viernes, 27 de noviembre de 2009

EL ALAKRANA Y OTROS CUENTOS DE PIRATAS

Durante cuarenta y siete interminables días hemos sido espectadores del secuestro del pesquero ALAKRANA. Hemos sabido de la existencia de unos nuevos piratas que surcan los mares sin patas de palo ni garfios. Unos piratas que han pasado de beber ron a mascar hojas de khat y que su particular “isla del tesoro” ha sido, durante casi siete semanas, la vida de 36 marineros de un pesquero español… Un tesoro de 2,3 millones de dólares (según la versión oficial).


Hemos contemplado “estupefactos” la facilidad con la que un grupo de piratas somalíes ha abordado un barco atunero y ha reducido a sus tripulantes a rehenes, sirviéndose de ellos para exigir un rescate sustancioso.
Hemos escuchado cada día las últimas noticias del secuestro, las palabras desesperadas de los familiares pidiendo la liberación de los pescadores. Hemos conocido las pésimas condiciones en las que han vivido, las peripecias con la justicia española de los dos piratas capturados. Pero, sobre todo, hemos asistido (algunos resignados) al espectáculo cotidiano de convertir este suceso en material político, en un tema de alta rentabilidad electoral (y mediática) por su enorme calado social… ¡Lamentable!
Si dirigimos nuestras miradas más allá de nuestros ombligos e intentamos dar una explicación honesta y realista a este secuestro, podemos llegar a conclusiones que nos retuercen el estomago y hacen que no nos sintamos demasiado bien en nuestras pieles acomodadas de ciudadanos del primer mundo.




Desde luego esta extrema pobreza, esta imperiosa necesidad de sobrevivir no justifica que unos “negros, pobres, drogados y extremadamente violentos” aborden y secuestren durante 47 días un barco español. No lo justifico.
Sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de gente implicada en el asunto: los jefes de los cuatro clanes tribales, los mediadores, los negociadores, los intermediarios, los despachos de abogados en países europeos, los paraísos fiscales… Una nebulosa de personas, delincuentes de variada estofa, girando alrededor del botín. Los que han secuestrado el atunero son mercenarios sin escrúpulos que matan, roban o violan por unos cuantos billetes. Dinero redentor por unos días de existencias “cuasi animales”, de instintos primarios convertidos en los únicos valores, matar o morir, la “ley de la selva” como única ley.
Y todo esto da para pensar. No estoy justificando el secuestro. Pero tampoco justifico la hipocresía de nuestras miradas, que miran pero no ven lo que no les interesa o resulta molesto.



Porque creo que estaría bien que este acto de moderna piratería sirviese para que nuestros ojos fueran más allá de la dialéctica política, de la patética rentabilidad electoral y fuésemos capaces de cuestionarnos el mundo en el que vivimos y el futuro que nos aguarda.

Porque a pesar de que esta historia ha tenido, afortunadamente, un final feliz, me ha quedado una duda ponzoñosa, un regusto amargo que distorsiona mi plácida comodidad burguesa: en todo este asunto ¿quién realmente es el pirata?
Creo que es de urgente necesidad la revisión y lectura de la Declaración Universal de los Derechos Humanos por todos los gobiernos, por todos los dirigentes y por todos los ciudadanos (sobre todo los que tenemos la suerte de saber leer y habitar en la parte rica del planeta). Es necesario recordar que estos Derechos atañen a TODO EL MUNDO, a todos los HOMBRES y MUJERES del PLANETA TIERRA. A TODOS. Y SOMALIA, de momento, forma parte del mundo, aunque no queramos verlo.
Me permito traer aquí el artículo 1:
Artículo 1
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
http://www.es.amnesty.org/


Los parches en los ojos nos están delatando.

ASMARA

7 comentarios:

anton dijo...

Yo conozco a más de un pirata y no hace falta irse tan lejos.
Te doy la razón en tus ideas, Asmara. No hay peores ojos que los que no quieren ver.

Anónimo dijo...

Lo que a mi me parece es que el Alacrana estaba pescando fuera de zona permitida, y luego pasa lo que pasa.
Razón tienes cuando dices que lo poco bueno que tienen nos lo llevamos nosotros, como siempre pasa.
Buen artículo, Penya, o mejor dicho Asmara.

El Blanco dijo...

Estoy de acuerdo con lo de revisar los derechos humanos, pues yo aplicaría la Ley de Talión(ojo por ojo, diente por diente). Desgraciadamente pienso que los delincuentes, asesinos, pederastas, violadores y demás chusma carroñera que pulula por ahí tienen casi más derechos que nosotros, gente honrada, respetable y trabajadora. Hay veces que me gustaría vivir en la edad media, pues ahora estamos en la edad de piedra en el ámbito judicial, pues todo es burocracia y lentitud, cuando la justicia debería de caer de golpe sobre los asesinos, pederastas, violadores y demás cual guillotina. Eso es justicia.

Uno de aquí dijo...

Perdona Blanco, pero discrepo contigo. Considero muy difícil el dónde ponder la barrera entre la chusma carroñera y la gente honrada, respetable y trabajadora, como tú dices.
Habría que analizar más a fondo el por qué uno pertenece a uno u otro bando. Al somalí posiblemente no le quede más salida esa o la muerte. Nosotros afortunadamente tenemos más donde elegir.
Saludos a todos.

Ucraniano dijo...

Dios que todo lo ve, cuanto verá.
¿Quienes serán los verdaderos piratas?....Ingleses, Italianos.....

punky de postal dijo...

Ya lo decía la Polla Rekods: políticos estafadores juegan a vivir de tí, fabricantes de armamento, eso es jeta de cemento, las religiones calmantes y las bandas de uniforme...pos eso, vivimos la gran mentira que es este mundo.

Anónimo dijo...

San Agustín cuenta la historia de un pirata capturado por Alejandro Magno, quien le preguntó: “¿Cómo osas molestar al mar?”…
“¿Cómo osas tú molestar al mundo entero?” -replicó el pirata-. Yo tengo un pequeño barco, por eso me llaman ladrón. Tú tienes toda una flota, por eso te llaman emperador”

(Chomsky, “Piratas y emperadores”)