miércoles, 17 de diciembre de 2008

...PERO NO REVUELTOS

Llevo varias semanas rodeado de veterinarios (por temas de trabajo) y, claro, de qué vamos a hablar...

Me cuentan que entre la condición animal, hay especies que se apiñan por placer y permanecen piel con piel durante horas, como el hipopótamo, el cerdo o el erizo. Son las llamadas especies de contacto.

Pero hay especies de "no contacto", entre las que se encuentra el caballo, el perro, el gato, la rata, y también los seres humanos. Puede ser que este rechazo no predomine siendo cachorros o siendo bebés, pero en cuanto se alcanza el estado adulto, toda confortabilidad requiere holgura.

El hacinamiento nos mata, y bastaría la excesiva proximidad para enfermarnos. El individuo (indivisible) requiere para su definición una esfera en la que reine el olor y el amor propio. El abrazo amistoso, la asociación religiosa, el equipo, el vecindario, son elecciones primarias en que nos fundamos y nos reconocemos. Nada que ver con el pantanoso cosmos del cerdo, la aglomeración de erizos o el apegamiento de los hipopótamos.

En el fondo, además, siempre estamos solos. Más solos que la una y a casi cualquier hora, pobres o ricos, sanos o con hernias. Proust escribía: "Nos comunica alguien su enfermedad o su revés económico, lo escuchamos, lo compadecemos, tratamos de reconfortarle y volvemos a nuestros asuntos. ¡Qué solas estamos las personas!".

Deberíamos aprender un poquito de eso que me cuentan todos esos veterinarios e intentar que lo específico nuestro sea el contacto con los demás, y no la distancia.


4 comentarios:

cambio climático dijo...

Me tienes desconcertado, Penya. Igual nos hablas de bebidas navideñas, que nos sueltas un rollito profundo.
Pero ambas cosas están muy bien, no te vayas a creer.
Razón tienes con lo de juntos pero no revueltos. Hace años, los de pueblo teníamos a bien el decir que la diferencia con los de la ciudad es que aquellos ni se saludan. Mucha gente pero muy sola. Pero, convendrás conmigo, que poco a poco, se nos pegan esos vicios: ya ni en el pueblo se saluda, ni se convive de la manera afable de antaño.
¿Por qué tendremos que quedarnos siempre con lo malo de los demás?
Y que conste que no hablo de Alcublas, es una reflexión general.
Gracias Penya, y sigue así.

rafa dijo...

He observado atentamente el evolucionar de tribus; hormigas, abejas, ovejas, vacas y también por que no, seres humanos.
Me crié en un barrio muy poblado, entonces, de la ciudad. Aprendí, deprisa, como funcionaba aquello, si no te los comías, te comían, no era fácil, pero siempre dentro de ese revoltijo de personas, hallabas alguien con el que perder unos minutos y siempre te era grato su encuentro. Paradójicamente en ese entorno también las personas se saludaban.
Mas tarde fui a un barrio radial de la ciudad, en el que imperaba el medio agrícola, nada que ver con los tumultos del centro de la ciudad. Bueno también tuve que comer para que no se me comiesen. Pero encontré gente que siempre tenía un tiempo para dedicarme.También se saludaban.
Coincido con Cambio Climático, en el pueblo se va perdiendo la buena costumbre del saludo. Las causas son múltiples y también tendremos nosotros algo que ver, pues somos parte integrante de esa sociedad. No creo que sean las prisas, ni las diferencias, ni tan siquiera, despistes. No se cuales son, pero si que las siento, no se diagnosticar, no soy médico. Tan solo soy un ciudadano que le gusta sumar en vez de restar.

toni dijo...

cambio:
En Alcublas nos saludamos todos, a pesar de las diferencias. Eso es muy bueno.
Siempre hay alguno o alguna que no saluda o ha dejado de hacerlo, pero afortunadamente es una pequeña minoria.
A veces me toca el claxon algún coche y no se quien es, pero él si sabe quien soy.
Tienes mucha razón en la diferencia de vivir en el pueblo o en la ciudad, si pudiera viviría en Alcublas, no se que tiene pero engancha.
Saludos

Anónimo dijo...

Tenemos mucho que aprender de los animales...