martes, 15 de septiembre de 2009

PRIMER CENTENARIO DE LA PLAZA DE TOROS DE CHELVA

El 22 de septiembre de 1909 tuvo lugar en Chelva un hecho de gran trascendencia para la villa y toda la comarca de la Serranía, la inauguración de una plaza de toros de fábrica. Hasta entonces, sólo existían en la provincia de Valencia las plazas de toros de Bocairente (1843), Utiel (1858), Valencia (1859) y Requena (1901). Por Vicente Vallet Puerta.
Cronista Oficial del Vizcondado de Chelva.


El 22 de septiembre de 1909 tuvo lugar en Chelva un hecho de gran trascendencia para la villa y toda la comarca de la Serranía, la inauguración de una plaza de toros de fábrica. Hasta entonces, sólo existían en la provincia de Valencia las plazas de toros de Bocairente (1843), Utiel (1858), Valencia (1859) y Requena (1901).

Para que tal evento pudiera celebrarse, fue necesaria la existencia de una previa vocación taurina que en Chelva existía desde hacía décadas, se tienen noticias de que en 1890 se celebraron corridas de toros en la Plaza Mayor, y que un grupo de emprendedores, en el plazo de menos de un año, dieran los pasos oportunos para cumplir su objetivo soslayando los problemas que paulatinamente se les fueron presentando, como la localización y compra de un terreno, la constitución de una junta administradora y constructora, la búsqueda de financiación y la obtención de los pertinentes permisos oficiales.

Los principios del siglo XX fueron para Chelva uno de sus últimos momentos de esplendor. Con 5.000 habitantes, una fuerte y floreciente agricultura, una extensa ganadería e industrias harineras, eléctricas y madereras -lo que no impidió el inicio de una paulatina e imparable emigración que, entre otras, afectó a parte de mi familia materna-, Chelva contaba con grandes políticos como Gil Roger Duval y su hijo Gil Roger Vázquez, José Manteca Oria y su hijo José Manteca Roger, y con prohombres como Jerónimo Torralba Solaz, Ángel Valero, Gil Manteca, Vicente Cervera, Juan Torralba López, Ramón Pujol Esteve y Recaredo Agulló, que eran diputados provinciales, senadores, pensadores, médicos, docentes y comerciantes.

Estas personas, entre otras que el paso del tiempo ha difuminado, consideraron necesario potenciar la Feria Agrícola y de Ganado de Chelva, que daba sus primeros pasos por aquellos años y se celebraba a principios de septiembre, para impulsar la economía chelvana atrayendo a la localidad a los vecinos de los pueblos y comarcas más próximas para, a cambio de ofrecerles actividades sociales, musicales, religiosas y culturales, incrementar las transacciones agropecuarias, las ventas en los comercios y en los bares, y la ocupación del mayor número posible de las camas disponibles en las distintas posadas. Un paso más, en ese ofrecimiento, fue la construcción de la plaza de toros para deleite y disfrute de los aficionados a la tauromaquia, aumentando así el número de visitantes.

Don José Roger Solaz, alcalde de la villa en aquellos tiempos, fue el impulsor del proyecto. El 11 de octubre de 1908, en el salón de reuniones de la escuela de niños, fue donde propuso la construcción del coso taurino. En la propia acta se recoge que: “era para tratar de acordar los medios de procurar la prosperidad de esta región…que a su juicio convenía la celebración de una anual…y que había de excitarse considerablemente la afluencia de forasteros, siendo el espectáculo de corridas de toros uno de ellos, por lo que proponía el levantamiento de un circo taurino”.

Secundado por los presentes, se constituyó una junta administradora y constructora formada por Jerónimo Torralba Solaz, como presidente, Mariano Roger López, como vicepresidente, Gil Roger Vázquez, como secretario, y el propio José Roger Solaz, como vocal depositario. La asociación se inscribió el 17 de octubre de 1908 en el libro de asociaciones de la Gobernación Civil de Valencia. Se suscribieron 500 acciones por valor de 25 ptas. cada una, es decir, 12.500’- ptas., que se cubrieron en su totalidad y que permitieron iniciar las obras de la plaza.
La plaza de toros de Chelva es una emblemática edificación de 25 metros de diámetro que cabe toda ella en el coso de la plaza de Valencia, que tiene 50 metros de diámetro y una circunferencia de 298 metros. Es un edificio singular al que desde 1909 han acudido la mayoría de chelvanos y chelvanas, aficionados o no a los toros, ya que en la misma, además de la “fiesta nacional”, también se han ofrecido exhibiciones de caballos y recortadores, conciertos de música, varietés, boxeo, representaciones de teatro y un largo etcétera.

