jueves, 15 de diciembre de 2011

VIAJEROS ILUSTRES EN ALCUBLAS...

RICHARD FORD
(2ª PARTE)


Ruta por Alcublas

A continuación completaré la anterior entrada en este blog PEÑA RAMIRO sobre la biografía de Richard Ford, destacado viajero, erudito, escritor e hispanista inglés. En esta ocasión retomo su trayectoria vital comentando su fugaz paso por Alcublas durante 1831 y lo que escribió al respecto en uno de sus libros, “A Hand-Book for Travellers in Spain and Readers at Home” (Manual para Viajeros por España y Lectores en Casa), publicado en julio de 1845. Veámoslo…
Como recordará el lector, el aristócrata inglés Richard Ford llegó con su familia a España en el otoño de 1830 en busca de un clima más favorable para la delicada salud de su esposa, instalándose en la ciudad de Sevilla, aunque residiendo en Granada durante los calurosos veranos. En los tres años que pasa en España, Richard Ford aprovecha para realizar una serie de viajes por gran parte del país recorriendo miles de kilómetros en diligencia, a caballo o en una jaca cordobesa de su propiedad. Estos viajes le permitieron familiarizarse con la geografía, los monumentos y las costumbres españolas, y durante ellos se dedicó a dibujar y a tomar notas de sus vivencias. Todo lo que veía era anotado en los cuadernos de los que nunca se separaba.


Durante su estancia en España, Richard Ford llegó a aprender bien nuestra lengua y a conocer nuestra historia y cultura: algunos aspectos con gran erudición y profundidad, y otros superficialmente, bastante influenciado por sus prejuicios de clase social y de religión. Existen autores que sostienen que sus largos viajes «turísticos» por gran parte de la geografía española estuvieron motivados, además de por su espíritu inquieto y siempre ávido de conocimiento, por un objetivo inconfesado, al menos en parte: la búsqueda de lienzos, otros objetos de arte y libros valiosos (la «grande chasse»). Muy probablemente portando como guía de consulta los seis volúmenes del Diccionario de las Bellas Artes (Madrid, 1800) de Juan Agustín Ceán Bermúdez.

Su buena amistad con el cónsul británico en Sevilla, Julian Benjamin Williams, gran coleccionista y mecenas, y su visita a John MacPherson Brackenbury, cónsul británico en Cádiz y también destacado coleccionista de arte, parecen indicar el gran interés y los contactos que Richard Ford tenía en relación al mercado del arte en España. Además, el lienzo de Francisco de Ribalta que Richard Ford adquirió en su visita a Valencia en 1831, Visión del padre Francisco Jerónimo Simón, firmado y fechado en 1612, y que se conserva actualmente en la National Gallery de Londres, muestra a las claras esta vertiente artístico-coleccionista de sus viajes.

Desde su regreso a Inglaterra en 1833, Richard Ford se plantea la posibilidad de escribir sobre sus vivencias en España, aunque no iniciará seriamente su faceta de escritor hasta abril de 1837 con la aparición de un primer artículo en la Quartely Review. En los años siguientes continúa con la publicación de artículos y reseñas de libros, en especial sobre temas españoles, lo que asienta su creciente prestigio como experto conocedor de España. Esta reputación llevó al conocido editor John Murray II, en el otoño de 1839, a pedir consejo a Richard Ford sobre el autor más idóneo para escribir la correspondiente a España, en la colección de guías de viajes que su editorial acababa de lanzar con el nombre de “Murray´s Hand-Book for Travellers”.

