jueves, 3 de junio de 2010

VIVIERON EN ALCUBLAS...

CRISTOBAL ROMERO

PATRIARCA DE UNA SAGA DE MAESTROS PLATEROS

Las sagas familiares son una constante dentro del Gremio de plateros en Valencia. Así, destacan, por ejemplo, las familias de los Eva y los Toledo en los siglos XVI y XVII. Nuestro propósito con esta entrada en el blog PEÑA RAMIRO es dar a conocer a una de estas familias de maestros plateros, que estuvo activa en la ciudad de Valencia algo más de un siglo: los Romero y cuyo patriarca, Cristobal, vivió en Alcublas.


Los Romero fueron una familia de orfebres plateros que se establece en la ciudad de Valencia durante la primera década del siglo XVIII. Al menos la componen cuatro miembros conocidos: Cristobal, el primero de la saga, su hijo Antonio y sus nietos Carlos y Cristobal. Y dos más no seguros: sus posibles biznietos Vicente y Jaime. La saga familiar tuvo continuidad a lo largo de tres (o cuatro) generaciones de maestros de plata de la Ciudad y Reino de Valencia, cuyo rastro último se pierde a mediados del siglo XIX.

El iniciador de la saga es Cristobal Romero, vecino de Alcublas, hijo de Miguel Romero, también vecino de Alcublas. Las primeras noticias conocidas se refieren a que el 30 de octubre de 1719 Cristobal entra como aprendiz en el obrador de Gaspar Lleó, reconocido maestro platero de la ciudad de Valencia, siendo anotado como oficial durante el ejercicio de 1725. Los días 29 de febrero y 1 y 3 de marzo de 1732 es examinado y aprobado como maestro de plata de la Ciudad y Reino, consistiendo su examen en labrar una cuchara. Sus padrinos fueron Gaspar Lledó (su maestro) y Bautista Ribes.


Casado con Mariana Villasegura, el 10 de junio de 1746 nació su hijo varón, Antonio, que siguió sus pasos. Años después nacería una hija, María. Por lo que se conoce, Cristobal Romero admite en 1752 a Bernat Quinzá de aprendiz en su taller, anotado en 1757 como oficial, lo que indica que tiene un taller activo e importante. En Valencia, los plateros estaban establecidos mayoritariamente en las calles situadas alrededor de la iglesia de Santa Catalina, desde la calle Tapinería hasta la de Zaragoza. Esta última, destruida por los bombardeos aéreos de la aviación italiana sufridos durante la Guerra Civil, discurría hacia el Miguelete y la puerta barroca de la catedral, en un lado de la que hoy es plaza de la Reina.


Componían el “Colegio”, que es como se denominaba en Valencia al gremio de Plateros, maestros, oficiales y aprendices. El maestro podía abrir tienda, el oficial era un asalariado del maestro y el aprendiz estaba varios años, normalmente cinco, aprendiendo el arte en casa de un maestro hasta ser anotado como oficial en el Colegio. Para llegar a ser Maestro de Plata del Reino de Valencia, los oficiales aspirantes debían someterse a un examen, establecido en las Ordenanzas del Colegio de Plateros de Valencia de 1505, que consistía en dibujar una pieza, labrarla posteriormente en plata y satisfacer una cierta cantidad de dinero. Las piezas elegidas para estos exámenes eran de lo más variado: desde cucharas o cubiertos, hasta cálices y copones, pasando por toda suerte de sortijas, pendientes o broches.



A lo largo de su vida Cristobal Romero desempeñó varios cargos en la corporación de plateros, todos ellos elegidos dentro del llamado “ejercicio platero”, calendario del Colegio que iba desde el 26 de junio de un año hasta el 25 de junio del siguiente año, día de San Eloy su patrón y fiesta mayor de la institución. Entre ellos habría que destacar el de “alumbrador” de la capilla de San Eloy, llamada también “la capilla de los plateros”, en la iglesia de Santa Catalina”, el de “visitador” del Colegio de Plateros y, en especial, el de “mayoral primero”. Este último cargo en el principal órgano de decisión de los orfebres valencianos, puesto que el Colegio estaba gobernado por cuatro maestros llamados mayorales, demuestra sin duda que era muy reconocido dentro del colectivo de maestro plateros de Valencia.


Cristobal Romero falleció entre los años 1778-1779. En Valencia era habitual que el oficio de platero fuera seguido por varias generaciones de una misma familia, que heredaban clientela, aunque frecuentemente cada uno de sus miembros tuviera su propio obrador. Así seguramente ocurrió con la familia Romero. Los otros plateros que continuaron la tradición familiar fueron su hijo Antonio (nacido en 1746) y los hijos de Antonio: Carlos (nacido en 1775) y Cristobal (nacido en 1767). Además, los posibles hijos de éste último, Vicente (documentado hasta 1846) y Jaime (documentado hasta 1844). Todos ellos nacen y trabajan en Valencia, y no se conoce que tengan ya ningún tipo de vinculación con Alcublas.


