lunes, 7 de febrero de 2011

DEJARON HUELLA EN ALCUBLAS...

OCTAVIO VICENT CORTINA
(2ª PARTE)


ARTISTA FALLERO


A continuación seguiré con la anterior colaboración para este blog PEÑA RAMIRO sobre la biografía del célebre escultor valenciano Octavio Vicent Cortina. En esta ocasión repasando su trayectoria profesional en un campo en el que destacó sobremanera: como artista fallero…



Su producción en el mundo de las fallas se remonta a 1926, aun no cumplidos los 13 años, fecha en que bajo la dirección de su padre Carmelo Vicent, y en compañía de uno de sus hermanos, realiza la falla de la calle Na Jordana. Ya en la posguerra inició su andadura en solitario en 1945 con la falla titulada “Urbanidad”, para la comisión Castellón-Segorbe-General San Martín. En esos años comienza a ganar prestigio y por ello es llamado a modelar la falla de la entonces denominada Plaza del Caudillo, dando vida en dos ocasiones al popular personaje de So Quelo. Una primera en 1949, bajo el lema “Tòpics valencians” y donde So Quelo remata la falla con un asno; repitiendo en 1951 con la falla “Frases Célebres” y en la que una gigantesca figura de So Quelo aparece pisando un montón de libros.



En 1954 Octavio Vicent aceptaría el reto de materializar en falla el boceto (“La fiesta nacional”) que los responsables de la Comisión del Foc (fruto de la fusión de la anterior comisión fallera “So Quelo” con los miembros del Parador del Foc) querían levantar en la Plaza del Caudillo y que habían encargado al “eximio pintor y extravagante ciudadano Salvador Dalí” con el propósito de fomentar la atracción turística y de que “estas fiestas falleras transciendan a todo el mundo”. Novedoso y arriesgado proyecto fallero que previamente había sido rechazado por Regino Más, el más reconocido artesano del sector en Valencia. La Prensa y la Radio de la época la denominaron como “la falla surrealista”, nombre que rápidamente se popularizó, pero en realidad no contaba con el tradicional lema fallero oficial, puesto que “Dalí no conoce nuestras fallas”, como reconoció a la Prensa el propio Octavio Vicent.



El resultado fue un rotundo y total fracaso que se debió fundamentalmente a la reticencia del mundo fallero para con la innovación, más que a la labor de Octavio Vicent que demostró ser un gran artista además de conocer en profundidad la obra daliniana. Así, buena parte de los profesionales de las fallas escudaron sus críticas en la falta de sátira del monumento, mientras que los propios falleros y el gran público, acostumbrados a fallas de contenido directo y sencillo, no aceptaron una propuesta que decían no entender. A pesar de ello, en 1955 Octavio Vicent volvería a ser el artista encargado de realizar la falla de la Comisión del Foc. En esta ocasión con una temática más tradicional y anodina bajo el lema:

“La hora del diablo”.


Octavio Vicent no retomaría de nuevo su actividad de artista fallero hasta 1970 en que regresó con un monumento que marcaría un antes y un después en el mundo de las fallas: “El Coloso de Rodas”. Con ese lema la comisión de la falla de la Plaza del Caudillo quería en general hacer mención del gigantismo (“colosalismo”) que terminaban por adoptar las diferentes civilizaciones a lo largo de la Historia y en particular a la monumentalidad (“colosalismo”) a la que estaba llegando la fiesta de las fallas de esos años. Paradojas de la vida, este “Coloso”, símbolo de la fortaleza y la grandeza, terminaría derribado en el suelo antes de llegar a ser montado por completo. “El Coloso de Rodas” estaba proyectado para alcanzar unas dimensiones espectaculares para la época: 25 metros de altura. Durante la “plantà”, a falta únicamente de colocar la cabeza, el cuerpo del mismo se vino abajo a las seis de la mañana del 16 de marzo por culpa del fuerte viento, quedando destrozado por completo. Tras el desastre, los falleros de la Comisión del Foc no se rindieron y se empeñaron en volver a levantar el monumento. Tuvieron que improvisar, ya que no daba tiempo a hacer otra, y en 24 horas estuvo de nuevo en pie la falla, aprovechando la cabeza que, milagrosamente, había quedado intacta. Eso sí, el cuerpo del Coloso quedó sustituido por un cajón de madera bastante alto, a modo de columna lisa, pintado de vivos colores.



