
Ojos Azules trabajaba en Valencia en una fábrica de lejías. Era un buen empleado, y el dueño meditaba en dejarle el negocio a él en propiedad. Esto fue el desencadenante de las envidias del hermano del dueño, que pensaba que el negocio acabaría en sus manos.
Fruto de sus pensamientos fue el denunciarlo por rojo para de este modo quitárselo de en medio. Entre todos estos acontecimientos el hermano del dueño del negocio murió, y todos los números apuntaron hacia Ojos Azules. Había estado ya tres veces en prisión con anterioridad, y debido al cariz de los acontecimientos se vio obligado a huir al monte.
Y otro amigo nos dijo:Ojos Azules estaba en el monte como pepe por su casa. Se conocía bien el terreno. La verdad es que era una persona atípica. No estaba afiliado a ningún partido, ni tampoco pertenecía al AGLA (Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón). Es por ello por lo que no generaba muchas simpatías entre los demás maquis. Cuando se daba cuenta que los guardias iban tras de él, les dejaba después papeles escritos en los pinos diciendo el día y la hora que los guardias habían pasado por allí. Esto era una muestra de su buena voluntad, pues perfectamente los podría haber matado…
En eso que le interrumpen y dice otro:
Era hijo de Alcublas. Su padre, nacido en Alcublas, aún lo conocí yo. Dicen que Ojos Azules está enterrado en Alcublas, yo eso no lo sé, creo que no. En tiempos se comentaba que mató a un Brigada y a varios guardia civiles por la parte de Requena y Utiel. Allí se cargó a un Brigada y dos números. Pero él estuvo mucho tiempo por Abanillas.
A su padre le llamaban Camilo Montera, no sé si el Montera sería mote o apellido, no te lo puedo decir. Su padre tenía una finca en Torres. Tenía la tierra junta con A.C. de Alcublas, a partes iguales.
El que estuvo también unas cuantas veces por aquí era éste, Rufino, a lo mejor. Yo no lo llegué a ver, pero sí oír de él. Lo que sí que sé es que iban varios: iba uno como si fuera de lego. Mira, iba con una vara grande como de peregrino, llevaba una calabaza y siempre iba disfrazado. Había veces que algunos, cuando se lo encontraban, se ponía a rezar padre nuestro ave maría no se cuantos ni se más… y santiguándose. Iba vestido como si fuera un lego con el capuchón dentro la cabeza. Lo vieron unos cuantos, pero ese no era Rufino.
-Calla, calla, dijo el anterior. Ese lego iba mucho también por Mundo Nuevo. Allí le llamábamos el Mendigo, pues la pinta que llevaba… Vivía en una caseta de Mundo Nuevo, y al darse cuenta que estábamos mucho por allí se pasaba todas las semanas justo cuando el olor de la comida. No se metía con nadie…Tras esta interrupción, continuó nuestro amigo:
Ojos Azules después de sus escarceos por Utiel regresó hacia la zona de Alcublas, pues conocía el terreno perfectamente. Estaba casado con una mujer de Villar y tenía una hija. Era familia del Garrofinero de Casinos, uno muy grandote. Y como sospechaban de él, le pegaron una paliza que lo dejaron molido.
Se escondió durante mucho tiempo en una cueva, frente de la masía de Abanillas, y tapaba la entrada con una aliaga grande. Bueno, no era una cueva, ¡era una mansión! La gente –pastores y demás- pasaban cerca o casi por la entrada y ni la veían. Allí estaba como si estuviera en casa.
Por la zona de Torres estuvieron también dos maquis del Villar, pero…¡a mí me jodían! Cada noche estaban en una caseta y se traían comida del Villar: llevaban coles, patatas y lo escondían en mata por el monte. Y yo iba con el ganao y ¡mecagüen! Las borregas acudían allí todas, donde las patatas, las cebollas y las coles. Yo les decía:
-Chicos, ¡Avisar pa que yo no vaya por allí! ¡Maricones!
Y al final seguramente que los buscó, tropezó con ellos un forestal que había en Liria, que los barruntó. Ellos que viendo que había mucha gente conociéndolos, se fueron a otro lado.
-¿No os acordáis de los palicos colgados en el pecho? Dijo uno de ellos.
- Era oír llegar un avión y en seguida: ¡chiquillos, a ponerse el palico! Era un palo de olivera o de sarmiento, que llevábamos colgado con un cordil del pecho. Nos lo hacían poner cuando pasaban los aviones en guerra por si caía alguna bomba, por los tímpanos. Íbamos todos así.