La primera corrida de toros tuvo lugar el 22 de septiembre de 1909 dentro de la denominada Feria de Ganados en honor a sus augustas patronas Ntra. Sra. del Remedio y Ntra. Sra. de los Ángeles, que se celebró entre los días 19 a 26 de septiembre. Los precios oscilaron entre 1,25 ptas., la Entrada General de Sol, y 3 ptas., la 1ª Grada de Sombra. El tiempo no lo debió impedir, y a las tres y media en punto de la tarde se inició el paseíllo por los espadas Agustín Dauder “el Colibrí” y Francisco Vila Rubio, ambos novilleros valencianos, y sus cuadrillas: Garrocha, Chicorro, Dauderito, Cerrajillas, Chatillo y Pescadero. Como sobresaliente de espada Francisco Piquer, el “Algareño”, la ganadería, seis hermosos toros de Don Rufo Serrano de Cuenca, divisa celeste y blanca. Actuó la banda de música “La Sayense” dirigida por Don Benjamín Sayas Lloria, en la siguiente corrida, la del día 24, actuaría su contrincante, la de Santa Cecilia o “vieja”.

Muchas tardes de gloria y alguna que otra de sinsabores se han vivido sobre el albero chelvano. Anécdotas muchas, como la leyenda urbana de aquel torero gitano que al llegar a la plaza se negó a torear al comprobar que estaba situada justo al lado del Cementerio del Partidor, casi pared con pared, demasiado “mal fairo” para el torero calé. O como la que cuentan los lugareños más longevos del Villar del Arzobispo, pues según dicen algunos de ellos fueron a ayudar a levantar la plaza de toros de Chelva a condición que cuando ellos necesitaran mano de obra para edificar la suya, los chelvanos les ayudarían. Ocurrió que la de Chelva se terminó. Años más tarde, cuando el Villar quiso tener su plaza de toros los chelvanos no se acordaron del pacto. Y así Chelva tiene plaza y el Villar no.

Más serias son las anécdotas que nos contó Enrique Amat, crítico taurino y autor del libro “La Plaza de Toros de Chelva”, que nos cuentan la feria de la Virgen del Remedio del año 1991. En la misma, se verificó la primera y hasta el momento única alternativa que ha tenido lugar en nuestra entrañable plaza de toros, la del portugués Paco Duarte, y en la que tuvo lugar uno de los escasos percances de gravedad que ha acaecido en su ruedo. Este fue el sufrido por el espada francés Michel Lagravere, padre del niño torero Michelito.

Lo cierto es, que Paco Duarte apenas se puso delante del astado de la ceremonia con el capote. Y una vez recibió los trastos de manos del citado Michel Lagravere en presencia de Gregorio de Jesús, a la postre triunfador del festejo, el flamante nuevo matador se dirigió a la presidencia a pedir el preceptivo permiso. Luego brindó la muerte del toro a su apoderado, Fernando Segarra, con el que, tras un largo parlamento, se fundió en un prolongado abrazo y se dirigió escasamente convencido al animal. Una vez frente a él, le dio un muletazo por alto al abrigo de tablas y, de manera tan sorprendente como inopinada, se metió en el burladero dejando, con toda la flema del mundo, que transcurriera el tiempo y sonaran los tres avisos, mientras el toro se emplazaba tranquilamente en los medios. El público chelvano tuvo un comportamiento ejemplar y aceptó aquello con franciscana resignación. Fue una desconcertante alternativa, un toro al corral, una cogida y una salida a hombros por la puerta grande. Con ese ingrediente, pese a las tres horas que duró el festejo, el público se divirtió.


No era la primera vez que un toro no era muerto por el torero en la plaza de Chelva, unos años antes, en 1975, el matador de toros granadino José Julio Granada, se negó a matar el toro. Desalojado el público asistente, entre los que me encontraba, la guardia civil tuvo que dar cuenta del astado a tiro limpio, ninguno de ellos se atrevió tampoco a terminar la faena espada en mano.

No soy ni he sido aficionado a los toros, para gran deshonra de mi progenitor, a pesar de lo cual, no solía perderme ningún festejo taurino durante mis años mozos. Por qué iba? Por los amigos, por los dulces que nos daban nuestras madres o abuelas como los “rollitos de anís”, “los coquicos” o “las mariquitas” junto con tortas de “panceta”, de “jamón” o de “sardina”, la bota vieja de vino, mitad vino normal y mitad añejo, o la bota con mistela y, sobre todo, por el mismo motivo que muchos de los jóvenes de la época: por las chicas, mis queridas y entonces muy jóvenes amigas.

Desde la revista La Fénix Troyana de Chelva, de la que soy miembro de su Consejo de Redacción, hemos prestado un humilde homenaje a la plaza de toros de nuestros mayores al cumplir sus primeros cien años de existencia, editando junto con la revista trimestral del mes de julio de 2009 un suplemento de 32 páginas bajo la dirección de nuestro subdirector Baltasar Torralba Rull, bisnieto del primer Presidente de la junta administradora y constructora, Don Jerónimo Torralba Solaz.

Hemos publicado fotos inéditas, como la de la portada, que fue realizada en la década de 1920 por el notario Don Luis Navarro y pertenece al archivo fotográfico de la Fénix Troyana, y rescatadas antiguas estrofas, como las escritas por Campanita, crítico taurino, para La Fénix Troyana en abril de 1917:

Espléndido el cielo y el sol amoroso
animan la fiesta de Toros y Pan,
y lápiz en ristre me enfilo hacia el coso
a ver los fenómenos que tarde nos dan.
La plaza rebosa de gracia y salero
de niñas bonitas y de hombres de pró.
Agita el alcalde el blanco moquero.
El clarín resuena y…ahora empiezo yo.

