miércoles, 13 de enero de 2010

HAN TRABAJADO EN ALCUBLAS...

D.LEON PIQUERAS MORTE
UNA CELEBRIDAD MÉDICA DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX

(3ª PARTE)

"LEPRA Ó ELEFANTIASIS DE LOS GRIEGOS"

Continuando con la serie de entradas, en este blog Peña Ramiro, relativas a D.León Piqueras Morte, médico titular de Alcublas durante los últimos años del siglo XIX y principios del XX, a continuación me centraré en comentar su trabajo sobre la lepra (“Lepra ó elefantiasis de los griegos”), que obtuvo el prestigioso premio José Calvo en 1901, y que se publicó completo en los Anales de la Real Academia Nacional de Medicina del año 1902, págs.126-174.


El trabajo de D. León Piqueras consta de PRÓLOGO y de los siguientes ocho capítulos: CAPITULO I: FRAGMENTOS HISTORICOS DE LA LEPRA EN ESPAÑA; CAPITULO II: HISTORIA DE LA LEPRA EN ALCUBLAS; CAPITULO III: SINONIMIA Y DEFINICION DE LA LEPRA, CON BREVES COMENTARIOS PERTINENTES A LA DICHA DOLENCIA Y DEFINICION; CAPITULO IV: ETIOLOGIA DE LA LEPRA; CAPITULO V: SI ES HEREDITARIA LA LEPRA Y SI ES Ó NO CONTAGIOSA; CAPITULO VI: SINTOMATOLOGIA DE LA LEPRA; CAPITULO VII: ANATOMIA PATOLOGICA DE LA LEPRA - CURSO, DURACION Y TERMINACIONES y CAPITULO VIII: DIAGNOSTICO; PRONOSTICO Y TERAPIA DE LA LEPRA.

El apartado más interesante de la memoria, sin desmerecer al resto, es el capítulo segundo: “Historia de la lepra en Alcublas”, precisamente el dedicado a la clínica de la enfermedad, en el que hace un repaso sobre el origen de la epidemia existente en Alcublas en el momento del escrito, es decir, el año 1901, así como expone de manera bastante detallada catorce historias clínicas de “cuantos leprosos hallé en Alcublas cuando me encargué de su servicio médico”. Su lectura permite apreciar toda la minuciosidad con la que D. León Piqueras hizo el diagnóstico y ulterior seguimiento de los casos vividos por él en Alcublas.

La epidemia de lepra que padecía en ese tiempo Alcublas la atribuye sin ningún tipo de dudas a una mujer originaria de la localidad de Losa del Obispo que la propagó: “Sabemos que hasta el año de 1860, se encontraba aquélla (Alcublas) libre de lepra (…) año en que comenzó a ser visitada con harta frecuencia la dicha población por una mujer leprosa, vecina de Losa del Obispo (provincia de Valencia) y dedicada al comercio ambulante de ropas, en que apareció invadida otra persona del mismo sexo(…), llamada Vicenta M.L.(…) de treinta y nueve años, natural de la mencionada villa de Alcublas, con la que mantenía una estrecha amistad.

A su vez, Vicenta M.L., casada, y que “se dedicaba á las faenas propias de su sexo”, en un primer momento transmitió esta enfermedad a su hija para posteriormente hacerlo “á otras personas de la misma localidad, que por lo general resultaron ser, ora de las que tenían algún parentesco con las primitivamente inficionadas, ora aquellas que se habían rozado más íntimamente con las mismas.”
Y de esta manera “quedó constituida y formalizada la endemia lazarina en Alcublas, y si bien es verdad que la marcha invasora del germen que la origina es excesivamente lenta por la poderosa razón (…) que las condiciones del contagio de la lepra son muy raras. Y créome que, de no ser indiscutible de todo punto esta afirmación, con seguridad que en este pueblo de Alcublas seríamos ya la mayoría los enfermos de lepra (…)”.