Surgían cada vez más anécdotas, pero con ello concluimos nuestro trabajo sobre Ojos Azules. La historia de un alcublano que, sin ser guerrillero, se vio abocado a huir al monte. No se afilió nunca a ningún partido ni tampoco se integró en la Agrupación Guerrillera de Levante (AGLA). Si se hubiera significado y amparado bajo esas siglas, hablaríamos hoy no de una leyenda, sino de un MITO.
10 comentarios:
JOOO¡¡¡ peña eres una maquina no me das tiempo a leer el articulo y ¡¡ya sacas otro!! eres un currante nato sigue asi.
P.D saludos a cacao con corfa me traes loca con tus comentarios¡¡
Un saludo
Me ha parecido un muy buen artículo. Y por seguir con el simil de curiosidades, me ha llamado mucho la atención la historia del palico. Sería dugno de ver a los niños alcublanos de entonces con su escapulario para evitar roturas de tímpano. Curioso, la verdad.
Todos o casi todos tenemos noches de insomnio, yo en mi caso pues me gusta hurgar en estos entresijos y uno descubre una historia y una promesa.
La historia de Ojos Azules me parece digna de una película o por lo menos de un capítulo de "Amar en tiempos Revueltos", una historia trágica, con una lesa traición y una huida. Yo muchas veces pienso, y lo digo muy en serio, que esa frase hecha que dice que a alguien le falta un hervor, yo casi diría que a muchos nos hace falta una guerra y que Dios me perdone, pero lo digo por que aquellos hombres y mujeres que dieron su vida, o aquellos/as que fueron perseguidos, simplemente, eran de otra pasta, había que tener un par de cojones o esconderte, y tu, amigo mío sin conocerte, has sido de los valientes, porque a pesar de mi temprana edad, (casi 30 años) uno se da cuenta de comentarios o roces que aun persisten en el pueblo. albalatrequena.blogspot.com es un blog de muy reciente factura y en el cual muy humildemente voy a tratar, siempre con vuestro permiso, de hurgar un poco en la historia de Alcublas. Así que , PenyaRamiro, ansío con verdaderas ganas ese libro en forma de sorpresa, que espero que luego realidad y así, arrojar mucha, pero muchísima luz a unos escenarios y personajes que han quedado grabados, tal vez queriendo o sin querer, en la memoria histórica de un pueblo, pero tambien de una España fracturada.
Un Saludo y a por ese libro!!!
El palito del cuello no deja de ser una triste anécdota más de lo que pasaron nuestros abuelos en Alcublas. La vida de esas personas, lamentablemente, es un discurrir de anécdotas de ese estilo, y a pesar de ello, todavía mantienen el humos y la ilusión de vivir.
Un beso, abuelo!
blanco's, , al margen de mi reconocimiento, por los que vivieron la guerra y la posguerra, creo que a nadie le haga falta una guerra para demostrar de que pasta está hecho.
Todas las generaciones tiene que vivir su tiempo, y todas demuestran lo que son, cuando así se lo requiere la vida.
Hay un refrán muy antiguo que dice: que uno no sabe la fuerza que tiene hasta la que necesita.
Aún eres joven, pero en la vida se te darán situaciones en las que tendrás que tener un par de cojones para tirar hacia delante, y no te hará falta pasar una guerra, para demostrar en ese momento de que pasta estás hecho.
Por cierto, Peña, un diez por tu artículo.
La múica, muy propia para el artículo. Muy bueno el eye of the tiger.
Sigue, sigue!
Muy buen artículo Penya, sobre un personaje contradictorio, al que todos querían cazar.
Tengo entendido que cuando estuvo por la zona de Torres, sus familiares en Alcublas y Villar le suministraban alimentos.
También me contaron que un familiar o allegado, del Villar, le alerto de que iban a por el.
Deseo que sigas deleitándonos tanto tú, como tus colaboradores. En lo que te pueda echar una mano, ya sabes
"Mu" "Güeno" Peña.Otra vez "mas" dejao "atontolinao".
Bueno, sin cachondeo,otro artículo de matrícula.Mi más cordial enhorabuena.
Estás que te sales con este tema. En particular me encanta. Sigue con ello, por favor.
Si os poneis en contacto con el Cronista Oficial de Chera, sabe un montón de cosas e historias del maqui de los Ojos Azules, recopiladas de los vecinos de Chera que las vivieron en sus carnes.
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