martes, 27 de enero de 2009

A VUELTAS CON LOS GANCHEROS

«Maderadas y Gancheros», un relato sobre la historia de la maderada .
POR JOSÉ MARTÍ CORONADO
Actualizado Martes, 20-01-09 a las 12:17 ABC.es


José Luís Lindo Martínez, Cronista oficial del Real Sitio y Villa de Aranjuez (Madrid) presentó su último libro “Maderadas y gancheros”, acto que tuvo lugar el pasado domingo día 21 de diciembre en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Chelva (Valencia). En este libro, editado por la Consejería de Turismo de Castilla la Mancha, el autor nos relata la historia de una actividad ya desaparecida, la maderada, y el oficio de los que la llevaban a cabo, el de ganchero. Realiza, además, un acercamiento a las duras formas de vida de aquellos navegantes del río o pastores de palos; así como de la infraestructura que organizaban para sobrevivir durante cuatro o cinco meses fuera de sus hogares, sorteando toda clase de adversidades y privaciones.
Estas actividades son poco conocidas en la Comunidad Valenciana a pesar de que nuestras tierras son un referente importante en la historia de la maderada española. De entre otros lugares valencianos debemos destacar la Villa de Chelva como cuna del ganchero, pues los chelvanos eran verdaderos expertos en el arte de hacer navegar los troncos de madera por el río y que exportó mano de obra especializada más allá de sus fronteras.
Ganadero a tiempo parcialEn Chelva el oficio de ganchero podemos considerarlo como una actividad a tiempo parcial. Con el comienzo del año, los chelvanos abandonaban su pueblo y partían hasta la alta Sierra de Molina en Cuenca. Una vez allí, en los meses de febrero o marzo, con el deshielo y la crecida de los ríos, comandados por el Maestro de río y provistos de su herramienta de trabajo, el varagancho o bichero, ponían en marcha la maderada rumbo hasta su destino final, Aranjuez.
Es importante resaltar que en este trascendental libro perfectamente documentado en el que el autor aporta un exhaustivo material fotográfico, José Luís Lindo incluye también otros muchos lugares de la geografía española.

Los gancheros de Chelva eran más valorados que los de otras poblaciones, pues las conducciones de “palos” (troncos) por ríos como el Júcar, era bastante más arriesgada que conducir la maderada por el río Tajo. Esta valoración se fundamenta en la dura orografía fluvial del Júcar y así queda constatado en el libro del Cronista de Aranjuez quien nos informa que “en las páginas de la historia, ya sea de la Corona o de las fuentes bibliográficas, la ingente legión de gancheros de Chelva que año a año se trasladaban a la Sierra conquense para conducir maderadas que a veces podían ir desde 600 a 10.000 palos. Como ejemplo de la magnitud de las vigas que tenían que conducir, tenemos el dato de que a comienzos del siglo XVIII, para las caballerizas y cocheras de la Corona, el Maestro Mayor de Obras de la Corona en Aranjuez había empleado piezas muy hermosas de madera, que tenían una longitud superior a 350 pies de largo. Más de doce metros”.
La maderada que también era conocida como pinada y flotación, embarque y conducción, y contó con diversos oficios subsidiarios, entre otros: hacheros, porteadores o carreteros, hateros, guisanderos, industriales madereros, etc. José Luís Lindo, resalta “la maderada es una designación que queda como testimonio en Cédulas Reales de la Corona, pero también está presente en otros documentos y artículos, así como en la memoria de los ancianos”.
La importancia de la maderaEfectivamente, en tiempos pasados la madera fue la materia prima fundamental para la economía de muchas poblaciones españolas, este aspecto está perfectamente documentado por José Luís Lindo quien apunta que “así lo demuestra las leyes proteccionistas de la monarquía reinante a los pinares desde hace siglos, Felipe II comienza a fijar su posición en los bosques de Cuenca para que la rica madera de los pinares sean la base fundamental de sus Reales Casas, como por ejemplo, su Real Casa en Aranjuez y establece, mediante Cédula Real, una ley proteccionista para evitar que se lleve a efecto la deforestación de los pinares conquenses”.


