domingo, 17 de mayo de 2009

COLECCIONISTAS DE BOMBAS PERDIDAS

Coleccionistas de bombas perdidas:
Decenas de personas atesoran en sus casas munición y explosivos de la Guerra Civil que conservan la carga activa.

Teresa Domínguez, Valencia.

Levante-EMV.

Al igual que ocurriera en la Guerra Civil, hay dos bandos: los amantes de la nostalgia y los apasionados de las armas. La diferencia reside en que, al menos en esto, sí hay un objetivo común: atesorar retazos y vestigios de aquel violento enfrentamiento fratricida que dejó, además de profundas heridas que aún supuran y centenares de miles de muertos y exiliados, un rosario de munición ligera y pesada diseminada por los montes y los sótanos de toda España. Y en la Comunitat Valenciana, especialmente.El hecho de que Valencia fuese el último reducto del Gobierno republicano hizo que las tropas fascistas de Franco, con la eficaz colaboración de la aviación italiana y la alemana, se ensañaran con la ciudad, sobre todo con su puerto y los poblados marítimos. Otro de los puntos calientes es el que constituye lo que se llamó la línea XYZ, la sucesión de fortificaciones republicanas al norte y noroeste de Valencia que frenaron al Ejército rebelde en su avance hacia la ciudad en el verano del 38. Las batallas libradas han dejado un campo sembrado para los coleccionistas que, 70 años después, bucean los montes en busca de cartuchería ligera, granadas y obuses.

Sin embargo, lo más común es que los tedax tengan que intervenir en la neutralización de bombas de aviación o granadas aisladas. Aunque, tal como recuerda el experto en bombardeos de la Guerra Civil Miguel Salvador Puchol, "la gran mayoría de aquellas bombas que no estallaron, seguramente en torno al 80% de todas cuantas se arrojaron, fueron encontradas durante la década de los 40 y 50 del siglo pasado. Muchas ocasionaron víctimas. Es el caso, por ejemplo, de tres niños, dos hermanos y un primo, que murieron en Emmanuel en 1941 cuando jugaban con uno de esos proyectiles". Recientemente no se han producido accidentes personales.A veces, los artificieros son alertados por "gente que vivió la guerra y que, aunque eran niños, recuerdan dónde había una bomba en casa. Eso nos sucedió con un vecino de Sagunt que nos alertó porque guardaba en la memoria la caída de un obús en su casa. Y allí estaba, exactamente donde lo recordaba". En 1966, un vecino de Torrevieja pidió la intervención de los artificieros para abrir el pozo ciego de su casa, donde juraba haber visto caer un torpedo siendo niño. "Y tenía razón", explica Miguel S. Puchol, "el Ejército recuperó y desactivó una bomba de cien kilos que llevaba allí desde el bombardeo del 25 de agosto de 1938".También existe el coleccionista nostálgico a fuerza de protagonizar la contienda. "Varias veces nos han avisado los descendientes de soldados que, cuando heredan las propiedades de los combatientes, se han encontrado explosivos, granadas y obuses en las casas", explica un tedax. Cuando no, una granada de fusil reconvertida en pie de lámpara o una de mano a modo de pisapapeles. Y casi todas, con carga activa...Pero, donde más intervenciones se producen es durante la ejecución de obras de reforma en casas antiguas o con la remoción de tierras en solares de nueva construcción. En 2008, durante la construcción del circuito urbano de Fórmula 1 en el recinto portuario de Valencia, una de las excavadoras topó con algo metálico y el operario paró en seco. Hizo bien. Lo que había frente a la pala de su máquina era una bomba de 250 kilos arrojada por la Aviazione de Mussolini.
No es de extrañar. Aunque no existe aún una cifra oficial de cuántas toneladas de bombas soportó el puerto de Valencia y los barrios aledaños, sí se sabe que ésta área fue "la más castigada de toda España con más de 600 misiones aéreas enemigas que arrojaron al menos 12.000 bombas; hubo días de hasta cuatro y cinco bombardeos", explica Puchol.
Y un porcentaje nada despreciable no estalló, aunque es cierto que los tres dragados que se hicieron en el puerto de Valencia en los años siguientes a la guerra minimiza la posibilidad de hallar viejos obuses y torpedos sin detonar.
En todo caso, lo más aconsejable es no almacenar jamás material explosivo. Y avisar si se tropieza con ello. "Estamos convencidos de que la mayoría de la gente sí nos alerta", afirma el tedax. Pero no son todos.
Un vecino de un pueblo de Los Serranos, aficionado a las setas, halló hace un tiempo metralla y una granada. Los restos metálicos de la explosión se los llevó a casa, pero la granada sigue en el monte. "Me daba miedo cogerla por si explotaba y la dejé allí. Pero sé donde está...".


2 comentarios:

PEÑA RAMIRO penyaramiro@hotmail.es dijo...

La segunda foto está tomada en casa de un alcublano muy aficionado a estos menesteres.
Me comentó que toda su colección fue recuperada en montes de Alcublas y aledaños.
Saludos!!

Anónimo dijo...

Hola.
Soy muy aficionado al rebollón y a salir al monte sobre todo en invierno. La caza nada de nada, incluso soy anticaza. La cuestión es que muchas veces y sobre todo por la zona de Canales he encontrado balas, metralla y restos de armas de la guerra. Hace unos años se quemó el monte por canales y aparecieron un montón de cosas.
Yo no estoy en contra de que se cojan estas cosas, pues en mi casa tengo mi pequeña colección. Lo que nunca tocaría sería una granada o algo parecido y que esté en buen estado.
Saludos a la Peña Ramiro, me alegráis todos los días un rato. Es el mejor momento.