En cuanto a las obras que labra el patriarca de los Romero, Cristobal, son muy pocas las conocidas. Entre 1754 y 1758 realiza dos grandiosas lámparas de plata, “de tres arrobas cada una”, para el altar mayor del Real monasterio cisterciense de Gratia Dei (Zaidia), de la ciudad de Valencia (por cierto, fundado en 1265 por Dña.Teresa Gil de Vidaurre, señora de El Villar de Las Alcublas), y hacia 1756, realiza dos lámparas pequeñas para el altar del Santo Cristo para el mismo convento. También se le relaciona, aunque sin fechas concretas, con un acetre de la iglesia de los Santos Juanes de Cullera y con la corona de la Virgen de Agosto de Carlet. Al parecer, todas ellas lamentablemente desaparecidas.

Pero sin duda, destacan sus trabajos para la Cartuja de Vall de Cristo, donde realiza siendo prior don Mariano Candela (1753-1760) el gran Relicario mayor procesional de la cartuja, de plata y chapa cincelada, con la imagen del niño Jesús en una cara y en la otra la Virgen del Rosario, con un coste de 160 libras; además de dos relicarios de una cara y un relicario representando a Santa Catalina de Sena, todos ellos en plata. Estas obras, de las que se desconoce hoy en día su paradero, probablemente debieron ser fundidas por el valor de los metales preciosos en los que estaban confeccionadas a lo largo de los avatares históricos sufridos por la Cartuja de Vall de Cristo durante el siglo XIX.

No obstante, han llegado hasta el presente dos lámparas, piezas de gran belleza que pertenecieron a la Cartuja de Vall de Cristo y que se conservan en la Catedral de Segorbe desde la desamortización. Se ha documentado su autoría en 1775 a cargo de Cristobal Romero, cuyas iniciales (CLRO) aparecen grabadas a punzón. Realizadas en bronce, plata dorada y esmaltes, repujados y cincelados, ambas lámparas constan de dos cuerpos de plata, decorados a base de rocallas y cascos dorados con los escudos de la Cartuja de Vall de Cristo, el del Infante Martín y el de María de Luna. El cuerpo inferior era utilizado como recipiente de los aceites y a través del superior se sujetaban las lámparas al techo. Ambos cuerpos estaban unidos por cuatro piezas, con motivos decorativos vegetales, de bronce con el interior de hierro.



La existencia de un grupo importante de artesanos asentados en Alcublas durante los siglos XVII y XVIII, entre los que sin duda se encontraba el padre del platero Cristobal Romero protagonista de esta colaboración en el blog PEÑA RAMIRO, no hubiera sido posible sin las especiales relaciones de Alcublas con la cercana Cartuja de Vall de Cristo. Resultaría, por tanto, muy beneficioso para la estrategia turística del municipio que se hiciera una mayor mención de la historia en común de Alcublas con la Cartuja de Vall de Cristo, aprovechando que ésta comienza poco a poco a despegar como un referente en el sector del turismo cultural.



Por Juan Antonio Fernández Peris del Centro Excursionista de Chelva
y colaborador del blog PEÑARAMIRO

5 comentarios:

CALIMERA GUAY dijo...

Gracias por indagar y por informarnos,de todos estos alcublanos,los cuales fueron importantes en su epoca y que por lo menos yo, desconocia por completo.
Me ha gustado mucho la publicacion y espero que sigais en vuestra linea,como no teniendo colaboradores tan buenos,como este señor de chelva.........FELICIDADES OTRA VEZ,y hasta mañana,que,espero que me sorprendais como cada dia.

Rodamon dijo...

Extraña pero bonita relación la de Alcublas con el gremio de plateros.
Otro 10, Penya.

R.U.T.H. dijo...

En primer lugar decir que me da un poco de miedo el dar mi opnión desde que alguno dice que por ser ciudadana libre y no asociada y creerme pertenecedora de Peña Ramiro (me gusta leerlo y comentar de vez en cuando desde mi anonimato)soy por ello pirata.
Pero haré de tripas corazón y diré que Juan Antonio da la clave con su último párrafo. El eje Alcublas-Cartuja debe de ser explotado y más teniendo un proyecto de aeródromo entre ambos.
Lo tiene todo para triunfar.
Gracias Peña por estos pequeños e ilegales momentos.

Anónimo dijo...

Me uno a la última propuesta. La Cartuja tiene una asociación cultural un tanto intermitente. Podríamos exportarles iniciativas, que por lo visto aquí hay bastantes. Lo importante es colaborar.
Hay quien esto de colaborar no lo entiende e incluso lo impide, pero es la única forma de crecer. Bravo por el articulista.

JUAN ANTONIO FERNANDEZ PERIS dijo...

Paso a nombrar la principal fuente (han sido varias) bibliografica del artículo: "LOS PLATEROS VALENCIANOS EN LA EDAD MODERNA - SIGLOS XVI-XIX, de Francisco de Paula Cortes Morató. Editorial Universitat de València. 2005. Páginas 731-732.
Con esta información espero haber completado algo más el texto.