viernes, 19 de diciembre de 2008

SERRANIA Y ADEMUZ: LAS TIERRAS ALTAS DEL TURIA

Las tierras altas del Turia están comprendidas por el Rincón de Ademuz y la Comarca dels Serrans.
Se trata
de dos comarcas que pese a su
carácter diferenciado presentan
entre sí algunos vínculos, socioeconómicos,
históricos o geográficos,
reforzados por el hecho de
integrarse en la cuenca media del
Turia. Es precisamente este río el
que otorga una personalidad común
y sirve de nexo entre los
municipios del área.
Ambas comarcas se caracterizan
por su relieve montañoso, la escasa
población, azotada por el despoblamiento,
el carácter periférico
respecto al área litoral, etc. Pese
a ello, son notorias las diferencias
geográficas, lo que permite
distinguir dos comarcas distintas,
una situación que además en el
caso de La Serranía se acentúa
hasta el extremo de poder reconocer
varias subcomarcas con entidad
propia.

EL RINCÓN
DE ADEMUZ:
TERRITORIO.

El Rincón de Ademuz constituye
uno de los veintiséis enclaves territoriales
extraprovinciales existentes
en España y uno de los escasos
situados fuera de su comunidad
autónoma, siendo con sus
370 km2 el más extenso. Esta particularidad
geográfica, decisiva para
su carácter comarcal, remonta
su origen histórico al siglo XIII.
Desde aquella época y hasta el
presente, el Rincón ha formado
parte del territorio valenciano,
con la salvedad de dos breves paréntesis
temporales inferior a un
quinquenio. Pero esta adscripción
valenciana no diluye su carácter
de isla entre territorios de Aragón
y Castilla así como la estrecha
vinculación socioeconómica y cultural
existente principalmente con
la primera de estas comunidades.
Destaca, asimismo, su lejanía del
litoral y de las áreas urbanas valencianas,
más de 130 kilómetros
–incrementada por la inaccesibilidad–
frente a la proximidad a la
ciudad de Teruel, que se sitúa, por
el contrario, a menos de 40 km de
distancia por carretera.
La comarca presenta una forma ligeramente
ovalada, dispuesta en
torno a un área donde el valle del
Turia se ensancha notablemente y
en él confluyen otros valles secundarios.
En el centro se sitúa la fosa
de Teruel, brecha tectónica
aprovechada por el Turia para
abrirse paso y originar un valle recubierto
por fértiles riberas. Desde
el valle, el relieve es ascendente
hacia el poniente comarcal, la
Sierra del Santerón-Muela del Royo,
con 1.560 metros de altitud
máxima en la Cruz de los Tres
Reinos, y hacia levante, Sierra de
Javalambre, lo que da lugar a un
territorio abrupto y con pendientes
acentuadas, en un desnivel entre
valle y montaña de hasta 1.000
metros. En los confines de Aragón
se encuentra el Alto de las Barracas,
denominado incorrectamente
Calderón, que con 1.839 metros
es el punto de mayor altitud del
territorio valenciano, escasamente
superior al Penyagolosa. Únicamente
los valles secundarios surcados
por los ríos afluentes del
Turia, como el Ebrón, el Boilgues
y el Riodeva o por diversos barrancos
entre los que destacan la
Rambla de Val del Agua, la Rambla
de la Virgen, el Barranco Seco, la
Rambla de Negrón o la Rambla
del Val, alteran este esquema pero
contribuyen a accidentarlo con
sus profundos cauces y dan lugar
a innumerables parajes de gran
belleza.
El clima es mediterráneo pero
presenta rasgos continentalizantes,
con veranos cortos y cálidos
e inviernos largos y fríos, lo que
ha condicionado el desarrollo de
las actividades agrarias. Debido a
lo variado del relieve es notable
la diversidad climática, muy acentuada
para un territorio de escasa
extensión como éste. Las
temperaturas alcanzan medias
anuales inferiores a 10º en zonas
de montaña frente a los 15º del
valle, mientras la abundante pluviosidad
registrada en las zonas
elevadas llega a triplicar al árido
espacio central. Un relieve tan
accidentado y un clima tan diverso,
junto con la acción humana,
justifican una variada vegetación
que comprende desde los bosques
de ribera de los valles hasta
las parameras de las zonas altas,
dominio de la sabina rastrera.
Entre ambos, se disponen extensos
bosques, sabinares, carrascales,
grandes repoblaciones de pino
y áreas desforestadas o cubiertas
de monte bajo resultantes
del abandono agrícola o del
pastoreo.

