jueves, 3 de enero de 2013

SIRVA DE HOMENAJE A VICENTE VALLET


El pasado 23 de diciembre falleció de manera repentina nuestro amigo y colaborador VICENTE VALLET PUERTA.
Vicente, Licenciado en Derecho por la Universidad Central de Barcelona, pertenecía al Cuerpo Superior Jurídico de Secretarios Judiciales con destino en la Audiencia Provincial de Valencia. Cofundador de la “Unión Progresista de Secretarios Judiciales” en 1990, fue patrono y secretario de la “Fundación por la Justicia” de Valencia y, vocal de la “Junta de Expurgo de la Comunidad Valenciana”. Profesor de derecho en el Colegio Universitario “Abad de Oliba” de Barcelona, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, en la Universidad de Valencia y en el Centro de Estudios Judiciales de Madrid, en el año 2007 le fue concedida por el Ministro de Justicia la “Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort”.
En el ámbito cultural, “Cronista Oficial del Vizcondado de Chelva”, Secretario de la asociación cultural “La Fénix Troyana” de Chelva y miembro del consejo de redacción de la revista “La Fénix Troyana”. También socio de “La Real Sociedad Económica de Amigos del País”, de “L’Associació de Cronistes Oficials del Regne de València” y de la “Real Asociación Española de Cronistas Oficiales”.

Pero ante todo, una excelente persona y buen amigo.
D.E.P.


Hemos rescatado una de sus colaboraciones con Peña Ramiro y con Alcublas. Con ella queremos dar nuestro pequeño homenaje a este gran amigo.

Muchas gracias Vicente por brindarnos tu amistad!!


DOÑA TERESA GIL DE VIDAURRE, SEÑORA DEL VILLAR DE LAS ALCUBLAS


El día 10 de abril de 1257, Jaime I de Aragón donó el villar de Las Alcublas a Teresa Gil de Vidaurre, dama de origen navarrés.
¿Quién era Teresa Gil de Vidaurre? ¿Por qué recibió la donación de un pequeño pueblo por parte del todo poderoso rey de la Corona de Aragón?




Jaime I, hombre propenso a conceder su afecto entre las damas que lo requerían o entre aquellas a quien él requería, mantenía una relación amorosa con Teresa Gil de Vidaurre desde la muerte de su segunda esposa, Violante de Hungría, en 1251, aunque algunos autores mantienen que se inició unos años antes.
Teresa Gil de Vidaurre, que era viuda de Pedro Sánchez de Lodosa y con el que había tenido al menos un hijo, Sancho Pérez de Lodosa, más integra, inteligente o sagaz que otras damas que habían compartido el lecho con el monarca, no accedió a sus proposiciones hasta que el rey le concedió ante un testigo, según la leyenda, “palabra de matrimonio”.
Si la leyenda es cierta, estaríamos en presencia de un matrimonio secreto y morganático que en aquellos años, aunque reprobado, era considerado válido. El matrimonio nunca fue reconocido por Jaime I, pues nunca dio el nombre de “esposa” o el título de “reina” a Teresa Gil de Vidaurre, aunque ésta, en su último testamento, se autotituló “uxor quondam” de Jaime I.

No habiendo cumplido Jaime I la “palabra de matrimonio”, Teresa Gil de Vidaurre recurrió ante el papa Clemente IV para que el matrimonio, que había contraído de buena fe, fuera reconocido oficialmente, iniciándose un pleito ante la corte pontificia que se prolongó durante los siguientes años. Algunos autores sostienen que el pleito lo inició Jaime I años más tarde, cuando a finales de 1265, el rey contaba cincuenta y siete años, se enamoró de Berenguela Alfonso, y alegando que Teresa Gil de Vidaurre padecía lepra solicitó al Papa autorización para contraer matrimonio y alejarse de Teresa.



A pesar de sus intentos, el monarca no pudo conseguir que la corte pontificia accediera a su separación. El papa Clemente IV mantuvo que si bien nunca había existido un verdadero matrimonio, vista la relación existente podía considerarse verdadero y consumado, por lo que no podía disolver dicha unión.

Jaime I no atendió la recomendación del Papa, manteniendo la amistad con Berenguela hasta su muerte en 1272. Poco después, ya sexagenario, el rey sedujo a una mujer casada, Sibila de Saga, si bien se decía que su matrimonio era nulo porque su marido no era soltero al contraer matrimonio. Jaime I aún se atrevió a solicitar al papa Gregorio X la anulación de su unión con Teresa Gil de Vidaurre, pero en septiembre de 1275 el sumo pontífice se negó a decretar la disolución, ordenándole separarse de su concubina bajo pena de excomunión. Al parecer, el monarca obedeció, tenía sesenta y siete años.

Los años más felices de la relación entre Jaime I y Teresa fueron desde 1255 a 1260, durante los que nacieron sus hijos, tanto que el monarca hizo diversas donaciones a Teresa y a su descendencia.

El 10 de abril de 1255 donó a Teresa las casas que en Valencia habían pertenecido a los reyes musulmanes Lobo y Zayyan.

