miércoles, 8 de abril de 2009

LA SERRANÍA Y EL RINCÓN. SU SEMANA SANTA

La Semana Santa en Los Serranos se vive con numerosos actos religiosos que llenan las calles de los municipios de agonía durante el Viernes Santo y de alegría el Domingo de Resurrección. Los pueblos que celebran esta festividad religiosa la viven con un fervor especial, con una mezcolanza entre lo castellano y lo valenciano. Míriam Civera.
Levante-EMV.

Tuejar y Aras de los Olmos son las únicas poblaciones del interior de la provincia donde existen cofradías penitenciales. En el año 2004 se fundó legalmente la primera cofradía tuejana, bajo la titularidad del Santísimo Cristo.
Hace apenas un lustro hablábamos de que Los Serranos y El Rincón de Ademuz eran las únicas dos comarcas que no tenían cofradías que organizaran los festejos de Semana Santa. Ahora, afortunadamente, ya no es así.
IMAGINERÍA SERRANA
Si bien es cierto que los pasos procesionales de la Semana Santa de Los Serranos se caracterizan por el anonimato de los imagineros que las construyeron en su día, en la localidad de Alpuente guardan algunas joyas escultóricas.
Así, destaca la talla de San José, de Ignacio de Vergara, datada a principios del s. XVIII y que es la imagen que preside la Ermita de San José de la aldea alpontina de La Cuevarruz. Representa al santo de pie, con un movimiento sinuoso, típicamente barroco, con el pie y la rodilla ligeramente adelantados y flexionada. Viste una túnica azul con flores doradas y de colores, que deja ver los pies calzados con sandalias, y un gran manto rojo. Con sus manos sotiene al Niño sobre su regazo y éste a su vez, sostiene con su mano izquierda la vara florecida. La cabeza está ligeramente girada hacia su izquierda para contemplar al Niño. Lleva una aureola detrás de la cabeza, de fundición.
LA DE MÁS ANTIGÜEDAD
De todas las imágenes, la de mayor antigüedad es la de la Virgen de la Consolación, de la Parroquia de San Bernabé, en la aldea alpontina de Corcolilla. Esta data de 1280. De autor anónimo, se trata de una imagen gótica que suele estar siempre vestida con un amplio manto que no deja ver más que los rostros y las manos de las figuras de la Virgen y el Niño. Se trata de una imagen sedente sobre un escaño sin respaldo, ni pomos ni almohadón.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buen artículo. En la línea de Míriam.
Buena labor, Penya.

cambio climático dijo...

Por cierto, bonito libro.