El Baile de la Rueda se bailaba rondando la plaza. Comenzaba con unas cuantas parejas que se colocaban formando un círculo que se iba ampliando a medida que llegaba más gente. Todo el que quería participaba. Cuando el grupo era muy numeroso se hacían varias ruedas. Era organizado por los quintos durante todo el año.
El baile comenzaba la tarde del domingo con un recorrido por las calles del pueblo en que los musicos tocaban como anunciando su inicio. Cada domingo se paraban en una plaza diferente: San Agustín, el Mesón, la Cruz, los Olmos, la plaza de la Iglesia... en todas, cada vez en una.
En este Baile de la Rueda se bailaba todo: jota, fandango y seguidilla, pero se comenzaba siempre por la jota. Cada vez que terminaban de cantar una estrofa y empezaban la siguiente, entonces se daba vuelta y las parejas se cambiaban. Algunas se retiraban y era también el momento en el que se incorporaban los que iban llegando. La rueda giraba dando vuelta a la plaza a medida que seguían bailando, no se paraba.
Cada pareja seguía el paso que comenzaba la bailadora que, a veces, haciendo ver que empezaba una pasada comenzaba otra distinta y el hombre tenía que estar listo para seguirla: ésto se llamaba "engañar al bailador". En todo el baile se tenía muy en cuenta la variación y adornos en las pasadas y expresaban con los movimientos de los brazos y las manos la gracia y estilo de cada pareja.
Los instrumentos eran fundamentalmente guitarra y guitarrón pero también, en ocasiones, habían otros instrumentos de cuerda como la bandurria, el laud y violín y algunos de percusión como la pandereta. Los cantadores conocían canciones muy antíguas aprendidas de los mayores pero también habían versadores que, cuando la situación lo requería, improvisaban la copla en el momento del baile. La temática era muy variada: desde la exaltación del amor, el trabajo del campo, las creencias, los problemas de la vida diaria y situaciones como la expresada en esta jota:
Ya se van los quintos madre
ya se va mi corazón,
ya no tendré quien me tire
cantitos a mi balcón.
Y los despropósitos en el canto de las seguidillas:
una pulga saltando
rompió un lebrillo
y si no la detienen
mata un chiquillo.
También había coplas para hacer un descanso y tomar un trago:
La despedida les doy
al estilo de Teruel
tanto rato, tanto rato,
tanto rato y sin beber.
Para finalizar este Baile de la Rueda las parejas tenían que darse un abrazo, pero ese momento también lo anunciaba el cantador:
A la harina a la harina
y al trigo al trigo
aquel que no se abrace
pierde un cuartillo.
Este final del baile, con un abrazo, se sustituyó posteriormente por otras coplas de despedida:
La despedida les doy
la que dan los labradores
adiós luna, adiós sol
adiós ramito de flores.
La despedida les doy
y despedirme no puedo
por eso no pido adiós
sino que digo hasta luego.
Seguiremos...
2 comentarios:
Mayoralesas, ahora el baile de la Rueda. Todo son pérdidas. Desconozco si el Grupo de Jotas de Alcublas se ha propuesto el recuperar todo esto. Sería una muy buena idea.
En poblaciones cercanas a la nuestra sí que se han recuperado varias tradiciones de este tipo.
Hola, yo de pequeña vivía en la Plaza de los Olmos y recuerdo el baile de la rueda que contais.
Me asomaba por la ventana, el balcón me daba vergüenza, y veía bailar a aquellas chicas y chicos que entonces me parecían muy mayores.
Ha sido un buen recuerdo, espero que continueis con ello.
Publicar un comentario en la entrada