viernes, 15 de mayo de 2009

MENUDOS RECUERDOS EN LAS BODEGAS...!!


Continuamos entre Torres y las bodegas de las Veinticuatro. Nuestro amigo está hiperactivo, los recuerdos se le multiplican... En esta ocasión hablaremos de las labores propias de la elaboración del vino, y lo que rodeaba a todo ello... Abajo estaba la cuadra y arriba había pajera para cinco o seis personas. Mira, esta escalera la hizo el tío Rey y está aún como cuando la hizo: nueva. Mira, mira…de ahí para allá era el cubo. Y ésto era donde estaba la prensa y la poza. De aquí ya se llevaba cada uno el vino, porque, mi padre mismo, tenía cuatro botas.
Ahora bajaremos y verás la cisterna. Había gente que tenía tres botas, incluso cuatro o cinco. Y luego venían los de Liria que decían: Vamos a Torres, a por el vino que hay en Torres. Habían de ellos que llevaban cuatro bocollicos de unos cincuenta, ¡vamos cincuenta! por lo menos veinticinco o treinta decalitros cogen. Llevaban uno debajo del eje que casi tocaba por el suelo y el otro por encima del eje. Llevaban casi una bota de vino. Otros lo llevaban con pueyos. En una bota cogían casi ochenta decalitros, y en un cubo cogían a lo mejor… ahora te explicaré.
Si el cubo se llenaba de uva había veces que lo sangraban. La uva esa la pisaban con los pies; la pisaban y la metían al cubo, levantaban una tabla… y al cubo. Y si veían que ya no recogía, entonces:
- ¡Mecagüen diez! Pues a mí me quedan ahí ocho o diez banastos… ¡pues claro, hay que meterla!
Y sangraban, sacaban un poco de vino y bajaba, y entonces lo metían.













Banastos y Portaderas.
Los banastos ya sabes lo que eran. Las portaderas eran parecido al banasto pero eran de madera y llevaban adelante un pico que salía así… igual que el banasto. Los machos llevaban el banasto. Eran tabletas como si fueran las botas, era todo de madera. Llevaban dos cércoles, uno por arriba, otro por medio y dos por bajo. Y ahí sí había otra mátula, porque como eso no se salía había quien empezaba a pegarle con una piedra a la uva y en los banastos cogían –era un suponer- treinta kilos de uva, pues allí le metían a lo mejor hasta cincuenta, y la chafaban. Había veces que ¡cuantas veces, no era la primera! Cuando cogían la portadera, como la habían pisado y llevaba tanto vino, había veces que a la que uno cogía la portadera: glu, glu… ¡todo el vino se lo tragaban o se lo echaban por encima de la pechera!


…Por aquí vaciaban al cubo y en el cubo se pisaba. Luego quitabas una tabla y caía todo al cubo. Para sangrar el cubo abrían un tapón y salía él sólo, pues estaba al ras de la poza. El que estaba para pisar la uva, cuando llegaban con los burros y los machos les ayudaba a descargar, porque uno sólo no podía ser.

Entramos a la bodega más grande de Torres. Hay unos palos grandes que la cruzan. Le pregunto qué son y me dice:
- Son los silleros de las botas. Y ahí está la cisterna. Abajo hay una canilla para sacar el agua de la cisterna, ahí debajo. Y lo que cuelga con hilos de pitera es donde poníamos el pan, para que no se lo comieran las ratas, los gatos ni na… Un garbillo o una criba, como quieras. En los silleros habían cuatro botas. Aquí en esta bodega cogían por lo menos catorce o quince personas.
En Torres se hacía más vino que en las Veinticuatro, como Torres se hizo después que las Veinticuatro… las Veinticuatro tienen muchísimos años.
Mira, allí hay un atroj que teníamos para tener la cebá pa los machos, y esa cambrica para las garrofas. Esa cambrica la llenábamos de garrofas pa los machos, como estábamos de continuo… Y el atroj, porque ahí bajo teníamos… en un año trillamos mil haces de mies, con que fíjate.


