jueves, 22 de enero de 2009

LA TRASHUMANCIA Y ALCUBLAS

Manuel Gargallo Zaera

Relato de la vereda realizada en primavera de 1986 por Manuel Gargallo Zaera
desde Betera a Fortanete
Estamos a 7 de mayo, comienza el día, con las primeras luces se reúnen los atajos en un solo
rebaño. Las ovejas comienzan a arremolinarse y a balar, intuyen el traslado a los pastos de
verano. A media mañana iniciamos la vereda desde los llanos de Bétera siguiendo los
azagadores. Las primeras horas son de euforia, las ovejas te quitan las alpargatas, hasta que el
cansancio va haciendo mella.

El primer día transcurre por el camino de Lliria. Desde Bétera nos dirigimos, por un aljibe que
se llama Chup de Pestaña, al término de La Puebla de Valbona. Atravesamos el llano de la
Matigua por la Masía de Peris, su primera riqueza son los naranjos. Luego por la Llometa del
Plantat nos adentramos en el término de Benasans; cruzamos la carretera de Lliria en busca del
Monte Caramelo y luego, entrando en el enorme llano de Lliria, regado por el Canal del
Generalísimo, con grandes cosechas de cebollas, alcachofas y naranjas. Aquí, cumplida la
primera jornada, dormimos bajo las estrellas.

El segundo día lo comenzamos con la ilusión de cubrir las jornadas cuanto antes. Internándonos
hacia las primeras montañas dejamos atrás el enorme llano de Lliria, hoy totalmente
transformado en tierras de regadío. El tránsito por estas primeras montañas es difícil y penoso,
ya que los animales deben pasar un día entero sin descanso y, lo más grave, sin comer. Las
veredas han sido comidas por otros ganados y en muchos tramos sólo queda camino rural sin
pasto. La vereda va por la Masía de La Fardeta. con vides y algarrobos nos adentramos por las
primeras estribaciones de las Creutes. Tras beber en el aljibe de Los Pinos pasamos por la
carretera vieja de Alcublas, hasta llegar al corral derruido de Los Arcos. Pasamos por la falda
Este del monte Los Molinos (converge aquí con la vereda de Cucalón). Poco después matan la
sed los animales en La Balsilla. Desde allí seguimos hasta la balsa de Silvestre, y por el corral de
La Solana llegamos a la Masía de Dueñas. Aquí pasamos la segunda noche, ésta bajo techo.
Al iniciarse la tercera jornada nos encaminamos hacia Sacañet (primer pueblo de la provincia de
Castellón). Pasamos por la balsa de Navajo Royo, ladeamos los corrales de Urango, seguimos
por una carretera estrecha y larga hasta las casicas del Collao, el río Palancia y las Ventas de
Bejís (allí llega la vereda de Altura). Entre Bejís y Torás nos encaminamos hacia el pantano de
Torás y la fuente Camarillas;. De allí pasamos al llano de Barracas que tiene varios corrales de
gran capacidad; en uno de ellos, el corral de Blasco se introducen más de mil cabezas. Allí se
pasa la noche como se puede...

Con las primeras luces seguimos camino el cuarto día. Pronto encontramos la Masía La Cerrada
(año 1724). Tras dar agua a los animales en el abrevadero nuevo, frente al restaurante El
Rancho, nos encaminamos hacia Barracas (último pueblo de la provincia de Castellón). Pasamos
por la parte alta de una carretera, de aquí a cruzar por la nacional de Zaragoza a Valencia, la
Venta de la Cruz y, más adelante, el río Maimona. Bordeando una explotación forestal y
dejando a la derecha Olba y San Agustín llegamos a la Masía Coscoja (por un coscojo que ni se
sabe los años que tiene). De aquí seguimos por las masías La Fuenseca, La Gual, etc. Junto al
río Mijares y la carretera de Rubielos, hasta llegar a la Masía Fuente Ángel, donde hacemos
noche otra vez en la “posada la estrella” con una fogata para aguantar la serena. Cerca de la
Fuenseca hay un puente con una inscripción que dice: “Hicieron este puente la Comunidad de
Teruel y el lugar de Rubielos 1676”.
El quinto día, bordeando los cerros de San Vicente Ferrer hacia Rubielos de Mora, cruzamos el
pueblo por la calle La Rasa, y por los huertos nos dirigimos hacia las masías La Dehesa y El
Pilar. Luego, tras pasar el río Pascueta y una fábrica de tiempos remotos llamada El Batán,
ascendemos unas largas pendientes hasta llegar al pino Las Torres. Aquí pasamos la noche.