Richard Ford se ofrece, medio en broma, a escribirla él mismo, pero el asunto no fue a más hasta que a la vuelta de un viaje por varios países de Europa, en septiembre de 1840, acepta finalmente el encargo en firme de la casa editora Murray para escribir un Hand-Book for Spain, como le confirmaba en eses fechas por carta a su amigo Mr.Henry Unwin Addington. Y no sería hasta noviembre, instalado de nuevo en su residencia de Heavitree, cuando por fin inicia el trabajo de redacción del libro aunque de forma más bien esporádica. Las interrupciones eran frecuentes y por muy diversas causas. Entre ellas por las visitas de amigos, como por ejemplo las de Pascual de Gayangos, “hispanista y arabista de primera fila”, afincado en esas fechas en Londres, con quien Richard Ford tuvo trato durante muchos años.
Aunque Richard Ford había estimado que sólo le tomaría seis meses completar el Hand-Book, al que inicialmente llama the little book , el manuscrito conforme pasa el tiempo aumenta de modo alarmante de volumen lo que le exigirá a la postre mucho más tiempo. Un laborioso proceso que se convirtió en el “goce y la pesadilla de su vida” y se dilataría cerca de cinco largos e interminables años, repletos de altibajos, y con algunos periodos de descanso. Uno de éstos se produjo en 1841 para reseñar, a petición de su editor John Murray, el libro de George Borrow “The Zincali; or, An Account of the Gypsies of Spain” (“Los gitanos en España”), peculiar personaje conocido por difundir en España biblias protestantes entre 1836 y 1840.


Ya a finales de 1841 Richard Ford volvió de nuevo a retomar su trabajo, aunque el progreso durante el siguiente año resultaría lento y en algunos momentos hasta agónico. Gracias a su intensa correspondencia con Henry Addington, donde le informaba del progreso de la obra, conocemos que en febrero de 1843 prácticamente había concluido lo que llamaba su “pasatiempo personal”. Sin embargo, el manuscrito seguía siendo excesivamente largo y todavía le quedaba muchísima tarea por delante para recortarlo. A lo largo de los siguientes meses Richard Ford siguió con su labor de acortar y retocar su texto, hasta que en octubre manifiesta a Addington que había “dividido en secciones y rutas, y paginado” el Hand-Book, y que confiaba que la impresión empezaría en cuanto entregara el original al editor Murray.



Por fin, en enero de 1844 Richard Ford anuncia en carta a Addington que: «La Guia está en prensa». No obstante el proyecto quedó paralizado por un tiempo pues en opinión de Henry Addington, como asesor, y de John Murray III, que sustituía a su fallecido padre al frente de la editorial, el texto contenía críticas demasiado hirientes para franceses y españoles. Tras largas discusiones, Richard Ford acabó aceptando que se destruyera prácticamente toda la tirada, que sufragó de su bolsillo. El propio Richard Ford terminó por reconocer que hubo que suprimirla porque “ciertas verdades se decían con excesiva crudeza”. En el British Museum existe una copia de esta edición “cancelada” con una nota autógrafa de Richard Ford: «De esta edición sólo existen veinte ejemplares, y yo sólo he dado cinco, uno de ellos éste. Octubre de 1846».


Tras este fiasco, Richard Ford se puso a la ardua y enorme tarea de reescribir cientos de páginas. Como informó a su amigo Addington en febrero de 1845 en una de sus frecuentes cartas: «Estoy decidido a rehacer por completo la Guia, sin hacer mención de nada desagradable». Finalmente, el 18 de julio de 1845 se puso a la venta la primera edición pública de “A Handbook for Travellers in Spain and Readers at Home” (Manual para Viajeros por España y Lectores en Casa). La obra, con 1.064 páginas en dos gruesos volúmenes a doble columna en letra pequeñísima, causó de inmediato sensación entre el grandísimo público lector de libros de viajes, además de proporcionarle una gran reputación en el mundo literario.


A pesar de su extensión y de su alto precio, que limitaban sus posibilidades de venta general, “A Hand-book for Travellers in Spain and Readers at Home” tuvo un gran éxito editorial. El mismo día de su presentación se vendieron seiscientos ejemplares, y 1.389 a los tres meses. A finales de año en el almacén de la editorial Murray quedaban poco más de doscientas unidades de las dos mil de la tirada inicial. Richard Ford preparó personalmente dos ediciones más de esta obra. Una segunda en 1847, considerablemente reducida, en un solo volumen de 645 páginas; y una tercera en julio de 1855, de nuevo en dos tomos como la inicial.