Y en enero de 1919:

Prensado y molido
en alas del auto
sudando el menúo
de tanto calor,
por ver a los monstruos
del arte de Montes,
al fin a la plaza
llegó un servidor.

¡El gran chelvanito!
¡Silveti segundo!
(también paisanico,
¡loado sea Dios!)
Son los que esta tarde
van a quitar moños,
a quitar peinetas
y a quitarlo toó.

Por eso volando,
de tierras lejanas
a mi pueblo llego
más fiel que un reló,
y vengo dispuesto
a contarle al mundo
lo que hagan en Chelva
estos dos gachós.

En la misma hemos contado con la colaboración de los presidentes de las sucesivas peñas taurinas, Vicente Sevilla, Cristóbal Torralba y José Martínez Llopart; la del torero chelvano Vicente García; la de Mónica Morales Martínez, presidenta de su Peña Taurina; la de Enrique Amat, crítico taurino; la del recortador Javier González “Viza”; la de Paco Amado y Emilio Burgos, que nos hablaron, respectivamente, de los conciertos en las plazas de toros y de la música y los toros; con ilustraciones taurinas de Lynda Haldane, pintora inglesa asentada en la aldea de Ahillas; con un reportaje fotográfico de Manolo Portolés, nuestro director; y, por último, con los saludos y fotografías de toreros de la altura de Alejandro Talavantes, Julián López “el Juli”, Pablo Lechuga, Vicente Barrera, Enrique Ponce, Ruiz Manuel, Guillermo Albán Maldonado, Miguel Ángel Perera y felicitaciones de la Casa Real y del Conseller de Sanidad.

No quiero acabar estas líneas sin rendir un homenaje a aquellas personas que con su esfuerzo, trabajo y sudor contribuyeron en la construcción de la plaza de toros, nombres y apellidos que hemos entresacado de recibos y facturas, apellidos tales como: Ferrer, Roger, Chapa, Aguilar, Banacloche, Bolón, Fombuena, Estevan, Zapater, Mares, Solaz, y, junto a ellos, el del maestro de obras de la entonces flamante plaza, Javier Mares. Todos ellos, y muchos más que han quedado en el olvido, fueron los primeros que se beneficiaron de la construcción de la plaza de toros, ya que gracias a la iniciativa de los prohombres de la época pudieron llevar a sus casas nuevos jornales.

La construcción de la plaza de toros de Chelva, también conocida como Plaza de Toros del Partidor, fue posible gracias a la iniciativa privada. Ideada por unos y construida por otros, en su gran mayoría todos ellos chelvanos, tuvo como objetivo procurar la prosperidad de la comarca y, principalmente, de Chelva. Ojalá, pudiéramos recuperar hoy en nuestras tierras las iniciativas de principios del siglo XX, y que toda la Serranía, unida como se unieron aquellos hombres en sus proyectos, olvidándonos de partidismos, haga oír su voz reclamando mejoras en infraestructuras, enseñanza y sanidad, y ante la casi nula iniciativa privada, puestos de trabajo a la Generalitat, porque, señoras y señores, después de un siglo de sangría la Serranía está en coma y no resiste más, se nos muere poco a poco.

Desde Chelva para “Peña Ramiro”. ¡Va por Ustedes!

5 comentarios:

María Asunción dijo...

Yee!, Peña estoy escribiendo un mensaje del otro artículo y antes de acabarlo ya pones otro;jóder,
relájate un poco y déjanos poder
poner comentarios de los artículos
y saber opiniones de otro@s.

un chelvano dijo...

Un buen homenaje a la plaza de toros, a Celva y a la Serranía entera.
Gracias Vicente.

PEÑA RAMIRO dijo...

Ayer por la tarde tuvimos el placer de charlar durante un buen rato con Vicente Vallet.
Nos regaló y dedicó sus dos libros que, lógicamente, están a vuestra disposición para que los consultéis cuando queráis.
La conversación se centró en La Serranía: Chelva, Calles, Tuejar... Alcublas. Historia, anécdotas, etc, y creemos que de allí saldrán los mimbres de una excelente colaboración.
Agradecer a Vicente sus ganas de colaborar (si sus obligaciones no se lo impiden) con todo lo referido a cultura y con todo lo referido a nuestra Comarca.

Fernando C. dijo...

No soy muy aficionado al tema taurino, por lo que prefiero reivindicar una plaza de toros centenaria como la de Chelva como un perfecto escenario teatral, de exposiciones, incluso algo como el pasado Serraltur.
Lo de los toros lo dejaremos para otros. Y ni comentar las aberraciones que se producen con los llamados bous al carrer, incluído el número de muertos que se ha producido este verano.
Y no quería concluir sin felicitar a Peña Ramiro por este excelente blog.

Anónimo dijo...

Pienso igual que fernando c. Deberian de regular de alguna manera la fiesta de los toros al carrer pues los muertos que hay son evitables y el maltratto tambien.