Ya en el sexto día, buscamos Linares de Mora, pasando por el río Paulejas, el Loreto y un
puente de los que quedan pocos y un molino de agua que está en desuso. Tras atravesar el
puente por el lado del Castillo, pasamos por el Cementerio y comenzamos a escalar el puerto
de Linares por el único acceso natural que tiene. Hay tramos en los que las ovejas pasan de
una en una. Este trayecto es durísimo, el sexto día de camino, y las ovejas empiezan a
quejarse. Ya en la cumbre encontramos La Torreta y más adelante Las Cespedosas. Aquí
aparece un valle que atravesamos por el centro, por la pista forestal de Mosqueruela a
Valdelinares. Luego seguimos por el Más de Pérez hacia las porteras del Escolano, Más del
Rincón, Fuente de San José (vereda de Peñagolosa y de la Sierra Espadán), Masía de Motorrillo,
para entrar en Jujarra, en un inmenso pinar en busca del Masico Clemente y, al final, el Masico
La Pez. Iniciado el vago de Las Dehesas encontramos la Cruz Gorda, punto en que converge
nuestra vereda con otra procedente del sur de Cataluña y norte de la región valenciana.

Hemos llegado al término de Fortanete. Ha acabado la vereda, pero nosotros seguimos camino
hasta llegar a los pastos de verano. Será la última parada, nuestro destino.

Nota final.

El peor enemigo de la trashumancia es el tiempo, la climatología. La lluvia hace que los
animales se empapen de agua con lo que se cansan mucho antes; lo mejor es el tiempo seco y
soleado.

Hasta hace poco los pastores llevaban caballerías que les transportaban la comida, “el hato” y
también algún cordero que les nacía por el camino. Los animales que enfermaban o se
retrasaban demasiado se tenían que abandonar. Ahora, gracias a los coches, esto no sucede, se
va con mayor comodidad, casi llevas la casa a cuestas. No se puede olvidar la labor de los
perros, nuestros más fieles ayudantes.
Hace unos años, todos los pastores hacían la vereda andando; hoy día muchos hatajos
pequeños van en camiones, con lo que se trasladan en un día. La ganadería era más pujante,
había más pastoreo, hoy este oficio está algo tirado, el personal es más señorito.

Refranes y coplas de trashumancia.

“Las Cabrillas a la mar, los pastores a extremar.
Las Cabrillas a la sierra, los pastores a su tierra”.

“Madre mía cásame
que yo ya conozco el Carro,
las Cabrillas, el Lucero
y el Camino de Santiago.”

2 comentarios:

cambio climático dijo...

Esto es otra de las cosas que tiene los días contados, como muchas otras que tan de cerca nos atañen.

Ferran Bosch dijo...

Los refranes son sin duda astronómicos, que duda cabe que los pastores trashumantes conocían muy bien el cielo, por la cuenta que les tenia, les servia para orientarse, las Cabrillas son las Pleyades, un cúmulo abierto en la constelación de Tauro que nos indica el Noreste si estamos a primera hora de la noche o el Oeste si es al final de la misma, lo mismo ocurre con el Carro, se refiere a la cola de la Osa Mayor, nos indica el Norte en cualquier época del año, el Camino de Santiago, la Via Lactea, nuestra propia galaxia, la cual vemos de canto y desde el extrarradio, nos indica un arco Norte Sur, que pena que todo eso se vaya perdiendo.