lunes, 14 de septiembre de 2009

ANDRÉS PEÑARROCHA GARCÍA, TODA UNA PERSONALIDAD ALCUBLANA

Fue el primer carretero de Alcublas que transportaba la nieve desde los ventisqueros de las montañas de Alcublas a Valencia.



Viniendo un día por un camino -que no era la carretera- se encontró con otro hombre que era transportista al igual que él, pero de aceite. Tenía el carro cargado y se le partió el eje en mitad de la montaña. El hombre estaba todo acalorado... - Tranquilo, no pasa nada. Ahora voy a Alcublas, comen las caballerías y en hora y media estoy de vuelta.
Y bajó, cambiaron la carga a su carro y se bajaron a Valencia. Entonces el hombre del aceite le pregunta:
- Y ésto, ¿qué cuesta?
- Ésto no vale nada.
- ¿Cómo que no vale nada? Ha empleado usted su tiempo...
- Eso es igual (le contestó). Los hombres que vamos por la carretera hemos de saber perder y ganar.
Y a la vuelta de unos años, cuando su hijo ya era mayor, iba el chaval con el carro por Valencia y al doblar una esquina rompió un escaparate. Es que los carros de entonces, para frenar llevaban una galga que salía más que el carro. Enseguida detuvieron a su hijo para tomar las notas de quien era el que había hecho el destrozo y en eso que salió un señor bien trajeado que no sabían quien era y dijo:
- Tomás Peñarrocha, ¿es usted el hijo de Andrés Peñarrocha?
- Si señor.
- Pues de esa multa me encargo yo.
Era el hijo del transportista de aceite.
También os quería contar que antes de ser carretero fue arriero, de los que traían el género de Aragón a Valencia. No existían aún los carros. Los arrieros llevaban jornaleros, a veces hasta cuatro o cinco, pues igual hacían falta siete u ocho caballerías para la carga. Me acuerdo que en uno de sus viajes, en una posada del camino le dijo a la dueña:
- Quiero que me haga un pollo en arroz.
- ¿Qué cuantos van a ser?
- Vamos seis, le contestó.
Y la mujer empezó a hacer la paella y cuando llegó el momento de echar el arroz le dice:
- ¿Qué sus compañeros cuando vienen?
- ¿Por qué lo dice?
- Pues por echar el arroz.
- Usted échelo, ¡ya vendrán!
Y llegó el momento de servir la comida:
- ¿Pero esos hombres vienen o no vienen? Es que la paella está hecha (me dice la posadera).
- Pues si está hecha, ¡a la mesa! Y se sentaron el jornalero que iba con él y él, y la paella cayó entera.

Una talega de trigo pesaría 80 o 90 kilos... ¡como para echarle dos a una caballería!...
Me acuerdo que en uno de los viajes, el mozo de la posada, que como le daban propinas se ponía de parte del que mejor le pagaba; y le dijo al tío Peñarrocha:
- Tío Andrés, que ahí han estado diciendo sus compañeros que tan valiente que es para comer veremos esta noche para cargar, que creen que tendrán que ayudarle...
Colocó la albarda con las dos talegas bien cargadas, puestas. Sacó una caballería, le puso las mantas y luego cogió la albarda con las dos talegas, que es menester fuerza y hacía así: ¡pum! y las ponía. Y cuando cargó la quinta caballería les dijo:
- Señores, ahí se quedan que me voy. No digan que no he dicho adiós.


¿Y cuando volcó en las rochas con el carro de la nieve?
En uno de los viajes, se retrasó de los otros carreteros, cargó más tarde y bajando, que ya era de noche, iba el último. Los otros no se enteraron cuando volcó en las rochas, en el atajo. Dando vueltas los machos se fueron desenganchando y gracias a Dios nos les pasó nada, pero el carro llegó al barranco. No podía sacar el carro de allí.
Así que le tocó descargar el carro con el macho que iba en las barras y deshaciendo la pared pudo sacar el carro hasta el camino para que después le tocara sacar todas las sarrias al hombro, ¡los 3000 kilos! Como iba el último ni se enteraron. A la que llegaron le dicen:
- ¿Qué te ha pasado que vienes tan tarde?
- ¡Na! Que me he enredado un poco.
Al final se enteraron que había volcado.