En la actualidad, las dos actividades
económicas principales son la
construcción y el sector servicios.
La primera se ha expandido
hasta emplear actualmente más
de un 20% de los ocupados, desarrollo
parejo al auge de las segundas
residencias, éstas en su mayoría
viviendas rurales ya existentes,
y a la mejora de infraestructuras
de todo tipo. El sector servicios
cuenta con una abundante representación
del comercio de productos
de primera necesidad, de
la hostelería y de la administración
pública, de las que las dos
primeras dependen notablemente
de la elevada población flotante
de los periodos vacacionales.
Existen dos hostales restaurantes
a los que suma algún otro restaurante
y numerosos bares. El comercio
se ve favorecido por la estructura
dispersa de los asentamientos.
Por lo que respecta a la
ocupación en la administración,
presenta un notable papel en relación
a la escasa población residente
pero está favorecida por la
dispersión de ésta y por la extensión
de la comarca.
Por su parte, la industria es muy
escasa, limitada básicamente a la
elaboración de productos agroalimentarios
como los cárnicos o el
turrón, la carpintería o el minoritario
trabajo a domicilio en el
montaje de componentes y tratamiento
de frutos secos. En conjunto,
la elevada pluriactividad
existente dificulta un análisis por
sectores pero garantiza mayoritariamente
la ocupación como demuestra
el hecho de que el paro
es prácticamente inexistente. Finalmente,
debe destacarse cómo
el Rincón, al igual que otras muchas
comarcas rurales, depende
decisivamente de las inversiones
realizadas por la administración,
de subvenciones o de las pensiones
que percibe buena parte de
los residentes.


A mediados del siglo XIX La Serranía
contaba con unos 30.000
habitantes, que se incrementaron
a 35.000 hacia 1900, para posteriormente
descender su número a
28.600 en el año 1960. En la actualidad
habitan en la comarca
unas 17.000 personas censadas,
de las que 3.500 residen en El Villar,
la mayor población comarcal,
2.000 en Chelva y otras 1.300 en
Tuéjar mientras que el siguiente
municipio, Alpuente, presenta sus
1.100 habitantes dispersos por
ocho núcleos. El resto de municipios
se sitúan en la franja de 150 a
1.000 habitantes censados. En el
pasado Chelva llegó a alcanzar los
5.000 habitantes en su casco urbano,
sin incluir las aldeas, en el último
cuarto del siglo XIX, mientras
el despoblamiento ha afectado especialmente
a Andilla, municipio
que tenía 1.400 habitantes en el
año 1910 y 183 en 1991, siendo
menos de medio centenar los
efectivamente residentes. El poblamiento
disperso era muy escaso
pero La Serranía llegó a contar
con medio centenar de asentamientos
mayores de 25 residentes
mientras en la actualidad los dieciocho
municipios de la comarca
mantienen 38 asentamientos habitados,
19 de ellos inferiores a 100
habitantes. Como consecuencia
de estos cambios la población sufre
un elevado nivel de envejecimiento,
más atenuado que en el
caso del Rincón de Ademuz, con
apreciables diferencias zonales entre
el área oriental y la occidental.
LA ECONOMÍA :
La economía comarcal descansa
básicamente sobre sectores como
el agrario y forestal, la minería, la
construcción y los servicios, estos
últimos impulsados por las numerosas
segundas residencias, mientras
que la industria presenta un
papel menor. La agricultura muestra
una notable diversificación, debido
a la propia variedad geográfica
y socioeconómica de la comarca.
Predominan los cultivos de secano,
con 22.000 hectáreas de superficie,
como la viña, el olivo, el
almendro, el algarrobo y el cereal,
mientras que las 3.000 hectáreas
de regadío se concentran principalmente
en enclaves tradicionales
como las vegas de los ríos y los
nuevos regadíos orientales desarrollados
a partir del Embalse de
Benagéber, con importancia del
autoconsumo o consumo local. La
ganadería ovina, tan importante
en el pasado, está bien representada,
con 25.000 cabezas, pero
destaca la porcina explotada en
régimen intensivo, con unas
62.000 cabezas y 243 granjas, o la
avicultura con más de 600.000
plazas y una treintena de explotaciones.
Finalmente, la explotación
forestal ha visto reducirse los
aprovechamientos madereros como
consecuencia de los incendios
pero la conservación y mantenimiento
del monte ocupa a numerosas
personas para 80.000 hectáreas
(más de 30.000 maderables).
Cabe destacar, asimismo, la existencia
de una veintena de cooperativas
agrícolas, aunque en parte
son de reducidas dimensiones. Al
igual que El Rincón, aunque más
atenuado, se observa un envejecimiento
de los ocupados en el sector,
así como el abandono de tierras,
un proceso únicamente alterado
por la creciente importancia
de la ganadería intensiva.


Tanto el Rincón de Ademuz como
La Serranía cuentan con un rico y
variado patrimonio natural y cultural.
El primero abarca interesantes
conjuntos geológicos y paisajes naturales,
elevadas montañas, ríos y
otros cursos de agua de gran expectacularidad.
El segundo comprende
bellos conjuntos urbanos
como Ademuz, Castielfabib, Puebla
de San Miguel, Alpuente, Chelva,
etc., paisajes antropizados, un rico
patrimonio arquitectónico, un variado
folklore, gastronomía y fiestas,
etc. Además dispone de espacio
para la agricultura de calidad o
para la ganadería extensiva, el área
dispone de atractivos para el turismo,
cabe incluir la demanda creciente
de ocupación que puede generar
un bosque en expansión, la
posibilidad de transformación local
de productos agrarios, etc. Pero
para alcanzar estos objetivos se
precisa mantener e incrementar las
dotaciones por parte de la administración,
aumentar las ayudas, la
cohesión de la gente de la comarca
y, sobre todo, impulsar la iniciativa
local.


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