miércoles, 8 de septiembre de 2010

EL CUENTO DE SAN PEDRO Y LAS HIGUERAS


Érase una vez, hace muchos, muchos años, que Jesús y San Pedro estaban dando un paseo por estos montes.

Mientras pasaban de un valle a otro, Jesús le preguntó a Pedro cuál era su fruta favorita.
Pedro tuvo que pensar antes de responder. Su fruta favorita era la uva, pero creyó que si lo decía, Jesús quizá adivinaría que le gustaba la uva por el vino que se sacaba de ella. Y, en cuanto lo supiera, era capaz de hacer que todas las parras se secaran. Por eso se decidió por la fruta que menos le gustaba de todas: el higo.

Y si Jesús hacía que se secaran todos, pensó Pedro, tanto mejor. Así pues, respondió:

- Maestro, mi fruta favorita es el higo.

- No sabía yo que te gustaran tanto los higos –dijo Jesús-. Bueno, en ese caso, haré que a partir de ahora las higueras den fruto dos veces al año: higos negros en junio, ehigos verdes en septiembre.


San Pedro se maldijo interiormente al oírlo, pensando: “Si hubiera dicho la uva, podríamos haber tenido dos cosechas al año ¡y habría el doble de vino!”.



Tan furioso estaba consigo mismo que casi se murió de rabia allí mismo.



Pero ésa es la razón de que, todavía hoy, las higueras den fruto dos veces al año: una a principios del verano y otra finales.

2 comentarios:

Brevas dijo...

Higos y Brevas, de ahí vienen. Me he entretenido leyendo.
Aunque donde esté el vino...

Anónimo dijo...

Por lo menos en esta ocasión, una mentira tuvo sus frutos dobles. No siempre ocurre igual.
Por otro lado, las higas ya están de cine en el pueblo. Desde hace días.