde bajo el sobaco, unas briznas sujetas a la boca, y las dos manos en perenne agitación. ¡Aún parécenos percibir en la actualidad el oloroso fluido montañoso que emanaba de sus cuerpos!…"
Las Provincias,
06.03.08 -
JOSÉ FORÉS LA HOZ

1 comentario:

Anónimo dijo...

Precisamente hablando de stos temas, me comentó una amiga que su abuelo iba con 8 años al monte para hacer leña para Manises. Iba sólo y hacía noche en el monte.
Igualico, igualico que ahora!