Desde el mismo momento de su publicación, el monumental “A Handbook for Travellers in Spain and Readers at Home” se convirtió en uno de los libros más influyentes escritos en inglés sobre España, ya que era mucho más que una guía para viajeros. En él, Richard Ford recogía sus propias vivencias durante su etapa en España (1830-1833), además de datos de su magnífica biblioteca, todo ello actualizado con informaciones más recientes recibidas de amigos y corresponsales españoles. Estableció de forma definitiva en el mundo anglófono una nueva visión de España para el viajero culto de clase media que había sustituido a los aristócratas del Grand Tour, a mitad de camino entre la valoración excesiva de los elementos más exóticos y la realidad más crítica, muy distinta al pobre estereotipo romántico existente hasta entonces.


En su Hand-Book, Richard Ford supo transmitir con una inigualable combinación de rigor, humor y espíritu polémico su fascinación por la cultura y el pueblo español, espontáneo y vital, en especial en sus aspectos más diferenciales respecto al resto de Europa, y por el contrario su total desprecio por su atraso y sus malas clases dirigentes. A pesar de su visión subjetiva y sus evidentes prejuicios que le llevaron a realizar abundantes críticas y comentarios mordaces fuera de lugar, pocos viajeros extranjeros como Richard Ford han descrito la realidad española con tanta precisión y agudeza, haciendo de su “A Handbook for Travellers in Spain and Readers at Home” un completo retrato de la psicología hispana, así como de sus usos y costumbres.


Y a finales de 1846 Richard Ford publicaba un nuevo libro sobre España, “Gatherings from Spain” (Cosas de España), que también cosechó un gran éxito. Como apunta el propio Richard Ford en el prefacio “su principal objeto ha sido proporcionar un rato de entretenimiento y de instrucción a los que permanecen en su hogar”. De estilo vivo y pintoresco, fue redactado en apenas dos meses, en parte con textos no utilizados en “A Hand-Book for Travellers in Spain and…” y de algunos de sus artículos de revistas, además de la adición de material nuevo. Sus capítulos, que constituyen ensayos independientes, tratan sobre aspectos muy diversos de la vida española: geografía, maneras de viajar, los criados, comidas, vinos de Jeréz, la fiesta de los toros, el teatro español, fabricación de cigarros…


Pero pasemos a comentar la relación entre Richard Ford y Alcublas. El 9 de septiembre de 1831 Richard Ford inicia, en compañía de su mujer Harriet, su segundo viaje de exploración por España junto a su criado Pascual. Su esposa montada en una burra, él en su jaca cordobesa y su criado conduciendo una tartana. En esta ocasión su ruta les lleva por el Este de España, desde Granada a Murcia, Elche, Alicante y pasando por Xàtiva hasta Valencia, donde llegarán el viernes 23 de septiembre. En esta ciudad permanecen durante una semana, hasta el 30 de septiembre que se desplazaron a Murviedro (el actual Sagunto) para visitar sus ruinas. Y desde allí, el sábado 1 de octubre proseguirían viaje, ya en diligencia, hacia Tarragona y Barcelona.


Y es durante esa última semana de septiembre de 1831 cuando Richard Ford, acompañado sólo con su criado, realiza algunas pequeñas excursiones por los alrededores de Valencia. Entre ellas una que le llevaría por algunas poblaciones de La Serranía del Turia y que le hizo pasar por Alcublas. Richard Ford publicó un resumen escrito de esta ruta una década después, en la primera edición (Londres, 1845) de su obra “A Hand-Book for Travellers in Spain and Readers at Home”. Por nuestra parte, reproducimos el texto (en traducción libre) que aparece en la tercera edición, (Londres, 1855), en concreto en el Tomo I (Andalucia, Ronda and Granada, Murcia, Valencia, and Catalonia):


