martes, 15 de enero de 2013

LAS CORRIDAS. SAN ANTÓN. ALCUBLAS

En octubre de 1917 Don José Alegre, secretario del Ayuntamiento de Alcublas, en su HISTORIA DE ALCUBLAS escribió su crónica de cómo eran las CORRIDAS de entonces. Lo trascribimos a continuación.


Es el dia 19 de Enero,el mes más crudo del año, frio siempre, a veces son nieves que blanquean los montes, otras son el impetuoso y tenaz viento regañón que brama entre los edificios. Es el final de las festividades, al titular San Antonio de Abad. Es el dia destinado a sufragio de las almas, y para diversión de los vivos con las carreras y cohetes sueltos.
Antes de amanecer doblan las campanas tocando el patético y quejumbroso sonido fúnebre, y parecen más tristes sus sonidos al romper las capas del silencio de la noche. Presurosa acude la gente a la Iglesia para oir el último sermón del predicador forastero.
En los bancos del presbiterio, los concejales ca sus. capas. En el centro de la nave, un túmulo se levanta con las negras bayetas circundando de gruesos blandones encendidos. Y el templo todo rebosa de gente. El frio de la mañana se ha enroscado en las gargantas de los fieles, que no cesan de toser, toser hasta formar un coro de toses que obligan a interrumpir el sermón.

A las 8 de la mañana, el frio es intenso, el sol apenas calienta. Es la hora de partir el predicador. Las campanas al vuelo así lo anuncian. Acuden presurosos los vecinos a la plaza del cura. La música deja oir las notas del alegre pasodoble. La comitiva se pone en marcha; delante el predicador, el clero, los concejales y una apiñada multitud que sigue y de todas vocacalles vá afluyendo personal que victorea al Padre predicador. En las afueras un carruaje espera; los vivas se repiten, la música no cesa de soltar notas, los apretones de manos de despedida se prodigan a la diligencia se aleja velos en medio de aquel entusiasmo.
Camino de la Cava, van, los concejales con los pollos para premiar a los vencedores en la carrera, y una avalancha de gente sigue en pos de la banda de música.


La carrera de la Cava, sirve de hipódromo a las carreras. A ambos lados, sobre los alterones del terreno y de los estercoleros, que no faltan en este sitio, apilada multitud espera impaciente. Al extremo de abajo en tropel están reunidas las cuadras de mulos y asnos que han de disputarse los pollos.
No llevan ciertamente estas bestias los nombres de_ batalla enronzados en landande. Perermillión, ni van dirigidas las cuadras, por ningún siuex, son simplemente bestias de carga, de labranza, que montan y martirizan sus dueños. En el otro extremo. los concejales, es decir el jurado que rodea numeroso grupo d curiosos. La señal es hecha; los instrumentos de la banda esparcen sus sonidos. La primera cuadra que entra en liza es la de los asnos que castigados despiadadamente por sus jinetes y por algún que otro garrotazo, con que suelen regalarle los espectadores, corren como pueden trompicando a veces al Joquell, que rueda por el suelo cono una pelota en medio de la risotada del público. No falta el gracioso que presenta a su asno lleno de esparavanes y algún sobre-hueso. y con el costillaje dibujado.

El último número, son las carreras pedestres; primero los hombres, los atletas, corren veloces en busca del ansiado pollo , después las mujeres que también ellas son ansiosas para disputarse el premio que tiene asignado, y van por él corriendo, con la faldas medio remangadas.


Retornan al pueblo.Los vencedores llevan en alto los pollos,s eñal de su victoria. Los otros comentando las carreras.  A la entrada hacen su aparición los cohete sueltos, con sus infernales bufidos estridentes y secas detonaciones. La dispersión se inicia rápida. Pronto
quedan solo en la calle los valientes, los sin miedo al cohetazo. Rápidamente todo el pueblo se contagia de esta loca y desenfrenada diversión. Las calles, ya no son calles,s on sucursales del infierno, campo de batalla diabólica. Los cohetes se arrastran con ímpetu por el suelo, barriéndolo, braman cual culebras curiosas, paran como para tomar aliento y vuelven de nuevo a bramar con más estridencia se remontan veloces, impetuosos por el aire; chocan con las paredes que enegrecen y estallan en detonaciones potentes. Dijérase que andan sueltas las furias del averno que en turbulenta catarata vomitan rayos por doquier, dejando el olor del humo salitroso de pólvora flotando por la población .
Los miedosos, los que no gustan que les acaricien las chispas de los cohetes permanecen en encierro forzoso en sus domicilios.


Orden es dada de que cese esta loca diversión.
Las calderas va a ser repartidas a los pobres. La imprescindible banda de música ameniza el acto. Los concejales, el alcalde, el Cura, el Vicario, todos rodean las calderas cuyo condimento despide el olor apetitoso de comida, cerca, en grupo de miseriosos muestran sus platos, sus cazuelas, sus potes, ávidos de su ración.
El cucharón manejado por un Concejal va repar­tiendo raciones a los pobres que se agolpan queriendo todos a la vez. Allí acuden pordioseros de todas partes y de todas cataduras; se ven cojos, ciegos, niños, jóvenes, viejos, familias enteras que por tradíción acuden estos dias a pedir. Algunos organizan un especie de ataque a la caldera. Toman su ración, la vacían en otro pote y vuelta a llenar una, dos, cuantas veces pueden.
Termina el reparto, la música hace mutis, que bastante han soplado ya. Los cohetes ¡cómo no! hacen aparición adueñandose del pueblo, hasta que los amaters de esta agradable diversión que sus buenos dineros les cuesta quedan más bien faltos de metal que cansados y con ellos vuélve la  tranquilidad que había tenido tales andanzas.


3 comentarios:

Que corridas las de aquel año dijo...

Desde que llegó la dichosa mecanización al lugar ya no veo esas inmemorables carreras de asnos.

No obstate si algún voluntario se dignase a correr disfrazado con un casco de aviador supliría sin ninguna dificultad a esos simpaticos y menospreciados animales.

Fácilmente también podría llevarse más de un garrotazo del enfervorizado público, que a veces no sabe difernciar a las personas de los asnos.

Historia de un garrote dijo...

El garrote digno instrumento que apuntala la razón, simple alargamiento de un brazo diestro, que brama en el aire como los cohetes en la cordá.
Pero no un garrote de ahora, made in China.¡Ese garrote de enebro, de antaño!, en el que cada nudo refejaba la longevidad del arbusto, y era el pavor de los baticuellos más ilustres de la epoca.
Ese garrote es el que tendremos que sacar en la caldera, por sí algún concejal nos pone un cucharón más pequeño que a todos los pordioseros que por allí se esperan.
Y sí es necesario hacer un ataque a la caldera, garrote en mano.¡Se hace!.
Y sí es necesario que una vez bendecida por el sr Cura, la secuestremos hasta llenar todos los potes y cocioles que tengamos en casas.¡Se hace!.
Por que lo más importante ese día es que todos los que vengan a visitarnos sepan.
QUE UN ALCUBLANO Y UN GARROTE EN MANO SON PRIMOS HERMANOS

Anónimo dijo...

Mañana comienza San Antón,
con polémica incluida.
camuflar con salves de aviación,
un programa que eso prodiga.

Nadie sé dé al infame engaño.
son fiestas de nuestra pertenencia.
Y que en el próximo año,
abunde más la inteligencia.

Los hay ansiosos por caldera,
incuso hablan de garrotazos.
¿A qué viene tanta quimera?,
a todos nos llenarán los cazos.

Creo que hablo con ironía,
como los anteriores comentarios.
que queda una noche y un día,
los malos rollos, en los armarios.