Cuando limpiaban las botas, sacaban a lo mejor ocho o diez cántaros de vino… ¡vamos!, cuarenta o cincuenta litros más. Se lo llevaba a mi madre y ella lo hacía en alcohol o en anís.
Mi madre tenía un alambique. Colaba luego el vino y sacaba el alcohol, y si quería, hacía anís… y alcohol seco. Había quien venía expresamente –E.T. y el tío Luis- a probar lo que hacía mi madre. Esos dos, no era menester darles otra cosa, les ponías una manzanilla y una copa chiquica… y aquello abrasaba, ¡tenía casi noventa grados de alcohol! ¡Mecagüen! Yo no sé cómo podían aguantar aquello: ¡se le dan a uno cualquiera y cae en el acto! (se ríe). Me acuerdo yo que el tío, que era chiquico, llegaba:
- ¡Muchachaaa! ¿No tienes na pa los pobres?
- Si, pase pase, tío. ¿Qué quiere, recién hecho o frío?
- ¡Del que sale calentico!
¡Mecagüen! Se lo aventaba de un trago y:
- ¡Ahgg, está bueno! ¡Bueno está!

Mi madre sacaba el alcohol, y si lo quería le echaba anises, los ponía dentro del caldero de cobre. Para sacar dulzor le metía anís, higas, garrofas, de todo… Entonces, claro, ya no tenía esa fortaleza como la que te he contado de antes, porque la de antes no tenía nada, no tenía esos aperitivos, ¡era puro! Este salía ya más suave y entonces lo cataban: si veían que estaba muy fuerte, así caliente como estaba añadían azucar y lo hacían como querían, más dulce, menos dulce, cazallica, cazallica más fina…


...Y con el agradable sabor de esa cazallica fina, nos despedimos hasta el próximo miércoles... que si creo recordar, concretaremos informaciones muy interesantes sobre el maqui Ojos Azules...


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué gozada leer estos artículos. ¿Te puedo dar un consejo Penya? No anuncies lo que vas a poner con antelación, porque luego tienes contraprogramación en otros sitios.
Pero eso está bien, ¡viva la competencia!
Un saludo Penya, y felicitarte por tu labor.

cambio climático dijo...

Buen nivel, Peña. Bien estructurado y relatado, parece que hable tu amigo en vez de ser leído.
En aquellos años la viticultura era muy diferente a lo que es en la actualidad. El concepto de tinto, blanco e incluso rosado no existía en Alcublas. Era un vino de mezcla de cepas variadas (aunque relamente tampoco existían muchas variedades). Lo importante era conseguir un caldo de graduación importante, ese era el fín. Y se conseguía habitualmente.
Tú también consigues habitualmente relatos o artículos de calidad, mezclando (como hacían antaño en las bodegas) cepas para conseguir no ser monovarietal.
En la variedad está lo bueno.

Anónimo dijo...

Has cogido una línea de trabajo muy buena. Los miércoles ya espero para leer algo interesante.
Un saludo y a seguir!

Anónimo dijo...

¡Cómo hemos cambiado!
Es el título de la canción de Presuntos Implicados y muy apropiado a tu entrada, Peña Ramiro.
Leyendo el artículo me doy cuenta que el pueblo ha evolucionado más en 10 años que en todo su historia reciente. ¿Ha evolucionado para bien? Todo el mundo -o casi todo- dirá que no. El otro dia leí en otro medio los destrozos que han producido determinadas personas en bienes alcublanos. Si ésto es evolución.
Afortunadamente no debemos quedarnos con cosas así, que no dejan de ser anécdotas tristes y lamentable. Si pusieramos en una balanza lo positivo y negativo que nos han traído estos últimos años, lo bueno ganaría de calle.
Aprovecho para felicitar a Peña Ramiro por su trabajo, su calidad, y el amor al pueblo que desprende en sus artículos.

mildiu dijo...

Tu lo has dicho Peña: ¡menudos recuerdo! Hoy ya no queda vino que hacer ni uva que recoger en Alcublas. ¿Eso es bueno o es malo? No lo se, aunque la rentabilidad va por un lado, los recuerdos por otro y lo que interesa nadie lo sabe.