lunes, 2 de noviembre de 2009

ALCUBLAS, MAÑANA: JOSÉ MARÍA CASTILLO.

Alcublas, año 1958. José María Castillo es invitado a escribir unas líneas en el libro de Fiestas correspondientes al mismo año. Son fiestas organizadas por la Colonia Alcublana en Valencia, bajo el patrocinio del Ilmo. Ayuntamiento de Alcublas.

José María Castillo hace un recorrido por la historia de Alcublas hasta adentrarse en el futuro, tal y cómo el creía que sería. Os trascribimos sus palabras:

Es posible que estas líneas escapen a la tónica de un programa de festejos, tan ámplio, conjuntado y excepcional conseguido este año por la Colonia Alcublana para las Fiestas de Nuestra Señora de la Salud. Pero como reflejan fundado optimismo, nos decidimos a su inserción, para alegría de unos y estímulo y esperanza de otros.
Alcublas, como lugar de origen antíguo, ha cruzado en su larga vida por situaciones de varia fortuna. El Rey Don Jaime le otorgó fueros excepcionales, equiparándola con la propia Valencia. Y sus privilegios, en cuanto a la facultad de pastoreo, fueron tan singulares que sus rebaños podían apacentar, sin peajes ni alcabalas, en todos los montes del Reino.
Declina su estrella política y se convierte en feudatario de un Señor, sufriendo las consecuencias de los regímenes medioevales, atenuadas, por cierto, en nuestra Patria. Y adjudicados su población y territorio al Monasterio de Vall de Crist (sus ruinas existen entre Altura y Segorbe), del que fue superior Fray Bonifacio Ferrer, hermano de San Vicente Ferrer; permaneciendo adscrito a esa servidumbre durante largos años.
Fuente principal de su riqueza fueron sus numerosos rebaños que permitieron una agricultura de relativos rendimientos, hasta que el progreso económico y científico iniciado en Europa en el s. XVIII, estimula cultivos remunerados que se revalorizan al ser abiertos al tráfico numerosos caminos, ferrocarriles y carreteras, entre las que figura la de Valencia-Ademuz, que tanta importancia tuvo para la población de Alcublas, pues habiéndose formado junto a esta vía de comunicación el progresivo pueblo de Casinos, han sido, son y serán muchos los alcublanos que, vendidos por la Geografía y la Economía, marchan allí a incrementar su censo.

La invasión filoxérica que a finales del siglo pasado aniquiló la producción vinícola de Francia, se extendió por España con rapidez. Y a principios del siglo presente, destruyó nuestros viñedos, creando a nuestro pueblo una situación de extrema necesidad.
Fueron los años más tristes. La emigración temporal o definitiva era aterradora. El nivel de vida de los alcublanos fue inverosímil. Comer carne y huevos a diario era privilegio rarísimo. La sobriedad, característica primera de los habitantes, llegó a límites insospechados de la que podríamos relatar un abundante y grotesco anecdotario, de verdadero ayuno.
Si los gastos suntuarios reflejan la prosperidad colectiva, piénsese la que entonces (1920-1926) tendríamos, si recordamos que un café costaba quince céntimos, una copa de licor corriente, cinco céntimos, y los que hacían de tarde en tarde tales consumiciones, eran tildados como "derrochadores". Solamente los pastores gozaban de medios un poco más abundantes.
Pero la repoblación de los viñedos volvió a dar pulso y ritmo a la vida alcublana. Y aun cuando la geografía sigue lanzando a muchos de sus hijos, es indudable que una nueva época y auténtica prosperidad se abre ante nosotros.
En un decenio, el pueblo se ha transformado; dispone de más agua; se practican costumbres de higiene; y, felizmente, ha perdido su tradicional fisonomía de aduar ante el urbanismo propugnado con entusiasmo y eficacia por tan ejemplar Municipio. Y sus moradores, bajo la influencia de estas corrientes de civilidad, se han convertido en personas afables, correctas y tradicionalmente hospitalarias, todo lo cual contribuye en gran medida para la formación de esa estación de verano de altura, que, como ninguna otra, atraerá en fecha no lejana, al gran público de la Ciudad.
Nuevas técnicas y nuevos cultivos abren horizontes halagüeños al futuro económico de Alcublas. La ganadería nómada, fatalmente condenada por el progreso a su extinción, será pronto sustituída e incrementada por sistemas esbulados con mejoramiento pecuario de especies y aprovechamiento más racional de fertilizantes. La fructicultura se desarrollará grandemente al amparo de los índices pluviométricos y climáticos que disfrutamos, así como por la proximidad a Valencia y Segorbe, importantes mercados para su venta. Y de tal suerte, el esfuerzo de los alcublanos, aligerado por los efectos de una creciente mecanización y a través de grupos y organismos cooperativistas de que ya dispone, se verá ámpliamente recompensado, permitiéndoles vivir una vida de más alto nivel y comodidad.
¡Qué felicicidad y suerte poder asistir entonces a las fiestas de la Virgen de la Salud!

Valencia, 1958,

JOSÉ Mª CASTILLO

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy optimista fue JM Castillo en sus predicciones. O a realidad era otra entonces, o se vió llevado por la euforia al escribir en un programa de fiestas.

otro penyista dijo...

Me ha llamado la ateción lo de que ya se practican costumbres de higiene.
Esa revolución creo que da para un buen artículo, Peña.