jueves, 29 de abril de 2010

ALCUBLAS DE ROMERÍA

El próximo sábado Alcublas se va de romería. Como todos los años acudiremos a la Cueva Santa. Es un día especial para el pueblo: se reúnen las familias y los amigos para comer; es un día de reencuentros y de convivencia; se comparte almuerzo, charla y camino. Escenas como éstas, retratadas por Rafael Llatas, parecen no pasar de moda. El mismo recorrido, las mismas paradas, el respeto a las tradiciones. Grupos de jóvenes que hacen juntos el trayecto posan a la llegada a la Cueva para inmortalizar el momento. Vemos estas fotografías y sonreímos, ¿tanto hemos cambiado?


Se acompaña a la Virgen. Los 12 Km. que separan Alcublas de la CUEVA SANTA, ese día se acortan, disminuyen ¿ya estamos en el descansador? ¡no puede ser! La charla distrae, repercute en los pasos que se vuelven ligeros y animosos.

El aire fresco de la mañana es un regalo. El monte huele a romero, a tomillo, a espliego. La primavera acompaña a los caminantes. El paisaje se abre a los ojos, las montañas se funden con el cielo y allá al fondo, casi se percibe la costa, el mar ¡tan cerca y tan lejos!.


Los capazos con la comida están preparados. Empanadillas, jamón, pan, vino, tortillas, coca de llanda y un pedazito de chocolate para acompañar el café. No falta de nada.
A la vuelta, hay más calma.
Los caminantes acusan ya el cansancio y no son tan numerosos. Se ven diseminados: por aquí unos chavales que vuelven con el sol clavado en las mejillas y las frentes sudorosas, por allí una mujer sola a buen ritmo ensimismada en sus pensamientos, tal vez dándole gracias a su Virgen por algún favor recibido y por allá, bastante rezagado, va un grupo de hombres caminando sin hablar, quizás recordando a todos los que no están y que este día se echan en falta de una manera especial.


EL ÚLTIMO MILAGRO ESPAÑOL

Ocurrió en abril de 1996. La Asociación de Jubilados y Pensionistas de la ciudad de Sueca (Valencia) organizó un viaje turístico de cinco días a la villa de Segorbe. Entre los doscientos suecanos que se trasladaron a tierras castellonenses se encontraban Josefa Alapont y su marido, Blas Soler. Josefa llevaba cuatro años aquejada de síndrome de Parkinson, una dolencia de carácter degenerativo e irreversible que le impedía llevar una vida normal debido a los dolores y temblores que sufría.


Durante el último día de su estancia en Segorbe, la organización había programado una visita al popular santuario de Cueva Santa de Altura. Josefa arrastraba el esfuerzo realizado durante las jornadas anteriores, por lo que al llegar a las inmediaciones del templete no tuvo fuerzas para descender a la ermita, que se encuentra ubicada en el interior de la lóbrega y angosta sima.

“No podía más. Los temblores, las largas horas en el autobús y lo difícil que resultaba entrar hicieron que me lo pensara dos veces, y al final me quedé”, recordó Josefa Alapont.

Optó por no bajarse del autocar y esperó pacientemente el regreso de sus compañeros. Pero mientras tanto, una de sus inseparables, Francisca Ahulló, decidió rezar por su amiga en el altar de la capilla y recogió para ella agua que brota de las paredes del recinto.

“Ella no podía apenas moverse. Aún no me explico cómo pudo viajar con nosotros –afirmó Francisca–. Estaba tan mal que llorando me dijo que no podía acceder a la cueva”.

Francisca bajo hasta el tabernáculo, donde se guarda el relicario que expone la talla milagrosa de la Virgen, comenzó a orar y ocurrió algo insólito.

“Hubiera pedido para mí, que camino con dificultad y tengo problemas de corazón, pero pedí por ella, que lo necesitaba más que yo. No sé qué ocurrió, pero yo noté una cosa extraña al entrar en la cueva. Incluso vi un resplandor. Esa luz provocó el milagro, estoy segura y moriré convencida de ello”.


Ya en su domicilio, Josefa Alapont se lavó los brazos y las piernas con parte del líquido cristalino y el resto la tomó durante la cena.

“Bebí de esa agua. Me encontraba muy mal. Tenía –recordó Josefa– temblores en las manos y el dolor era insoportable”.

Horas más tarde ocurría lo imposible. Por la mañana, mientras se encontraba en la cocina con su marido, descubría estupefacta que no tenía ningún temblor ni dolor alguno en su cuerpo.


¿Había recobrado inexplicablemente la salud?

“Me levanté perfectamente –explicó–, no tenía dolor y no temblaba en absoluto, cuando los médicos me habían dicho que la enfermedad era irreversible y degenerativa”.

Los amigos y familiares de Josefa Alapont no dieron crédito a lo que vivieron.

No existió una respuesta lógica a su mejoría.

