viernes, 24 de abril de 2009

LA VIDA...

Decía Cicerón que la agricultura es «la profesión del sabio, la más adecuada al sencillo y la ocupación más digna para todo hombre libre». Pese a ello, cada vez son más los jóvenes que prefieren no continuar la tradición familiar y optan por un estilo de vida diferente. Sin embargo, la actual crisis económica ha reducido las posibilidades y ha forzado a muchos de ellos a regresar a sus orígenes.José Manuel Martínez ha nacido y crecido en el campo. Desde que era un adolescente, este joven de Tuéjar -municipio de la Serranía de Valencia que apenas supera el millar de habitantes- conoce lo duro que resulta trabajar la tierra y cuidar del ganado en jornadas de sol a sol y durante los siete días de la semana.
«A los 14 años ya empecé a trabajar en la granja familiar ocupándome del ganado y algunas labores del campo junto a mi padre y mi tío. Mi trabajo consistía sobre todo en salir a pastar con un rebaño de casi 400 ovejas», relata José Manuel, para quien trabajar con la familia tiene muchas dificultades añadidas.
Aburrido tras tres años de exigente trabajo, decidió comenzar a trabajar en una fábrica de molduras, pero eso no le eximió de tener que echar también una mano en la explotación familiar. «Ocuparme del campo tras ocho horas de trabajo en una fábrica fue algo que me quemó», asegura José Manuel.
Ascenso y crisis.
Pese a las comodidades que le ofrecía el hogar familiar, José Manuel sólo aguantó un año compaginando ambos empleos, por lo que con apenas 18 años decidió abandonar el campo y emprender una nueva vida en la ciudad. No le costó encontrar trabajo, primero como ayudante y meses más tarde como oficial de fontanería, empleo que le permitía afrontar el alquiler de su vivienda en Valencia y vivir cómodamente.
La bonanza del sector de la construcción llevó a José Manuel a iniciar una nueva etapa junto a un compañero que había decidido crear su propia empresa en el mismo sector.
«La empresa empezó muy bien. Se hizo una inversión importante en material y vehículos porque parecía que la cosa iba a marchar muy bien, pero a mediados de 2007 la situación empezó a ser insostenible», asegura José Manuel, quien explica que los impagos de algunos clientes fueron el factor que acabó por «matar» a su pequeña empresa.
«Eso me cambió el chip y fue cuando decidí opositar. Después de años de trabajo decidí dedicarme a estudiar e ir tirando con el paro, pero a los pocos meses no pude afrontar los pagos y me vi obligado a volver a Tuéjar», explica José Manuel.
De regreso al campo, tuvo que volver a ocuparse de las tareas de la granja. «Nunca he perdido mis raíces, pero en ese momento mi padre entendió que no podía estar plenamente dedicado al campo como antes, por lo que sólo dejaba para mí las tareas que él mismo ya no era capaz de hacer», señala.

Calidad de vida.
Para José Manuel la verdadera calidad de vida está en el campo. «Me encanta vivir allí. Mi sueño es aprobar las oposiciones a bombero y poder vivir en el pueblo porque es el lugar en el que he crecido y vivo más tranquilo que en la ciudad», asegura.
Sin embargo, tiene claro que, siempre que pueda evitarlo, no desea dedicarse a la ganadería. «Me gusta la vida en el campo, pero no el trabajo en el campo. No me importaría trabajar tierras o dedicarme a la apicultura, pero la ganadería es muy sacrificada y no le veo futuro. Las explotaciones pequeñas, de menos cabezas, son muy complicadas de mantener. Creo que la tendencia es a la desaparición en favor de las grandes explotaciones», asegura.
Tantas bondades le atribuye al estilo de vida rural que asegura que existe una tendencia a regresar al pueblo. «Personas que hace años que abandonaron el pueblo, ahora tienden a volver. Yo mismo, si algún día tengo hijos, deseo que crezcan en mi pueblo porque la vida allí es muy diferente a la de la ciudad», afirma.
Sin embargo, explica que las cosas también están cambiando en los pequeños municipios del interior, aunque no a la misma velocidad que en las grandes capitales. «En pocos años se ha pasado de dejar las llaves puestas o colgadas en las puertas de las viviendas a instalar sistemas de alarma. Ha habido algunos robos y la gente tiene miedo, pero pese a todo no hay comparación con la vida en la capital», asegura.

ABC.es
XM. Valencia.


1 comentario:

cambio climático dijo...

Algo bueno debería traernos esta crisis. Si conseguimos revitalizar el mundo rural, pues eso que habremos ganado.
Lo que está claro es que hemos ganado en visión de la vida sencilla, humilde y sin cosas superfluas. Una buena cura de humildad para toda esta sociedad nuestra.
Lo malo: los daños colaterales, que siempre afectan a los mismos.