domingo, 1 de febrero de 2009

SE ACERCA...

Origen de la fiesta:
Durante la dictadura franquista el Carnaval estuvo prohibido, perdiendo con los años su popularidad, hasta que hace veintidós años recobra su interés en Villar del Arzobispo. En 1981, un reducido grupo de personas decide rescatarla del olvido y durante el invierno de comienzan a madurar la idea de recuperar el Carnaval, comenzando a recopilar información de los ancianos del lugar y saber cómo se celebraba. Éstos les comentaron que la costumbre era dis­frazarse de "botargas" con el objetivo de provocar, ocultándose bajo un atuendo común a todos y creado con prendas del hogar: sábanas, cestas y almohadas.
Era el único día del año en que la gente se desinhibía. Las botargas (ma­yo­ritariamente hombres) en algunos casos iban desnudas o ligeras de ropa bajo un disfraz que les deformaba la figura y les ocultaba el rostro. Llevaban a modo de barriga y trasero unas almohadas atadas para deformar la figura y una cesta de vendimiar cubriéndoles la cabeza y cuyas rendijas les permitía tener una visión suficiente para caminar y observar a quienes se acercaban; por último, una sábana o cubre de cama se dejaba caer desde lo alto de la cesta y recogida con las manos tapaba todo el cuerpo.
El grupo de botargas desfilaba por las calles del pueblo acompañadas de una charanga (acordeón, caja y guitarras) y sin dejar de incordiar a las personas que encontraban a su paso; cuando deseaban meterse con alguien se acercaban y les gritaban deformando la voz: "guruguruguru que no me conoses, que no me conoses"; este grito, de tipo gutural (sin que haya fuentes de investigación que lo atestigüen) parece una reminiscencia del grito de las mujeres bereberes (antiguas pobladoras del lugar). Famosa por su impacto en aquel momento y mantenida en la tradición oral por las personas más mayores del pueblo, fue una comparsa de botargas que, subidos a un carro tirado por un burro, recorrieron las calles del pueblo (escasamente iluminadas en esa época) mostrando a sus convecinos y de manera intermitente las partes pudendas, al grito de "¡vendemos puerquicos!". Corría el año 1935 y la cuadrilla se llamaba "del ñudo" (del nudo) e iban acompañados del "Tío de la higuica", personaje popular vestido a la antigua usanza y con capa quien, portando una caña larga de la cual pendía un hilo en cuyo extremo llevaba atado un higo seco, provocaba a los niños para que intentaran comerla, pegando un golpe de caña cuando éstos estaban a punto de hincarle el diente y poniéndola lejos de su alcance.
Evolución de la fiesta:
En el año 1982 se disfrazó solamente la peña que ideó rescatar del olvido el Carnaval. No obstante, hasta conseguir completar el programa de fiestas actual, las diferentes comisiones han ido incorporando progresivamente nuevos festejos. Desde entonces es una fiesta que con el paso de los años gana protagonismo dentro del ámbito de la provincia de Valencia. La celebración del Carnaval de Villar se ha caracterizado por ser creativa e innovadora, y así ha sufrido cambios, incorporando diversos elementos festivos que dieran mayor amplitud a la celebración del Carnaval, en algunos casos similares o con algún referente a los realizados en otros lugares y, en otros, de nueva creación. Todo ello de manera escalonada, de tal manera que ha ido creciendo no sólo en actos sino en días festivos.

Seguiremos informando...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me ha gustado curiosear sobre el carnaval. La próxima, Penya, dí algo de los de la morca.