Pero a pesar de la extraña recuperación, Josefa Alapont continuó con sus periódicas revisiones hospitalarias en el Centro de Salud de Sueca. Allí fue donde los especialistas sanitarios avalaron lo inexplicable.

El Dr. Francisco Domínguez Sanz, el facultativo del ambulatorio que trataba a la valenciana, no obtuvo una explicación lógica para la desaparición de la enfermedad de su paciente. A pesar de no encontrar ninguna sintomatología de la dolencia recomendó a Josefa que prolongara los reconocimientos clínicos. Su drástico cambio de salud podía deberse a la autogestión o al efecto placebo.

Transcurrido un año, a lo largo del cual Josefa fue sometida a minuciosas pruebas y chequeos, un informe clínico certificó su rehabilitación sobrenatural. El expediente, al que pudimos tener acceso, fue fechado el 7 de enero de 1997 por el Servicio Valenciano de Salud del Hospital Universitario de la Fe y firmado por el doctor Francisco Domínguez Sanz.

“Entre noviembre de 1994 y mayo de 1996, la enferma acudió en 10 ocasiones a mi consulta, siendo diagnosticada de enfermedad de Parkinson de predominio tremórico y tratada con los fármacos habituales. Actualmente se ha retirado toda medicación y no presenta síntomas apreciables de dicha enfermedad”.

La noticia acaparó la atención de los medios de comunicación. Las portadas de todos los rotativos mediterráneos se hicieron eco del presunto milagro. Aun así, y para mayor seguridad, continuaron las exploraciones médicas.

Unas consultas que se zanjaron definitivamente el 13 de mayo de 1998, cuando se emitió el segundo y último certificado sobre el caso en el centro de Salud de Sueca por el Departamento de Neurología y rubricado nuevamente por el doctor Francisco Domínguez Sanz.

“Mujer de 70 años de edad –detalla el parte– que acude a consulta por primera vez en noviembre de 1994 por sintomatología iniciada dos años atrás compatible con el diagnóstico de enfermedad de Parkinson de predominio tremórico y hemicorporal izquierdo. Desde entonces y hasta la primavera de 1996 acude a consulta, objetivándose en su seguimiento una moderada progresión de su enfermedad a grados mayores de incapacidad, motivada en parte por una mala tolerancia a las medicaciones habituales.

A partir de la primavera de 1996, la enferma experimenta una progresiva mejoría espontánea que le permite incluso abandonar por completo su medicación. He prolongado, no obstante, su seguimiento clínico hasta la actualidad, comprobando que sigue completamente asintomática. Una resonancia magnética cerebral realizada en febrero de 1998 no ha mostrado tampoco hallazgos patológicos. Pese a lo atípico de su evolución y dado que su mejoría se ha consolidado, pude cursar alta en consulta”.

La curación de Josefa Alapont se ha convertido en el último incidente sobrenatural acaecido en este enclave sagrado castellonense, así como en el último Expediente X eclesiástico en nuestro país.


Cueva Santa De Altura: La Gruta De Los Milagros
por Francisco Contreras Gil






Y por último, hace unos meses me dejaron este libro "Historia de la Virgen de la Cueva Santa", escrito por el Padre Isosef de la Ivsticia en 1664.
En él se describen los milagros obrados por la Virgen a gentes de diversa procedencia: Altura, Jérica, Valencia, Puzol... y ¡cómo no! de ALCUBLAS.


Desde este blog deseamos a todos y todas que disfrutéis de este día y que vivamos la Romería a la CUEVA SANTA, como siempre, con la alegría de encontrarnos en un camino que se hace corto, con la libertad de vivir este acto desde la fe o desde la tradición. Lo verdaderamente importante es que ALCUBLAS se pondrá en marcha. ¡Ojala que la energía de nuestros pasos sirva para unirnos como pueblo!

Nos vemos.


6 comentarios:

Marta dijo...

Es cierto lo que decís. La ida es para disfrutarla y la vuelta es para analizarla: cada una de las personas que vuelven solas y en silencia guardan una historia. Qué bonita es la condición humana.

Anónimo dijo...

Lujazo de imágenes...

Romero dijo...

¿Y hay gente q cree en los milagros? Yo personalmente creo más en la fe en el poder de nuestra mente q en la divina. Pero asombroso.

Anónimo dijo...

El parkinson tiene mala cura. Por cierto, a Juan Pablo II se le intentó atribuir(no sé cómo acabó la cosa) una sanación de parkinson a una monja. Debe ser el precepto o conducto reglamentario para llegar a la santidad.
De momento, yo no me dejo el ibuprofeno. Por si las moscas.

rendedor dijo...

Ahora parece que se complica el tiempo para la romería. No podrán con nosotros. Cambiando de tema, voy a intentar conseguir el libro que decía, tiene muy buena pinta.

Dr Livingston dijo...

Magnífico artículo, supongo que un aperitivo de lo que nos espera.
Ánimo Peña y a seguir con lo vuestro.