A la hora de emprender este trabajo de investigación, José Luís Lindo, contó con “una persona que ha sido clave para entender algunos aspectos sobre la industria maderera, Consuelo Martínez-Correcher y Gil, descendiente de tres sagas de madereros: los Pardo, Correcher, y los Martínez, que son de Chelva. Su bisabuelo también maderero fue Joaquín Martínez Roger, natural de Chelva”.
A pesar de la satisfacción que supone para todos nosotros la realización de una obra literaria e independientemente de su género literario, continúa vigente en esta España nuestra, aquella frase atribuida a Larra: «escribir en España es llorar»
También fueron trascendentales para el autor, la visión del industrial Echevarrieta, la vecina de Chelva María Antonia Chapa Martínez y su hermano José Vicente, quienes fueron nietos de Vicente Martínez Solaz, un chelvano que estuvo al servicio de este industrial maderero durante muchos años, teniendo a su cargo la importante misión de ser el encargado de La Tienda. Ésta era el centro de la intendencia de la ganchería, donde día a día, de madrugada, cuando los gancheros dormitaban, los guisanderos acudían a la Tienda con las boletas de las compañas a retirar tantas raciones de comida como eran necesarias. Mediante la documentación escrita y fotográfica que cedió generosamente para este estudio María Antonia, permite al autor acercarnos a tiempos y episodios pasados para comprender lo que fue el duro oficio de la maderada.
Efectiva memoria.Además, la memoria de Pedro Mantilla sobre la maderada del año 1926 al 27, sirvió al José Luís Lindo para conocer a aquellos vecinos de Chelva dedicados a la ganchería, sus formas de vestir con sus amplias camisas o blusas, zaragüelles y esparteñas; durmiendo en el suelo al calor de las hogueras, en la ribera del río para secar sus empapadas ropas, o en covachas y casuchas alquiladas al amo de la madera para el invierno. Comiendo en sartenes comunes lo que era un plato rutinario, judías, patatas o arroz y en algunas ocasiones las típicas gachas. Sufriendo enfermedades comunes y penalidades. Teniendo como única fiesta, el Día del Señor. Y todo, por un jornal diario de dos a dos cincuenta pesetas ante una durísima jornada laboral de sol a sol.
Según relata en su libro el Cronista de Aranjuez, respecto a la religiosidad o creencias de los gancheros valencianos, especialmente de Chelva, en su conducción de la maderada desde Cuenca por el río Turia, paraban en una vieja Ermita llamada de San José. Allí suplicaban que no hubiera ningún incidente, dada la peligrosidad que suponía encarar el desfiladero o cañón llamado del Turia de un kilómetro de longitud, muy peligroso y en el que podían perder la vida. Y hasta allí llegaba el cura y confesaba a los madereros antes de emprender su viaje por el cañón, pues más allá solamente les esperaba el agua y unas paredes verticales hasta llegar a Chulilla.
Es importante resaltar que en este trascendental libro perfectamente documentado en el que el autor aporta un exhaustivo material fotográfico, José Luís Lindo incluye también otros muchos lugares de la geografía española. Desde aquí la más cordial enhorabuena al cronista y al amigo, por esta contribución trascendental a los estudios históricos y etnográficos, sobre una temática ciertamente desconocida y escasamente tratada en la bibliografía de todo el territorio español.
Tan sólo resta aducir que a pesar de la satisfacción que supone para todos nosotros la realización de una obra literaria e independientemente de su género literario, continúa vigente en esta España nuestra, aquella frase atribuida a Larra: “escribir en España es llorar”. De esto mucho podríamos contar numerosos colegas y en el caso que nos ocupa el Cronista de Aranjuez, pues sólo él sabe las vicisitudes pasadas hasta ver editada esta obra totalmente recomendable. Enhorabuena José Luís por tan estupendo trabajo.








3 comentarios:

cambio climático dijo...

Al igual que la biblioteca recopila libros con referencias a Alcublas, no estaría de más que se hiciera con un ejemplar de éste. Al fín y al cabo es historia de la Serranía.

un chelvano dijo...

Conozco a una familia de madereros, las historias que cuentan son maravillosas. La pena es que este tema no se aborde como toca por parte de Ayuntamiento, o quien corresponda. En otros sitio con menos hacen museos, exposiciones, etc.

PEÑA RAMIRO penyaramiro@hotmail.es dijo...

Creo que es éste un tema que no debe caer en el olvido.
Tenéis ambos razón. Yo, por lo que me toca, voy a intentar conseguir el libro.
Un saludo a los 2.