Al año siguiente (1971) gracias al tesón de los falleros y de Octavio Vicent se logró plantar un nuevo “Coloso de Rodas” que sí alcanzó los 25 metros, como el proyectado en 1970, pero mejorado artísticamente. El lema de la falla también volvía a ser el mismo, aunque la temática se centraba más en
homenajear a las siete maravillas del mundo antiguo, y tenía dos novedades destacables. Una, la antorcha,
que ya no estaba en el suelo sino que la levantaba el “Coloso” como símbolo de éxito; y la otra, una gran
“Ave Fénix” que se situaba a sus pies como clara referencia al resurgir de las cenizas de la falla, análogamente a como lo hizo dicho animal según la mitología clásica. Afortunadamente, en esta ocasión
pudo plantarse sin ningún contratiempo y fue quemada en la noche de San José con toda normalidad.



En 1972 Octavio Vicent volvería a ejecutar la falla de la Plaza del Caudillo bajo el lema: “El Pensador Valenciano”. El monumento estaba constituido por una figura de grandes proporciones, a modo de pensador sentado, vestido de huertano y con una gran barraca a sus pies. Se inspiraba claramente en la célebre escultura del artista francés Auguste Rodin. Todos los críticos la consideran una de las grandes fallas, pues supuso un viraje hacia el clasicismo dentro del imperante barroquismo de la historia fallera. Sería su última falla y con ella concluyó su larga y fructífera faceta como artista fallero que, de manera intermitente, había durado 46 años. Dentro del ambiente fallero, la obra de Octavio Vicent sigue siendo reconocida y recordada.


No obstante, Octavio Vicent siempre manifestó un cierto despego por sus monumentos falleros y públicamente manifestaba que sólo hacia fallas por motivos económicos. Además, para Octavio Vicent no
existía el artista fallero como tal puesto que: “la falla no posee un lenguaje propio como tiene el verdadero arte. Se trata de una colaboración de la escultura, la escenografía y la carpintería, plasmada en materiales inflamables sin trascendencia artística”. Incluso algunas de sus opiniones al respecto son sencillamente demoledoras: “Resulta incomprensible que el artista para sobrevivir deba acogerse a los encargos de cualquier comisión fallera, y éstos son delitos que la sociedad valenciana comete contra sus creadores, que malviven mientras se queman doscientos millones de pesetas en las Fallas”. En fin, una relación muy compleja, contradictoria y difícil la de Octavio Vicent con las fallas…






Para concluir, mencionar que en una próxima colaboración para este blog PEÑA RAMIRO repasaré ampliamente la importante y destacada faceta de Octavio Vicent como escultor de imágenes religiosas. Y de esta manera por fin podremos conocer qué relación de trabajo tuvo con Alcublas…



Por:


Juan Antonio Fernández Peris, 

 del Centro Excursionista de Chelva y colaborador del blog PEÑA RAMIRO

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Entre el sol tan bueno del finde y el artículo de hoy, me hago a la idea de que las fallas están ahí.

el cohet dijo...

Hasta las fallas tienen relación con Alcublas. Ya pusisteis hace tiempo la falla que plantaron hace ya años en Alcublas. Logicamente no era de O Vicent. De él recordaba el desatre que se produjo por el viento cuando se cayó el ninot principal.
He recordado un montón de cosas leyendo el artículo.

Pensionista de "Pensión" dijo...

En tu linea Juan Antonio.Me has hecho recordar mis tiempos en Valencia. Me acuerdo del año que cayó el coloso y también al año siguiente, que tuvieron que quemarla mucho más tarde de la hora prevista y sin casi gente en la plaza por culpa de la lluvia.(Llevaba la negra el coloso.
Estoy esperando el último capitulo.

AMPALLAMIN dijo...

Pues a mi me trae esa Falla del Coloso que cayo,por que yo era fallera infantil de la avenida del Oeste,de la corte de honor,por que en ese año era la fallera mayor de esa falla,una nieta de Don Victor Albalat,y como eramos muy amigas me invitaron aser de la corte,pase unas fallas muy divertidas.
Ademas me estaba quedando en el mismito Ayuntamiento de Valencia,en casa de mi tio Blas,un hermano de mi madre,que era portero y chofer de autoridades,entonces todo lo veia de primera fila...................menudo lujazo,jaja.
Me sentia como la fallera mayor de Valencia viendo,mascletas y castillos en el balcon de autoridades(que enchufe ,ehhhhhhhhhhhhhh)fue genial,hasta que ocurrio,lo del derrumbe,la verdad llore y todo,por que era mi año y me dio tristeza,por eso esto me ha recordado tanto aquel año,en fin,ya ha pasado mucho tiempo de aquello,pero los recuerdos,esta siempre con nosotros.
FELICIDADES PEÑA,OTRA VEZ Y SALUDOS.

Anónimo dijo...

Torres más altas han caído.
Muy buen artículo, en vuestra línea.