Esta RUTA 41 queda descrita en detalle en las páginas 383 a la 386, aunque sólo se habla de La Serranía en la página 384 (en negrita las palabras en castellano en el original): De Liria a Chelva el camino directo es a través de La Llosa. Es mejor desviarse y visitar Chestalgar, cerca del Turia, donde quedan algunos restos de un acueducto de los Moros. Todo este distrito, hasta 1609, fue habitado por laboriosos Moriscos. En Chulilla, famosa por sus albaricoques, está el extraordinario Salto, o salto: el Turia se ha abierto camino a través de las paredes perpendiculares de las montañas (véase en particular la península rocosa La Punta) (…)

Y en la pág.384 se continúa describiendo la ruta por La Serranía: Campo, y siguiendo el Turia una legua, está Chelva, un pueblo rico; de 4.500 habitantes. En la Rambla de los Arcos hay un bello acueducto Romano: los arcos que abarcan el desfiladero son fragmentos poco comunes para el artista. Una parte está dañada, la otra casi perfecta. El Campo de Chelva es muy fértil; el monte "Pico", distante 1 legua, es singular. Desde Chelva, es mejor rehacer el camino hasta La Llosa, y de allí a El Villar del Arzobispo, puesto que la ruta por Alpuente y Yesa es tediosa; después se penetra en los montes Lacobas, famosos por sus ricos mármoles: un camino que cruza 5 leguas de montaña conduce a Segorbe."


"Desde Alcublas, a 2 ½ leguas, que se encuentra en el corazón del accidentado territorio, un ramal del camino lleva por el Oeste a través de Oset a Andilla, distante unas 3 leguas; esta aldea de 700 almas, hundida en medio de montañas, tiene una iglesia parroquial muy bella y algunas sublimes pinturas de Ribalta. El Retablo es clásico y Corintio, enriquecido con estatuas y basso relievos; en su parte interior las contraventanas están pintadas con los siguientes temas -- la Visitación de la Virgen, su Presentación, Santa Ana y San Joaquín y la Circuncisión; por el exterior con -- la Disputa con los Doctores, un Riposo, el Nacimiento y Matrimonio de la Virgen. Estas fueron ejecutadas en el mejor periodo de Ribalta. (El abate) Ponz (iv. 194) da a conocer algunos detalles curiosos de la construcción y precios de este hermoso Retablo, oculto en estas solitarias regiones."


Y Richard Ford termina describiendo la excursión que realizó en septiembre de 1831 por La Serranía (pág. 384 de su Hand- Book, 3ª edición) de este modo: Bellida. Retornando a Alcublas, aproximadamente a mitad de camino en las montañas está La Cueva Santa, que es una cueva profunda, en el que hay un santuario de la Virgen. La capilla está bajo, la roca formando el techo y se desciende por una escalera. Esta gruta sagrada es visitada el 8 de septiembre por el campesinado desde lejos y cerca."

Para concluir, señalar que si bien Richard Ford fue uno de los más fervorosos hispanistas, también es cierto que algunos de sus comentarios sobre las costumbres y la forma de ser de los españoles son bastante hirientes, y muestran a las claras los típicos y arrogantes prejuicios clasistas de la más rancia aristocracia británica. A pesar de ello, nadie duda de que Richard Ford quedó cautivado por nuestro país y fue uno de los autores en lengua inglesa que más contribuyó con sus numerosos artículos y libros a promover un mejor y mayor conocimiento de España. De los escritos de Richard Ford llegó a decir en 1974 el hispanista afincado en Andalucía Gerald Brenan: “no sólo mostraban que conocía bien España sino que transmitían su pasión por ella”.


Por Juan Antonio Fernández Peris,


del Centro Excursionista de Chelva y colaborador del blog Peña Ramiro

"A una legua de Andilla está Canales; los aldeanos subsisten suministrando la nieve, de la que tanto se utiliza en Valencia, desde el monte
"Reentrando en el
SECTION V. VALENCIA. ROUTE 41.- VALENCIA TO MURVIEDRO… Chelva; Portacoeli; Segorbe; Murviedro

1 comentario:

Anónimo dijo...

La nómina de personajes va aumentado dia a dia.
Algunos ilustres, otros rocambolescos.