lunes, 23 de marzo de 2009

EL CAFÉ DE LA BATOYA

Conocer la historia de nuestros antepasados, sus vidas, es una actividad necesaria para poder valorar lo que tenemos y reencontrarnos con valores que, muchas veces, no hemos ejercitado lo suficiente por la bonanza de los tiempos que nos ha tocado vivir. El mundo gira, como dice la famosa canción italiana, pero las gentes que nos han precedido nos han dejado un legado incalculable, un ejemplo de valentía, coraje, sacrificio, austeridad, penurias, trabajo, constancia, humildad... Palabras que, desgraciadamente, no están de moda y que muchos de nosotros, sobre todo los más jóvenes, debiéramos reflexionar sobre ellas.

En Alcublas y en muchos pueblos de Los Serranos, hay testimonios de vidas difíciles, de tiempos duros... Escuchar estas HISTORIAS es como asistir a "clases magistrales" de VIDA, en las que unos ojos llenos de recuerdos nos trasladan a otras épocas, a otro tiempo... ¡tan diferente al de ahora! pero nuestro, obligadamente nuestro... Nuestra historia.

En los años cincuenta, Alcublas era un pueblo deprimido, pobre y "olvidado" de La Serranía. Los efectos de la guerra civil agravaron, más si cabe, su precaria situación. Con una economía de subsistencia, basada principalmente en la agricultura y en la ganadería y un notable "aislamiento" provocado por su situación geográfica, la vida en Alcublas parecía haberse parado. Hay que tener en cuenta que nuestro pueblo fue el último de toda la provincia de Valencia en disponer de suministro eléctrico, de manera eficiente y bien regulada. Y el sistema de alcantarillado y agua potable no se acometió hasta los primeros años 70.

Las imágenes que os presentamos son de uno de los bares que por aquellos años había en el pueblo, el café de la Batoya. Se encontraba en lo que ahora es el bar de la Capa. En aquel café, el único que tenía cafetera (según nos cuentan) y que podéis ver a la izquierda de la primera imagen, los parroquianos no eran muy espléndidos (las circunstancias mandaban) y las consumiciones eran escasas y racionadas. Por la mañana, a las seis se abría, antes de la salida de La Chelvana (6h 30'), y se servían las copicas de antes de ir al monte para entonar los cuerpos: cazalla, aguardiente, coñac... Por la tarde, partidas de cartas y gaseosas compartidas entre cuatro, algún café, alguna que otra copa, algún que otro vermut... poco dinero en los bolsillos. En invierno se encendía una estufa de leña y en torno a ella se aglutinaban los parroquianos buscando calor y conversación. El que llegaba un poco tarde, pasaba frio. Cuando la luz se iba, cosa frecuente, se encendían candiles para que los hombres siguieran con las partidas... En la barra un botijo para cuando el presupuesto del día se terminaba. El café costaba una peseta y la malta, dos reales.


Las fotos hablan por sí solas… los tiempos, ciertamente, eran otros.
No se tenían muchas cosas… prácticamente casi nada. Pero todas las tardes, al acabar el trabajo, se reunían en torno a una estufa de leña unos hombres cansados, que jugaban a la brisca o hablaban de las cosechas… que compartían la vida y el tiempo. Un tiempo que transcurría lento, acompasado al ritmo de la Naturaleza, en el que no había estrés, ni prisas…
Mi abuela, al llegar la hora de la cena, me mandaba al café de la Batoya a llamar al abuelo y, al entrar, lo veía con su cigarro colgado de los labios y con un "triunfo" en la mano a punto de ganar la última "garra" de la tarde... cerca de la estufa.
Afortunadamente, en aquellos años, no existían los móviles.

* Este artículo es un pequeño homenaje a la Tía Dolores (la Batoya).



12 comentarios:

Pajarito Lindo dijo...

Peña¡¡¡¡uf uf.Como diria aquel famoso torero en dos palabras IM--PRESIONANTE¡¡.
Aun me estoy secando los lagrimones.
Bona Niiit

cambio climático dijo...

Buen artículo Penya!!
Transmite, y eso es lo importante. Poco a poco te vas haciendo con un montón de información, de historias, de relatos de nuestros antepasados.
Eso es cultivar la historia. Está muy bien.
Ánimo y a seguir.

Anónimo dijo...

Desconocía que el bar de la Capa fuera antes de la Batoya. Muy buena información. La cafetera es una pasada, hoy en día valdría una fortuna. Y está impecable, parece un espejo.Mi enhorabuena.

The Last Samurai. dijo...

Sin palabras...este artículo merece matrícula de honor, pues rescata del olvido, tantas cosas...

La Solana dijo...

Muy pero que muy bien, Animo Peña¡
Hay que seguir asi y mejorandose, el reportaje esta como dice pajarito IM --PRESIONANTE¡¡¡¡

la mena dijo...

El café una peseta y la malta dos reales. Una gaseosa para cuatro.
La malta ya no se lleva, la gaseosa sola no se toma, y el café de una peseta ha pasado a un euro.
Todo cambia. Tú no cambies, Peña.

Anónimo dijo...

Ya en 1945, y para las fiestas de San Antón, se anunciaban así:
Café-Bar "Las Dolores"
Servicio esmerado
Hay calefacción
DOLORES GABARDA
Plaza del Caudillo
Alcublas.

cacao con corfa dijo...

¡Yeeee,macho.No se de donde sacas esas informaciones,pero por favor no nos dejes "empantanaos" y continua.
¡como dice EL SAMURAI matrícula!

Pajarito Lindo dijo...

pero cacao con corfa¿¿te as rraayao o que entras muy tarde.

Un besito para ti que me traes lacaa

Anónimo dijo...

Excelente blog que me recuerda los veranos que pasé en Alcublas.

Hay un recuerdo (no sé si real o ensoñación) respecto a la instalación del agua potable (y que por mi edad me hace sospechar que los trabajos deberieron terminar medidada la década de los setenta).

Eran las barrenos (así les llamábamos nosotros). Pura mitología en la que en el trayecto que iba de la Calle Mayor a la Placeta se convertía en zona cero, mientras mi abuela y Carmen (la de Babiloni) cosían en la horma y se oía el reventar de las explosiones.....

PEÑA RAMIRO dijo...

No tenemos mucha idea de ésto de los barrenos que cuentas, Anónimo, pero nos enteraremos.
Agradecemos tus piropos y hemos podido comprobar cómo tu análisis del blog no se centra en la última entrada, sino que has entrado bien en él.
Gracias!!

Paco-Peña dijo...

Para anónimo de las 14:25 del día 28... No es "ensoñación" sino real como la vida misma, yo vivía aún en el pueblo y me acuerdo perfectamente que mi amigo Agustín cuando estaban preparadas las cargas y tapadas con "espartines",
telas metálicas, maderas, etc. avisaba con el toque de una corneta
"va barreno, va barreno" y a continuación se oía las explosiones.