A continuación, como muestra para que el lector se haga una idea más ajustada y real de este estudio médico, transcribo casi completas las cuatro primeras observaciones clínicas, de las catorce reflejadas en la memoria de D. León Piqueras. Por respeto a la intimidad de los posibles descendientes, vista la enfermedad de la que se trata, únicamente mencionaré las iniciales de los apellidos de los enfermos. Adelanto que su lectura no dejará a nadie indiferente:

"Observación clínica núm.1.
Nicolás L.N., de veintiocho años de edad, natural de Alcublas, soltero, pastor de profesión, y sin más antecedentes hereditarios que la circunstancia de tener una tía suya que falleció de lepra, como igualmente dos hijos de la misma (…)
Refiriéronme sus padres, que hacia los catorce años comenzó por manifestar en la cara, brazos y piernas manchas de un color parduzco y de diferentes tamaños. Así continuó por espacio de muchos tiempos, sin que su salud se alterase en gran medida hasta que le brotaron una gran porción de bultos en las mencionadas regiones, cayéndose al propio tiempo las cejas, y perdiendo el sentido en aquellas. De este modo, al decir de los mismos, fue poco á poco desenfrenándose la enfermedad (…).
Por los síntomas se hallaba padeciendo la lepra mixta en su periodo ulcerativo y caquéctico, como lo demuestra el hecho de haber fallecido á poco tiempo en tan deplorable estado."


"Observación clínica núm.2.
Francisco L.C., de treinta y dos años de edad, natural de Alcublas, soltero, labrador de profesión y sin antecedentes hereditarios ni patológicos de ningún género. Dijéronme, tanto él mismo como sus padres, que no recordaba haber tenido relación con personas inficionadas y, por tanto, que ignoraba la causa de su enfermedad.
Empezó ésta hacia los veinte años, de una manera muy semejante al leproso que hemos historiado anteriormente, continuó evolucionando de un modo análogo, y cuando le visité por primera vez, pude apreciar que padecía también la lepra en su periodo ulcerativo, aunque no en un estado tan avanzado como el del anterior leproso.
Dispuse como tratamiento un régimen eminentemente reconstituyente: el uso de los arsenicales y la antisepsia externa para combatir las diversas úlceras que padecía (...)"

"Observación clínica núm.3.
Josefa A.H., de cincuenta y seis años de edad, natural de Alcublas, viuda y dedicada á las faenas propias de su sexo, atribuye el origen de la dolencia que hace doce años se halla sufriendo, á un terrible enfriamiento que experimentó en aquel entonces, sobre todo en las manos y pies.
Manifiesta que comenzó su mal por la aparición de vanvollas en los indicados pies y manos, que se reventaban fácilmente (…) Las ulceraciones que de ellos resultaban, cicatrizaban en los primeros años con suma facilidad. No transcurrió mucho tiempo sin que dejara de notar la falta de sensibilidad en las regiones afectas (…)
Así continuó por muchos años, sin avanzar ni retroceder; pero por fín llegó una época en que algunas vanvollas de las que seguían brotando, ni que se abrieran espontáneamente, ni que las reventara ella misma, terminaban en lesión que se convertía en úlcera, sin tendencia a la cicatrización.

Con semejantes antecedentes patológicos y con la anestesia específica que aprecié, tanto en las manos y antebrazos como en los pies y piernas de la enferma, juntamente con las mutilaciones consiguientes, no vacilé un momento en convencerme de que padecía la forma anestésica de la lepra.
Posteriormente ha ido haciendo progresos, como es natural, el referido mal, si bien lo ha verificado con suma lentitud, cual corresponde al curso de la forma de lepra que nos ocupa (…) y que contempla las múltiples y variadas lesiones, que tanto en las manos como en los pies, sobre todo, presenta la infortunada leprosa en cuestión.
Concrétase el tratamiento, de que se hace uso actualmente, á un régimen reparador y á los antisépticos exteriormente."



