miércoles, 7 de marzo de 2012

LA BUENA EDUCACIÓN



Tras observar estos días atrás la implicación de los jóvenes estudiantes valencianos en la PrimaveraValenciana, me han venido a la cabeza otros momentos educativos cercanos a nosotros, pero bastante alejados en el tiempo.


Alcublas 1.939. Aproximadamente las nueve de la mañana. Los niños del colegio izan la bandera de España. Brazo en alto, cantan el himno nacional seguido del Cara al Sol. Entran en clase. Rezan dos oraciones. Se sientan. El maestro, flanqueado por el crucifijo y los retratos de Franco y José Antonio Primo de Rivera, vigila a los niños desde su mesa. Todos atentos: hoy tocan las glorias imperiales de la Patria.


Este ritual se repite día tras día de manera monótona. Pero, ¿que ha sido de la enseñanza laica y pública de la república?
Todo este proceso de limpieza tiene su inicio con la purga del profesorado. En nuestro entorno, al ser una de las últimas zonas ocupadas, los maestros hacen cola para presentar la declaración jurada de su proceder en el período republicano. Unos terminan inhabilitados, otros en la cárcel, los más confiados por su historial son los que ocupan las tarimas reservadas para la ortodoxia del momento.


Lo que estaba claro es que en esta nueva Alcublas sus futuros hombres deben tener una clara conciencia patriótica y religiosa. Esta premisa es fundamental: mientras los niños aprenden a leer y a sumar se les enseña que Franco ha sido designado por Dios para construir una gran patria. Pero este rigor educativo era muy distinto si hablamos de Alcublas o de Valencia. En Valencia las órdenes religiosas reabren los centros de enseñanaza privados que la República había cerrado. Sin embargo en Alcublas, la mayoría de los niños acude intermitentemente en un ritmo marcado por la ayuda a las tareas agrícolas. Entre la garrofa, la oliva, la vendimia y otras tareas, la estancia en la escuela no supera los tres meses y poco puede dar de sí. El siguiente paso es el abandono escolar.


Otro paso atrás supuso la separación de niños y niñas. El estudio se hará por separado y se adecuará el temario al distinto papel que han de cumplir en su etapa adulta. La escuela, en suma, experimenta un giro que enseña la buena educación. Esto es, en qué consiste ser español.


Estos días hemos vivido en nuestro entorno más inmediato unos movimientos que sacuden el mundo educativo. La moral de la época que acabamos de relatar estaba basada en criar a una generación límpia a través de las enseñanzas religiosas y la vida ejemplarizante de los santos. Incluso en ocasiones, el miedo también resultaba útil en este empeño. El miedo ha vuelto a aparecer en Valencia estas jornadas atrás...
¿Estaremos ante una nueva buena educación?

12 comentarios:

Anónimo dijo...

el comentario final del artículo es claramente tendencioso, pues relaciona la imposicion del currículo religioso con el MIEDO actual de los vándalos que queman y agreden aprovechando el tumulto.La Democracia tmbién es ORDEN y RESPETO a personas y bienes.

PEÑA RAMIRO dijo...

El comentario final más que tendencioso lo consideramos reflexivo.
El miedo útil al que nos referimos en tiempos pasados se daba en ocasiones en el modo de aprendizaje: los niños aprendían a discernir el bien y el mal con relatos, muchos de ellos escalofriantes, sobre el sufrimiento que esperaba al pecador. Los niños malos podían morir. Los buenos también, pero por una acción noble. La diferencia es bien clara.
El miedo actual viene dado por motivos diversos...

Rafa dijo...

Ademas yo diría que mas que el miedo de los niños, es el miedo de los padres, un miedo, antaño, fisico al maltrato, pero ahora el miedo de los padres es un miedo siquico, por mucho que las fuerzas de orden hayan actuado desproporcionadamente, el miedo es un miedo burgues, a perder el estado de bienestar, duramente conseguido, pero que se esta deshaciendo como un azucarillo.
Tal ves los mas jovenes se hayan dado cuenta, no como sus hermanos mayores, que lo tienen muy crudo.

Anónimo dijo...

¿Que si ha vuelto el miedo? Y también la vergüenza.
El movimiento de protesta lo iniciaron unos veinte o treinta estudiantes de bachillerato y de 4º de la ESO el lunes 13, saliendo a protestar a la acera al acabar las clases (a las 14’45 h) y cortando parcialmente la calle Xàtiva durante unos pocos minutos. Como contaron con el apoyo y el aplauso de la gente que los veía, lo repitieron al día siguiente, a la misma hora, aunque eran unos pocos más. El miércoles ya les estaban esperando con TODO y lo que pasó ya es historia. En los días sucesivos se fue añadiendo más gente que no eran sólo estudiantes (padres y madres, por ejemplo) ni sólo del Lluis Vives (pero sí de otros institutos de la ciudad). Lo que, en efecto, podía haber sido una simple anécdota (como le pronostiqué a mi hija que estuvo desde el primer día, vaya profeta) se ha convertido en noticia mundial gracias a la inepcia de Loskemandan. Y ahora, perdida la primera batalla contra el “enemigo”, viene su contraataque, anda que no sabrán ellos de propaganda y desinformación.

Anónimo dijo...

"Lo único que cura el miedo es el peligro auténtico. La reflexión aumenta el miedo. Los hombres que no piensan en la muerte no la temen. Pensar y no actuar es manantial de miedo. Ésta es la causa del miedo de los intelectuales."
Miguel de Unamuno

Anónimo dijo...

