domingo, 10 de abril de 2011

LEYENDAS DE CASTIELFABIB

FRANCISCO CERVERA ARIAS
ARQUITECTO. PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN OCTAVO CENTENARIO DE LA CONQUISTA DEL RINCÓN DE ADEMUZ
 
http://www.lasprovincias.es/v/20110410/opinion/leyendas-castielfabib-20110410.html
 
 

Era una calurosa tarde de verano del año cuarenta. La guerra civil había afectado a personas e inmuebles. En la iglesia-fortaleza de Nuestra Señora de las Ángeles, probablemente fundada por la Orden del Temple, unos albañiles se afanaban en su labor.


Tras el arrancamiento y quema de las maderas que formaban el piso, se estaba procediendo a reparar esta zona del templo. Cuando los trabajadores procedían a cambiar una de las grandes vigas, un agujero se presentó ante sus atónitas miradas.

Sin pensárselo dos veces, cogieron a uno de los niños que curioso estaba allí. Le ataron una cuerda a la cintura, le pusieron en las manos un farol y lo descolgaron en el hueco.

Los ojos del niño no daban crédito a lo que veía. La cavidad estaba llena de monjes. ¡Subidme, por favor!, gritó asustado. Una vez arriba el pequeño, los trabajadores, movidos de la humana codicia y con la cabeza llena de leyendas, empezaron a vaciar el hueco.

Al cabo de poco tiempo, se pudo contemplar una sorprendente imagen: el suelo de la iglesia estaba cubierto de hombres vestidos de blanco. La llegada del cura interrumpió el vaciado, y obligó a los entusiasmados trabajadores a que volvieran los muertos a su sitio y taparan el hueco.

Es una de las muchas leyendas que se cuentan en la misteriosa villa de Castielfabib: el lector puede creerla o no.

No obstante, en la campaña arqueológica realizada el pasado año 2006, correspondiente a la tercera fase de la restauración de la iglesia-fortaleza de Castielfabib, cerca del altar, se localizó, yaciente, decúbito lateral derecho, sin ataúd, un individuo, amortajado con una tela que estaba atada con cuerdas por los pies.

Conservaba una bota de cuero en uno de sus pies. Lo envolvía una tela, ricamente decorada con motivos geométricos, e incluso se podían apreciar claramente, trazos de escritura bordada con hilo de oro.

Debía ser un personaje de alto status: su cuerpo estaba articulado, pero le faltaba la cabeza. Cerca de él, hallábanse varios cráneos. Uno de ellos portaba ceñida una corona vegetal bastante bien conservada. A falta de completar el estudio forense, podemos adelantar que pertenece a una mujer o a una persona muy joven.

Igualmente, frente a la capilla de los Espejos, aparecieron cerca de veinte restos, entre bebés y niños de corta edad, que pasamos a llamar 'cementerio infantil'. Todos tienen los pies atados entre sí por los dedos con cintas, y las manos entrelazadas en actitud orante.

Los niños más pequeños llevaban unos vestidos de tela blanca con lacitos de color verde, azul y rojo, componiendo cruces, a modo de mortaja. Algunos de ellos llevaban una especie de redecilla o pañuelo que les cubría la cabeza.

Como amuleto, portaban cosidas al traje, bolsitas de tela que contenían huesos de albaricoque. Era el resultado de las continuas epidemias de cólera que asolaron el Rincón, entre otros lugares, desde principios hasta mediados del siglo XVII.

Tal era la importancia de estos descubrimientos que hubo que detener estos trabajos, preparándose urgentemente el proyecto de la cuarta fase, que duerme en la Consellería de Cultura desde septiembre de 2007.

 
 
Ahora que entramos en periodo de promesas electorales, lanzo una idea a los políticos que se presentan por esta olvidada comarca de la Comunidad Valenciana; el compromiso de que, en el menor tiempo posible, se ejecuten los trabajos necesarios que permitan un mejor y más profundo conocimiento de las raíces de las llamadas, como diría mi admirada María Ángeles Arazo, Gentes del Rincón.

1 comentario:

Forofo dijo...

Soy un forofo de estos temas y me ha gustado el artículo. Aquí en la iglesia de Alcublas, en la última reforma también salio algún cadáver pero no hicieron ni caso.