miércoles, 10 de marzo de 2010

HAN TRABAJADO EN ALCUBLAS...DON MIGUEL (EL PRACTICANTE)

A pocos jóvenes les sonará el nombre de D. Miguel López Marin, pero a sus padres y sobre todo a sus abuelos, si se lo nombran seguro que lo recuerdan. Desgraciadamente ya no está entre nosotros, pero fue un hombre que en el campo de la medicina rural, lo realizó todo: practicante, dentista, comadrón, médico, llegando a salvar algunas vidas, que ya se daban por perdidas. La historia de su vida es bastante larga, por esto vamos a realizar estos recuerdos en dos partes.


Nació en Vallada en el mes de Mayo de 1920, cuarto de 12 hermanos, aunque murieron dos hermanas a causa de una plaga muy extendida de difteria en aquellos años, (se le conoció como La Cucaracha). El nacer en Vallada fue porque su padre que era médico se presentó voluntario, al fallecer el médico titular por la citada epidemia. Aunque este era medico titular y forense del término de Jijona. Fue criado por “la tía María la Serena”.
Después de esto la familia se instaló en Jijona y aparte de la medicina, su padre montó una fábrica de chocolate, junto a un amigo. Todo el cacao y la canela en rama la traían de Fernando Poo. La canela se tenía que moler a mano.
Le gustaba hacer algún experimento que otro. En una ocasión llenaron un tubo de hierro con pólvora hecha de polvo de carbón vegetal, nitrato de potasio, azufre y una mecha y lo metieron en un tronco de algarrobo, fue tal la explosión que alarmó hasta la Policía Local.
A los trece años, comenzó su andadura musical con la guitarra, pues su padre lo presentó a una rondalla que había en Jijona. Tuvo mucha facilidad en el aprendizaje y rápidamente fue primera guitarra acompañante, llamando mucho la atención porque aún llevaba pantalones cortos. Más tarde, ya en Valencia estudiando magisterio (aunque luego se decantó por la medicina) iba con un hermano al conservatorio, donde conoció a Narciso Yepes, tocando junto con él. Montó un cuarteto llamado “Mediterráneo” como la emisora que actuaban, entró de clown en el Circo Hervás con los hermanos Díaz, dejando todo esto de las turnés cuando ya conoció a su novia.
Fue su padre quien le metió el gusanillo de la medicina, pues presenciaba sus consultas, le acompañaba cuando hacía alguna autopsia. Después fue a la facultad en Valencia viviendo con pocos medios.
Aprobó todas las asignaturas, pero fue suspendido por el profesor. Era amigo de su padre; y le dijo que había aprobado todo, pero como era hijo de su amigo, quería que fuese un buen profesional y lo suspendió hasta septiembre, luego lo examinó con un montón de preguntas fuera de programa y le dio sobresaliente.
Fue a colegiarse, permaneciendo en lista de espera le sorprendió la Guerra Civil, y fue de un día a otro alistado en el bando republicano. Fueron llevados a Alicante, Ciudad Real, Valdepeñas, Despeñaperros, Córdoba, (donde les colocaron en segunda línea). A los dos meses más o menos un ataque de los nacionales les obligaron a retirarse sin orden alguno. Al poco tiempo unos militares los llevaron a Ciudad Real, viendo un espectáculo se encendieron las luces a mitad de función entró un grupo de recuperación y como no llevaban documentación, de cabeza al calabozo.
Gobernando Franco fue llamado a quintas, así que después de un año de guerra, le tocaron cuatro más de mili. En el viaje de ida a Santander, hubo una gran nevada y de forma autorizada se quemaron dos vagones para calentarse, de comida garbanzos crudos y así se pasaron dos días en los vagones. Estando en Santander ya entró en el botiquín, después le concedieron el traslado a capitanía y ya como final el botiquín del cuartel de Manises. Después de la licencia estuvo de anestesista cinco años en la Policlínica de Valencia.
En una ocasión, su padre le mandó a Albalat dels Tarongers, a sacar sangre a una mujer muy obesa. Tenía el brazo hecho polvo de los pinchazos. El le busco la vena en el pie y acertó a la primera.
La primera vacante que consiguió, fue un pueblo de Guadalajara, lindando con Teruel, llamado Piqueras. Viaje en tren hasta Sta. Eulalia, autobús hasta Alusante y el resto les esperaba unas caballerías mandadas por el alcalde que después de un accidentado camino se divisó el pueblo de unos 130 habitantes; fue tan decepcionante que le dijo al joven de las caballerías que quería volverse. Habló con el alcalde, haciendo un contrato por dos meses, le pagaban una pequeña cantidad de dinero y el resto en especias (patatas, legumbres, harina, leña, etc. A cambio estaba obligado a atender el pueblo durante 24 horas y 365 días, haciendo de médico de urgencias, suturas, fracturas, picaduras.
Una noche tocaron a la puerta y bajó con un candil (la luz eléctrica no existía), abrí la puerta y aquel pobre hombre se pegó un susto de muerte, pues se creyó que yo era un maqui cuando lo que quería era que atendiese un parto. Cuando llegó el niño ya había nacido y la parturienta estaba de pie con un grupo de mujeres, la reconoció porque aún llevaba el cordón visible de la placenta con dos albarcas atadas colgando y la hacían andar con estos péndulos de peso entre las piernas para que se despegase. Lo solucionó extrayendo todo con la mano.
Una tarde de caza, se hizo una barraca para esperar a las liebres, cuando al rato aparecieron un grupo de hombres metiéndose en una caseta, deduciendo que eran maquis, no quiso salir de su escondite y hasta las once no se marcharon y en el pueblo ya habían salido a buscarle. Otro día de caza le dieron el alto por la espalda y pudo sentir el frío del cañón de un arma, “Manos arriba, tire el arma, vuélvase poco a poco” era el sargento de la Guardia Civil,¡ Pero si es Don Miguel, que susto nos ha dado! .
Un día de invierno, que por cierto allí era muy crudo, con temperatura de 8 y 12 bajo cero, (había más de medio metro de nieve), tuvo que atender a la mujer del alcalde que llevaba un niño muerto ya varios días, en posición de nalgas incompletas. Sin instrumental, con candiles, sin anestesia,¿ Qué podía hacer?.El alcalde le dijo, si atiendes a mi mujer y le pasa algo, te perdonaré todo; si no la atiendes, aquí tengo la pistola lista. Puede decirse que en la vida se le murió mujer alguna en obstetricia y partos; tuvo un buen profesor (el que le suspendió y quiso que fuera como su padre).La episiotomía vulvar la tuvo que emplear muy pocas veces, las precisas y puntos tres o cuatro ( con los que se dan hoy en día ) y cesárea ninguna. Así que tuvo que vérselas con la extracción de Morriseau, cuando ya están fuera piernas y medio cuerpo buscando la apertura de la boca agarrando con el dedo el interior para no desnucar a la criatura. Esto implicaba introducir la mano hasta el codo, los brazos embadurnados con vaselina y como antiséptico el jabón lagarto. Al cabo de cuatro horas le dio la enhorabuena y también le regaló medio cordero, de muy buena voluntad, pero la carne estaba podrida y no la quiso ni el perro.

