miércoles, 24 de febrero de 2010

TIEMPO DE CRISIS

En época de crisis aparece la necesidad de reformar todo aquello que, hasta hace bien poco, nos parecía bueno y adecuado para nuestra plácida forma de vida occidental. Es ahora, casi de sopetón, cuando los políticos anuncian que es ineludible acometer cambios para transformar el sistema económico, el mercado de trabajo, las prestaciones sociales, la educación y hasta las más elementales formas de relacionarnos.




La crisis aprieta y hay que dar soluciones rápidas. Para no perder prestigio político unos y otros, los de aquí y los de allí, se afanan en buscar respuestas “originales” (a veces un tanto esperpénticas) para paliar en lo posible las consecuencias de este terremoto financiero que nos ha bajado los pies a tierra y nos ha descubierto que el mundo ideal en el que vivíamos era pura ficción. Ficción, por otra parte, ideada, dirigida y consentida por los que ahora buscan soluciones ¡paradojas de la vida!.


El siglo XXI no ha comenzado bien.
Es evidente que el sistema económico que desde el siglo XIX ha manejado el mundo, no ha funcionado y que desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta ahora, el “equilibrio” conseguido ha sido muy frágil. Las sociedades basadas en “el tener” fracasan cuando menos te lo esperas. El desenfreno tiene estas consecuencias. Nada es gratis y mucho menos, la insensatez, sobre todo la insensatez y la irresponsabilidad de los que han dirigido la función.


Ahora es tiempo de tomarse las cosas con tiempo, con calma. Hay que dedicarle tiempo a la reflexión para que las decisiones sean válidas, realistas y comprometidas.
Las reformas son necesarias, desde luego, pero sin improvisar
. Esos cambios profundos han de pasar, sin más excusas, por tener una visión globalizada de los problemas, por tener la voluntad de gestionar de manera sostenible los recursos del planeta, por querer trabajar para conseguir un bienestar mundial basado en la justicia y en la igualdad, en el respeto por la Naturaleza y, sobre todo, en un verdadero y sentido respeto hacia el ser humano, hacia todos los seres humanos, independientemente de su lugar de nacimiento.



Habrá que dar soluciones a los problemas coyunturales, a los que nos afectan todos los días, pero mirando de frente a los errores estructurales que mantienen al mundo en este difícil e insostenible “equilibrio”.

Ya es hora de enmendar los desatinos.

EL POBRECITO HABLADOR






6 comentarios:

moraleja dijo...

La palabra patria está mal vista y trae sentimientos negativos en casi todos nosotros. Curiosamente esto solo ocurre en España, en otros países la gente está orgullosa de su país. Hasta que no nos quitemos esos fantasmas del pasado no haremos patria. Y ahora es necesario, tanto eso como dejarnos de reproches. Hay que actuar.

S. XXI dijo...

Llevas razón Pobrecito con que el s. XXI no ha empezado bien. Bastante peor que el final del pasado. Pero de todo se saca moraleja, como el anterior comentarista: la crisis no es todo negatividad, algo de resurgimiento tiene. La idea es que ponderemos lo positivo por encima de todo.

Anónimo dijo...

Buena reflexión, Penya, en la línea.

Anónimo dijo...

Pobrecito que le vamos a hacer , hay crisis, pero solo cuando cae la economía nos fijamos, antes los que avisábamos de q algo no acababa de funcionar. eramos unos pesimistas.
Sin dinero ya no hay rock-and roll

Anónimo dijo...

Si de la crisis no intentamos sacar lo positivo, ¡apañados estamos!
Crisis=cambio.

hay hay dijo...

El Pobrecito Hablador es el Parnaso de los criticones, el Paraiso de las porteras, el hogar de las lenguas de doble filo.