miércoles, 11 de febrero de 2009

ESPERANZA DE FUTURO, AÑORANZA DEL PASADO

En el entorno rural se está produciendo día a día y de manera acelerada un fenómeno alarmante que pone en grave peligro, no solo nuestra manera de vivir, nuestras tradiciones o nuestro patrimonio sino, también, la propia Vida Rural con todo su engranaje, hoy ya bastante deteriorado. A partir de los años cincuenta comienza un éxodo masivo de las generaciones más jóvenes, desde los pueblos y aldeas hacia las emergentes ciudades industrializadas, convirtiendo así en "urbanitas" a los antiguos habitantes de estos lugares, que acabaron perdiendo sus lazos y raices con el mundo rural. Este despoblamiento progresivo de las grandes extensiones de territorio, que antes estaba organizado en núcleos rurales capaces de ofrecer un "modus vivendi" a sus pobladores, tuvo como consecuencia inmediata, una disminución de la población y un notable envejecimiento de la misma.
Algunas comarcas se vaciaron, desapareciendo artesanos, comerciantes, agricultores y ganaderos cerrando escuelas por falta de alumnos, descuidando iglesias y ermitas hasta su total deterioro. Se perdieron molinos, huertas y cultivos, hoy tomados por un curioso bosque, nacido del abandono humano.
El mundo rural no es sólamente un habitat natural, más o menos bucólico, es mucho más; es el baluarte de protección de la naturaleza, de esa naturaleza que permite escuchar el canto de los pájaros, el sonido del viento, que permite distinguir las estrellas que en la urbe se ocultan por la contaminación lumínica. Es el baluarte de las tradiciones, de la cultura ancestral pasada de padres a hijos, de esa cultura que dice que mañana lloverá, de esa cultura que no se escribe en los libros ni se cuelga en internet, sino que se mantiene en la memoria , en esa memoria atacada por el Alzheimer del despoblamiento y como consecuencia del envejecimiento de la población, producido por la falta de relevo generacional.

La pretensión de que el medio rural tenga servicios, recursos y beneficios comparables al medio urabno no puede ser una utopía ni una declaración de buenas intenciones, tiene que convertirse en una realidad que materialice el derecho de todos y cada uno de los ciudadanos, sean hombres, mujeres, niños o ancianos, a tener las mismas oportunidades y a no ser discriminados por vivir en un lugar pequeño o apartado, por no tener Adsl o televisión por cable.
En el mundo rural nadie es anónimo, cada persona es alguien a quien se conoce, con un nombre, con un mote y una historia. Todos son tíos de todos, con unos recuerdos que no son sólamente suyos, sino que pertenecen a toda la comunidad, porque la relación es tan estrecha que toda la población se entrelaza y las vivencias de unos atañen a los otros. Pero esta relación no sólamente se entreteje entre las personas entre sí, sino que tambien con el medio en el que viven, y "del" que viven, haciendo propio el fluir del río o el paso de las estaciones que marcan de una manera "viva y activa" el discurrir de sus días.
¿Qué ocurrirá cuando ya no quede nadie para contar cómo se herraban los machos, cómo se pastaba el pan o cómo funcionaba una noria? ¿Qué ocurrirá cuando nadie pastoree las ovejas, cuando nadie realice trabajos artesanales o cuando se derrumben, por el abandono, molinos que antaño molieron la harina o las chimeneas que durante siglos han enviado al cielo el humo nacido de los hogares?

Ocurrirá que nuestro mundo será cada vez más artificial, más "made in China", un mundo donde las luces sustituirán a las estrellas, el claxon de los coches al trinar de los pájaros y los niños, nuestros niños que son nuestro futuro, crecerán creyendo, fervientemente, que los huevos salen de las neveras del supermercado. Y con todo ello perderemos nuestro patrimonio, nuestra historia y nuestro pasado. Y tal vez nosotros también nos perdamos, porque ¿Qué futuro nos espera si no somos capaces de recordar nuestro pasado?
Concha Tormo Ruiz
Agente de Empleo y Desarrollo Local de Castielfabib.
*Publicado en LA FÉNIX TROYANA (nº 87)


4 comentarios:

el ultimo "serrano" dijo...

Desde nuesta joven democracia, en España no habido ningun gobierno valiente,que afronte el problema del mundo rural,cada vez me doy cuenta que nos tratan como una "RESERVA INDIA",creo que los gobiernos tanto centrales como autonomicos,les importamos un pito,somos pocos votos.Yo no quiero que hagan poligonos industriales,apartamentos por doquier,parques tematicos,solo quiero jugar con igualdad de condiciones que cualquier ciudadano de la gran ciudad,vivir en la serrania es muy duro y muy caro.¿porque tenemos que pagar la luz,agua,basura y impuestos igual que un ciudadano de por ejemplo Valencia?ACASO ELLOS NO TIENEN MAS VENTAJAS QUE NOSOTROS EN TODOS LOS ASPECTOS.Quiero vivir de mi trabajo ,no de la subvencion.

Anónimo dijo...

Revelador artículo. La verdad es que son verdades como puños. Y de difícil solución.

Paisajes de Alpuente dijo...

Buen artículo y coincido en casi todo con el comentario de el último "serrano".

Buen artículo, que habla de conservar la memoria, algo indispensable para saber que es La Serranía y en general el mundo rural.Indispensable saber de donde venimos para saber a donde vamos.

Un mundo rural en el que afortunadamente ya se ha desterrado sus connotaciones negativas. Afortunadamente cada vez son más los que manifiestan sentirse orgullosos de serlo, son más los que recuperan la autoestima y ello es sin duda un buen comienzo.

Pero hecho en falta, en esta Serranía, dar un paso más. Si la memoria, las tradiciones, las fotos en blanco y negro, permite saber de donde venimos, hecho en falta saber hacia donde queremos ir. Mientras ello ocurra no estará completa su identidad. Mientras ello ocurra La Serranía será frágil y estará expuesta a cualquier cosa, a cualquier propuesta que le venga de fuera y que con frecuencia nada tiene que ver con ella.

Hoy existe la Ley de Desarrollo Rural. Lo malo es que solo con leyes no se consigue el desarrollo.

El último "serrano" habla de no querer vivir de subvenciones. En mi opinión, si la sociedad valorara realmente lo que aportan los municipios de interior, lo que aportan sus agricultores, sus masas forestales, sus reservas de acuíferos, su paisaje, su patrimonio,.. tal vez debería hablarse más bien de un justiprecio.

montesa enduro dijo...

Mirar amigos.Si los vecinos de la serrania,no pagaramos luz,agua,basuras y algun otro impuesto,los que vivimos podriamos soportar el gasto,y no emigrarian tanto nuestros jovenes,habria calidad de vida a su justo precio.Vamos es lo que creo yo.un saludo a todos