"Observación clínica núm.4.
Andrea L.C., de veintisiete años de edad, natural de Alcublas, soltera y dedicada á las faenas de su sexo, y hermana del leproso que ha motivado la observación núm.2, con quién vivía.
Díjome que cuatro años después del desarrollo de la lepra en su hermano Francisco, comenzaron á salirle á ella también manchas morenuzcas en la cara, de distintos tamaños, que más adelante se hicieron extensivas á los brazos y piernas; de manera que unas terminaron por desaparecer mientras que otras persistieron indefinidamente. Transcurrido un tiempo, que ella no puede determinar, advirtió que le caía el pelo de varias regiones de su cuerpo (…)
Así marchó progresando el mal hasta el extremo de aparecerle en la cara, y después en las extremidades, unos abultamientos menores que garbanzos, y sin sentido en los puntos que brotaban; en cuya situación la encontré á mi llegada presentando el siguiente cuadro:
(…)Desaparición de las cejas (…) conformando facies verdaderamente leprosas, voz disfónica, nariz deformada, y tanto en los remos superiores como en los inferiores se notaban varias manchas de color bronceado, con úlceras de fondo sanioso y bordes callosos, y diversos tubérculos sin úlceras todavía.
Ante estos síntomas (…) diagnostiqué, lepra de forma mixta en su período ulcerativo. Actualmente se hallan más avanzados las múltiples lesiones que le asedian, y á pesar de ello rehusa en absoluto toda medicación que se le prescribe, por lo infructuosa que le han resultado las muchas de que ha hecho uso."




A pesar del lenguaje metódico y objetivo empleado por nuestro médico, estas observaciones clínicas impresionan y dejan en el lector un poso de enorme tristeza. A fin de cuentas, retratan en toda su crudeza la dimensión humana de la lepra, es decir, el sufrimiento de unos seres humanos que padecen una enfermedad horrible que poco a poco va minando su salud, sin visos de curación, puesto que en esa época los tratamientos eran poco efectivos y la convertían en incurable, y con el único horizonte posible, más próximo o más tardío según casos, de una terrible e inevitable muerte.

A finales del siglo XIX y principios del XX, el problema sanitario número uno en Alcublas era la lepra.

Espero, en una próxima colaboración en este blog PEÑA RAMIRO, poder relatar la meritoria labor que emprendió D. León Piqueras Morte desde su puesto de médico titular en su lucha contra esta terrible enfermedad y, por tanto, en favor de la mejora de la salud pública de los habitantes de Alcublas…



Por Juan Antonio Fernández Peris del Centro Excursionista de Chelva
y colaborador del blog PEÑA RAMIRO


9 comentarios:

Anónimo dijo...

Completamente de acuerdo con Juan Antonio en preservar los nombres de los enfermos. Parece que hace muchísimo tiempo pero no hace tanto. Las identidades es mejor no revelarlas.
Un fantástico artículo.

galeno dijo...

Es curioso ver qué tratamientos pautaba el dr. Piqueras para paliar la enfermedad. Viéndo lo que existía entonces te das cuenta todo lo que ha avanzado la medicina. También curioso que un paciente rechace el tratamiento debido a que todo lo que se le había dado hasta entonces no funcionaba. Qué sería de nosotros -con todas nuestras quejas- con los tratamientos de entonces y las enfermedades o pandemias de la época. No lo quiero ni pensar.

hurgador dijo...

Buscando buscando:
El Dr. Piqueras va fer un estudi sobre la le-pra en Alcublas, on ocorre una cosa semblanta allò que passà a Parcent. Fins el 1860 no hihavia cap leprós, en aquest any vingué al po-ble una dona leprosa d'un altre poble vene-dora de roba, contaminà una veïna d'Alcublas, aquesta la va encomanar a la seua fillai d'ací s'extengué a altres persones del poble

Anónimo dijo...

En aquellos años la cueva santa tendría más visitas que nunca. La virgen era especialistas, entre otras muchas cosas, en lepra.

qué menos dijo...

Su hijo si tiene calle en Alcublas, pero creo que el padre no. Con todo lo que nos ha sacado este amable chelvano sobre la historia de una de las personas más celebre que han trabajado en nuestro pueblo, algún reconocimiento se le podía hacer. ¡Qué menos que una calle... o el centro médico!

Ramón M. dijo...

Gracias Peña por encontrar personas no alcublanas que se preocupen tanto por nuestro pueblo. Así se hacen las cosas, colaborando entre todos.

Un penyista dijo...

Felicitar a Juan Antonio. Lo vamos a nombrar hijo adoptivo de Alcublas.

manzanera dijo...

El Doctot León Piqueras, no tiene ningún hijo con una calle en Alcublas, la calle de Daniel Piqueras, es de un ingeniero de puentes y caminos, procedente de Manzanera, pueblo del que proceden por via materna (visabuela) los manzaneros de Alcublas.

PEÑA RAMIRO dijo...

Agradecido por la aclaración , Manzanera!!
No lo sabíamos.