El 9 de mayo de 1255 donó el castillo y la villa de Jérica, con sus aldeas y términos, a Teresa y la descendencia que pudieran tener ambos.

El 10 de abril de 1257 la donación que más nos interesa, Las Alcublas, a Teresa, sin mencionar a los hijos o descendientes.
El 18 de agosto de 1257 el castillo y la villa de Flix a Teresa y a sus hijos.

El 2 de enero de 1258 donó los castillos de Arcos (de las Salinas), Zacarés y Peña de Ahija a Teresa. A su muerte lo heredaría su hijo Pedro, pero si éste fallecía los heredaría en su caso un tercer hijo, y si éste no llegaba a nacer o le premoría, lo heredaría el primogénito Jaime.

El 5 de abril de 1260, la heredad de la Zaidía, situada fuera de las murallas de la ciudad de Valencia, a su hijo Jaime de Jérica. En ésa heredad es donde Teresa Gil de Vidaurre fundó el monasterio de la Zaidía en el que vivió desde 1268, no llegando a profesar como monja ni llegó a ser abadesa, como se desprende del hecho de haber otorgado testamento, lo que estaba prohibido a quienes profesaban como religiosos.



Teresa Gil de Vidaurre, mujer inteligente que era hija de Gil de Vidaurre, caballero de origen navarrés, y de Toda Garcés de Azagra, no se conformó con las villas, castillos, lugares y heredades que le donó Jaime I de Aragón. Dispuesta a que sus hijos tuvieran un gran patrimonio compró a los Azagras los lugares de Altura, Castellmontant y Mora de Rubielos, y a su pariente Pedro Ladrón el señorío de Ayerbe en Aragón.

Falleció entre finales de octubre de 1279 y principios de enero de 1280. Por su testamento, se conserva un traslado de 9 de octubre de 1408 en el Archivo del Reino de Valencia, sabemos como distribuyó sus propiedades entre sus hijos:

Al primogénito, Jaime de Jérica, lo instituyó heredero del señorío de Jérica y de los lugares de Altura, Castellmontant, Mora, Las Alcublas, Tormón y ciertas casas y heredades en Zaragoza y Navarra.
Al segundogénito, Pedro de Ayerbe, del señorío de Ayerbe y de los lugares de Cabañas, Azuer, Boquiñeni, Luesia y Agüero.

Por su parte, Jaime I de Aragón, en su último testamento otorgado en Montpellier el 26 de agosto de 1272, reconoció a los hijos tenidos con Teresa Gil de Vidaurre como legítimos, incluyéndolos en las sustituciones hereditarias que estableció detrás de los hijos tenidos con Violante de Hungría, los infantes reales Pedro y Jaime. La legitimación por vía testamentaria era legal, reconociendo a los hijos legitimados la condición de hijos legítimos y con plenos derechos, por lo que, tras su inclusión en las sustituciones hereditarias, si fallecían Pedro y Jaime de Aragón sin sucesión, los hijos tenidos con Teresa Gil de Vidaurre podían convertirse en reyes de la Corona de Aragón y Mallorca. Pasaron de ser tenidos por hijos naturales o bastardos, a tener posibilidades, aunque mínimas, de reinar. No tuvieron la misma consideración otros hijos de Jaime I, como Fernando Sánchez de Castro y Pedro Fernández de Hijar.

No sabemos si fue la conciencia del rey, la presión de la corte pontificia o el resplandor de la palabra “verdad” lo que motivó tal decisión, lo cierto es que Teresa Gil de Vidaurre debió recibir de Jaime I “palabra de matrimonio”.

Vicente Vallet Puerta
Cronista Oficial del Vizcondado de Chelva

NOTA. Para redactar el anterior artículo, me he basado en las páginas de mi libro “El Señorío de Chelva y sus Señores. Siglos XIII y XIV. Los linajes de los Azagra y los Jérica”.

6 comentarios:

JUAN ANTONIO FERNANDEZ PERIS dijo...

Merecido homenaje a una gran persona, enamorado de La Serranía.

Hasta siempre, Vicente...

montesa enduro dijo...

personas asi son los crean historia,los serranos perdemos un amigo y un referente.

socrates dijo...

Siempre se van los mejores, quedamos los mediocres.

Guía Cultural y de Turismo de los pueblos del Palancia dijo...

No tuve el placer de conocerlo en vida, pero al menos espero lograr conocer parte del tiempo que le dedicó en esta a leer su obra sobre el linaje de los Jérica.

Descanse en Paz.

J.P Morgan dijo...

Según tengo entendido falleció con sesenta años de una insuficiencia cardíaca.

Igual deberíamos reflexionar un poco, sobre las presiones a las que están sometidos todos los miembr@s honrados del sistema judicial, por parte de la clase política. Cuando los imputados mueven todas las fichas que el poder les otorga para presionarlos y persuadirlos.

D.E.P

Anónimo dijo...

Una persona de una gran talla intelectual y sobre todo humana.

Ha dejado amigos en este mundo.
¡Hasta siempre Vicente¡