martes, 15 de diciembre de 2009

ENTRE CHELVA Y AHILLAS



28.11.09 - 02:48 -
V. LLADRÓ VALENCIA.
Las Provincias
A medio camino entre Chelva y Ahillas, rebasado ya el puertecillo tras el pico del Remedio, nos sorprende una imagen poco habitual en estos tiempos. Un labriego con dos mulas.
-Buenos días, ¿cómo se llama?
-Juan Vicente.
-¿Y de apellido?
-Vicente es el apellido.
-¿Hacia dónde va?
-A Ahillas, a labrar un poco.
-¿Con las mulas?
-¿Cómo, si no?
-Como ya no va quedando de esto.
-¿Y qué voy a hacer?, es lo que tengo. ¿Ustedes se ganan la vida con fotos y preguntas? ¡Qué fácil!, ¿no?
-Hombre, si a esas vamos, usted aún va a lo seguro, a labrar, que nosotros andamos a la aventura. A ver qué encontramos. ¿Tiene hijos?
-No, si no me casé, soy mozo.
-¿Cómo fue eso?
-Con tanto trabajo no tuve tiempo de encontrar novia, y a mi edad...
-¿Cuántos años tiene?
-¿Cuántos me echa?
-Sesenta y ocho.
-Cuatro más, setenta y dos.
-¿Qué va a poner en lo que labre ahora?
-Cebada para las caballerías y un poco de trigo. A ver si nos llueve de una vez, que por aquí está todo seco.
-¿Y cuánto tiempo le va a llevar?
-Ahora estaré labrando tres o cuatro días. Luego regresaré al pueblo con la mula negra cargada de leña.
Poco después, en Chelva, al comentar la gracia de este encuentro, la dignidad de Juan Vicente y su perseverancia en una forma de vida tan auténtica y natural, que se resiste a desaparecer, alguien comenta: «Es un poco como el último Mohicano», y aclara que «algunos vecinos lo conocen como el hombre antiguo», pero que no lo dicen en tono despectivo, sólo es porque lo ven como un claro ejemplo vivo de lo que fue el campo en la Serranía.
En realidad, aclaran, lo que más se valora, en el subconsciente colectivo del pueblo, es que «Juan Vicente hace lo que le da la gana, es listo como nadie, y libre, muy libre». Y feliz, apostillamos; es el hombre antiguo y feliz.
Más adelante, cerca ya de Ahillas, encontramos a dos pastores y una pastora,cada uno con su rebaño de ovejas, los tres con tanta nobleza como Juan. Coinciden en su fatal diagnóstico: «Esto se acaba».
Vicente Hernández, que lleva unas 300 ovejas, se queja de lo ruinoso de su trabajo. «Porque nacimos con esto -confiesa-, pero nadie más lo quiere; es muy sacrificado y no da para vivir».
Mercedes Aranda cuida de 200 cabezas, es viuda y sigue en esto para ayudar a su hijo, que complementa su renta con contratos en actividades forestales. Por un cordero les pagan sólo 13 euros, lo que le cuesta a un consumidor un kilo de chuletas. Toni 'el Royico' es el más mayor, le 'tiran' los animales y aún saca a unas cuantas ovejas a diario, por seguir en lo que siempre hizo.

7 comentarios:

The Last Samurai. dijo...

Recordemos, que según el cuento, el hombre más feliz del mundo no tenía camisa.

Como se puede comprobar, para ser feliz, con poco basta, es cuestión de proponerselo.

Anónimo dijo...

TENGO ENVIDIA DE ESTA GENTE, DE LO FELICES QUE SON CON CASI NADA, NO SE ESTRESAN POR NADA, SI OS DAIS CUENTA, SOLO IBA A SEMBRAR PARA QUE COMIERAN SUS ANIMALES, AUNQUE PAREZCA Y SUENE RARO, ME GUSTARIA VIVIR COMO ESTAS PERSONAS, SIN TENER QUE DAR CUENTAS A NADIE. MI ABUELO ME CUENTA QUE ANTES IBAN A LA OLIVA, Y EL DIA QUE COGIAN UN PAR DE SACOS, ERAN LOS MEJORES, AHORA, EL QUE VA A LA OLIVA Y NO TRAE UNOS CUANTOS CIENTOS DE KILOS, NO SE GANA NI EL JORNAL.
UN SALUDO.

Anónimo dijo...

La mejor definición de hombre feliz es la que indican estos serranos:
"Juan Vicente hace lo que le da la gana, es listo como nadie, y libre, muy libre".
Lo paradójico es que al lado de la palabra libre está la de antiguo. ¿Será que ya no quedan personas libres modernas?
Posiblemente.
Gracias Peña por estos artículos que nos hacen pensar un rato.

Victor dijo...

Juan Vicente, sin saberlo, es el prototipo slow.
Qué cerca y qué lejos tenemos las cosas.

The Last Samurai. dijo...

Coincido con el anónimo de las 09:10, en la pregunta, no quedan personas libres modernas?
Creo, que hoy las personas, en un porcentaje muy alto, son esclavos del " tiempo ".
Lo que produce los tiempos en que vivimos, en los que hay que trabajar más, para tener más.

Pero la pregunta sería:

- ¿Para disfrutarlo cuándo?

menos es mas dijo...

Nos hemos tirado todos por el tema slow y no hemos prácticamente hablado del desastre de la ganadería y de la agricultura.
Aquella gente (la del artículo) con poco vivían. Hoy no se vive ni con mucho: hipotecas, pagos de maquinarias, jornales (el que los puede pagar), familia que no quiere ir a la oliva, etc, etc.

Mario dijo...

Me ha encantado el artículo. Cuán diferente es Valencia cuando se sube por la pista de Ademuz y se supera el llano, para empezar a subir a los pueblos de la montaña.

El interior tiene poco o nada que ver con la costa y todavía es posible encontrar cosas como las que describes.
En el Mas de Aliaga o en Villar de Tejas también queda algún chelvano que más parecen personajes traídos de tiempos pretéritos que han aparecido de forma casual en esta modernidad que lo quiere inundar todo. Es pura resistencia al cambio impuesto.

Me gusta la filosofía SLOW. Tengo que empezar a aplicarla a todo.