Suyo fue el primer carro grande que hubo en Alcublas. Eran tres los carreteros de Alcublas que se encargaban a finales del siglo XIX de transportar toda la nieve almacenada en el término. Llegaron a ir a otras zonas, incluso a la Sierra de Mariola.
Era el encargado de pagar a los hombres que llevaban las cargas de nieve cuando éstos la recogían durante el invierno. La llevaban en caballerías pues los carros solo se utilizaban para transportarla a Valencia. Se aprovechaban los días de mucho frío y que no tenían que ir al campo, para ocuparse de la nieve. Cobraban a perrica la carga.
En los neveros había una escalera para bajar pues si no, era imposible dada su profundidad. El de las Dueñas tiene una profundidad de casi seis metros. Desconocemos si alguno de ellos tuvo cubierta pues hasta hoy no ha quedado ninguna.
Para sacar la nieve del ventisquero utilizaban el mismo sistema que cuando el llenado pero a la inversa. La sacaban en placas y para transportarlas las metían en sarrias de esparto, cargando los carros por la noche y saliendo entonces para Valencia. Iban al Grao a un señor que le llamaban el "nevater del Grao" que se la compraba y luego la distribuía. La más limpia la guardaban para los helados y la que estaba con más impurezas la dejaban para el pescado.

Estas pequeñas historias configuran la vida de un gran hombre: Andrés Peñarrocha García (Alcublas, 1840-1930). Un gran hombre en todos los aspectos:
Medía casi dos metros de alto, todo músculo y hueso, noventa kilos de peso. Tenía más fuerza que un caballo y cuando no podían los machos se enganchaba él, cogía una cuerda al hombro, la enganchaba al carro y todos estirando hacia delante.
Era un hombre fuera de lo normal. Igual le daba comer un día la comida de tres días que estar tres días sin comer. No tenía ninguna preocupación en ese tema.
Bajar de Canales con un carro de 3000 kilos a Valencia sería duro, pero no le importaba....
Fortaleza, resistencia, experiencia, su carácter... su honradez. Son términos todos ellos que definen perfectamente al tío Peñarrocha.


* Relato basado en anotaciones recopiladas por Isabel y Trini Romero. Agradecemos su colaboración y su contribución a la conservación de los valores etnológicos alcublanos.



5 comentarios:

federo dijo...

El tío Peñarrocha fue una persona diferente a los de su tiempo: físicamente nada tenía que ver con los alcublanos de su época. Afortunadamente, su caracter y su buen hacer ya era más común entre muchos alcublanos.
Un buen recuerdo para el tío peñarrocha.

Gracias!

Anónimo dijo...

La anécdota de la paella me la contó mi abuelo, que conoció al tío Peñarrocha. Su niñez coincidió con la vejez de este hombre.
Buen artículo, Peña.

María Asunción dijo...

Por lo que he podido saber leyendo el artículo(por cierto muy bueno), por las anécdotas y verdades de este alcublano tan peculiar, se nota que fue un "Krac"de la época.
Buen artículo Peña, para que la gente de Alcublas conozca a esos alcublanos tan especiales que tenemos en la historia de nuestro pueblo.

Anónimo dijo...

PERSONAJE PECULIAR. Me hubiera gustado haberlo conocido. Seguro que fue algo fuera de lo normal para su epoca.

Anónimo dijo...

Son historias que sin su recopilación terminan en el olvido. La tradición oral la hemos descuidado en sobremanera y hemos perdido verdaderos tesoros.
Felicitaros por estar ahí.