Solo una pequeña aclaración. Al pie de la primera foto se dice "Alcublas 1939" y se habla de los rituales fascistas. Esa foto corresponde a 1936, antes de empezar la guerra, y por lo tanto es de la escuela republicana, por cierto con muy buenos maestros. Lo sé porque mi madre aparece en la foto y tenía 11 años. Fue su último curso. Los salvadores de la patria no solo cercenarón su educación sino también su futuro.

Anónimo dijo...

¿A que se le tiene que tener miedo? Al Coco como decía mi abuelo. Ahora resulta que va a volver el miedo a las aulas, el crucifijo y el autoritarismo.

Muchos queréis que se piense, la idea de: “con nosotros todo era perfecto ahora con esto mirar lo que vais a tener”. Tenemos que empezar a asumir que nuestro modelo de Estado lo hemos agotado, y con él, El Estado de Bienestar. Al cambio de un modelo a otro, la transformación del Estado de bienestar y los DERECHOS QUE PERDERÉ POR EL CAMINO ES A LO QUE SE TIENE MIEDO.

Anónimo dijo...

El modelo educativo franquista partió de una radical ruptura con el modelo republicano anterior, aunque paradójicamente fue en la España franquista cuando se alcanzó una de las grandes aspiraciones educativas del progresismo español, como fue la universalización del sistema educativo a toda la población y, por ende, la alfabetización masiva de los españoles. Si la IIª República había defendido una escuela laica, progresista y estatal, el franquismo apeló a la tradición y la religiosidad, dejando en manos de la Iglesia gran parte de la labor educativa, como uno más de los privilegios que esta disfrutó, a cambio de su apoyo incondicional al régimen.

Anónimo dijo...

Yo aun recuerdo las cartillas de urbanidad. No me parecían mal, qué queréis que os diga.
Recordarán algunos todavía las clases de urbanidad que se impartían en la enseñanza
primaria, y para las cuales se escribieron diversos prontuarios y cartillas con cuyo auxilio los
maestros habrían de adoctrinar a las niñas y a los niños en unas cuantas pautas de buena conducta ciudadana. Se trataba de no ser cafres, de tener modales correctos, ser respetuosos
en el trato y adoptar buenas costumbres.
Una virtud de aquella inculcación de la urbanidad era que el adoctrinamiento no pretendía ser sino superficial. Se enseñaba a los niños qué pautas
comportamentales se esperaban de ellos, porque cada uno las espera de los demás, pero no se trataba de
coaccionarlos en modo alguno a adherirse a unos valores socialmente adoptados y que
fundamentan esas pautas de convivencia social. Las lecciones empezaban y terminaban en
enseñar la lista de costumbres cívicamente admisibles y de las cívicamente prohibidas o
censurables, siempre con la indicación de que había que abstenerse de las segundas. Y nada
más.

Anónimo dijo...

Mi madre me contaba que generalmente para la Religión se destinaba toda la mañana del sábado,las 3 horas de clase, de 9 a 12 de la mañana; se hablaba del evangelio del domingo siguiente. Se explicaba la vida de algún santo o santa, Santa Teresa de Jesús, por ejemplo, las hazañas de San Jorge, que mató al dragón... hazañas increíbles y extraordinarias, puros milagros con los que la gente, los niños y niñas de la época se quedaban boquiabiertos. Eran historias que sonaban muy bien en los oídos de gente de posguerra, inmersos en la escasez, el racionamiento y el estraperlo.

Anónimo dijo...

Quien de mi generación no recuerda la leche en polbo de los americanos, el ¡a cubrirse,firmes,ya, y la ostia que le dio D.Vicente Cabo a Paco Llora por hacerse el remolón.
Las cavas(tirarse piedras unos a otros)al salir de escuela. Los novillos(pelarse la clase), cuando venian los militares de maniobras y disparaban con su artilleria, sus bombas sobrevolando el pueblo, desde la Valsa Calzón a Peña Ramiro.
Cuantas barbaridades por metro cuadrado.

Anónimo dijo...

¿Curriculum religioso relacionado con MIEDO?

Por supuesto. Una religión que basa su relación con sus fieles en el miedo a los infiernos, a ser castigado por cualquier cosa, a vivir atormentado y señalado como pecador en el presente y a arder infinitamente en el futuro de los infiernos, no puede alardear de bondadosa y pacífica.
Por desgracia, la iglesia liberadora de las personas, la de la sencillez y el amor hecho práctica diaria es minoritaria. Ganan los roucos, legionarios, opus, kikos... personas y colectivos muy respetables pero que viven dentro de su mundo, aspirando a imponer al resto su moral.
¿MIEDO? SÍ.
Y cuando son los que dan las órdenes a los de uniforme, mñas aún.

Por cierto, fueron estos últimos los únicos "vándalos que queman y agreden aprovechando el tumulto".
Los estudiantes han dado todo un ejemplo a los que aspiran a devolvernos a las "prietas filas" y el nacionalcatolicismo que yo viví cada sábado y domingo, cada semana santa obligatoria, cada mes de maria de todo mayo, cada fiesta religiosa obligatoria... de mi infancia con en principal argumento del miedo a los infiernos y, cuando fallaba, miedo a los castigos más terrenales.
A estos les tengo miedo, no a los que han hecho de su religiosidad un precioso testimonio de compromiso diario, personal e intrasferible con el ser humano.