Fin del primer capitulo.


Pallamin

10 comentarios:

Anónimo dijo...

En aquella época no habían especializaciones. Hoy en día un médico sabe mucho de una patología concreta pero no le preguntes por unas anginas, que ni idea. Evoluciones de la vida.

Anónimo dijo...

Pallamin, vuelves por tus fuerossss.
Cada vez hay más gente que dejó huella en el pueblo. Lo importante también es que siga gente dejándola.
No digo más, que luego vienen las críticas.

economista Gay dijo...

¡¡Qué pluma tienes, Pallamin!!
Y lo digo sin segundas, con todas las de la ley.

Huey dijo...

El mundo ha perdido un literato y ha ganado un carpintero. No pasa nada, hasta el padre de Jesucristo era colega.

a ver si cunde el ejemplo dijo...

Miguel, persona como pocas que he conocido, amante de los demás y de su trabajo.
Si hoy en día se quisiera tanto a lo que cada uno desempeña, otro gallo cantaría. Para Miguel no habían horarios ni personas, vivía con esa dedicación.

RAUL(MADRIDISTA) dijo...

Goooooooooooooooooooool del olimpic de lion,gol, gol, goooooooool.
ALA MADRID ALA MADRID TE QUEDAS SIN LA DECIMA EN TU ESTADIOOOOOOO

Anónimo dijo...

Todavía recuerdo la "clínica" de D.Miguel en el mesón aquel pasillo largo y al final la puerta con cristal granulado que dejaba entrever la luz amarilla,"que miedo me daba", me alegro que vuelvas Pallamín

Biennacido dijo...

Tienes razon cuando dices que: "salvo algunas vidas" en Mi caso me ayudo a nacer en un parto muy complicado, seguramente tambien le salvo la vida a mi madre.

historiador diago dijo...

Un 10 a mi colega Pallamin.
Y por lo que parece aun falta lo mejor de este artículo. ¿Vendrán muchos más?

Anónimo dijo...

Yo, nací en octubre del 62 con la ayuda de Don Miguel. Hera un zamarro de casi 5kg y venia de lao.De pequeño me contaron que la cigüeña me dejo en el balcón del que me cai y me rompi un brazo. Años más tarde D.Miuel me contaba como él con sus propias manos me rompio un brazo para poderme sacar.Savia bien lo que hacia hoy no se que que brazo fue.MUCHAS GRACIAS