miércoles, 27 de noviembre de 2013

¿DÓNDE VIVIMOS?

FALLECE UN VECINO DE ARAS DE LOS OLMOS TRAS SUFRIR UN INFARTO DESPUÉS QUE LOS SERVICIOS DE EMERGENCIAS TARDARAN CINCUENTA MINUTOS EN ACUDIR.


Reproducimos la noticia que han dado Serranía TV y el Rincón Serrano:

Un vecino fallece en Aras y el alcalde denuncia que los servicios de emergencia tardaron 50 minutos en llegar.
“Debido a la ineficiencia de los servicios de salud se ha producido esta muerte en Aras”. Así de contundente y de indignado se ha mostrado el alcalde de Aras de los Olmos, Rafael Giménez, tras el fallecimiento de un vecino en el municipio que sufrió un posible infarto el pasado lunes. Los servicios de emergencia, que subían desde Llíria, tardaron en llegar 50 minutos.
“Queremos reclamar que estamos mal atendidos y que los pueblos de interior estamos discriminados. Tenemos el mismo derecho que los vecinos de pueblos más cercanos a ser atendidos con celeridad y la primera atención recibida por este vecino fallecido llegó demasiado tarde. En salud no se debe escatimar y los pueblos de la Serranía necesitamos que haya una ambulancia más cercana”, recalca Giménez.
Los vecinos lograron reanimar al vecino pero la ambulancia tardó 50 minutos en llegar y no avisaron al médico.
El incidente tuvo lugar a las tres menos cinco de la tarde, cuando el fallecido se empezó a encontrar mal y cayó al suelo con síntomas de infarto. En ese mismo momento se llamó al 112, pero no fue hasta 50 minutos después cuando llegó la ambulancia. Giménez ha recalcado que vecinos del pueblo consiguieron reanimar al fallecido, pero minutos más tarde ya no se pudo hacer nada.
El alcalde de Aras, Rafael Giménez, ha denunciado que tras esta llamada, el 112 no avisó al personal médico más cercano que está en Titaguas y que la ambulancia tardó un tiempo excesivo en llegar, ya que subía desde Llíria, al no haber otro vehículo de urgencias más próximo al municipio. Además, la ambulancia que llegó a Aras no disponía de personal médico para atender al vecino de Aras.
“El 112 es el que tiene que decidir cómo se debe atender y deberían haber mandado a personal del centro de salud de Titaguas mientras llegaba la ambulancia. El médico de Titaguas, que podría haber llegado en menos de diez minutos, llegó más tarde que el vehículo de emergencias porque no le avisaron. En momentos como éste, sólo unos minutos pueden ser determinantes para salvar una vida”, indica el alcalde.
El primer edil también ha hecho hincapié en que la sensación que tienen los vecinos en Aras de los Olmos es de que si hubiera habido personal médico y los medios necesarios en aquel momento, se podría haber salvado la vida del vecino fallecido.


Desde Peña Ramiro damos nuestro pésame a la familia del Serrano fallecido. Y advertimos de la gravísima falta de respeto hacia los vecinos de nuestra comarca pues, recientemente, la Conselleria de Sanitat dirigida por Manuel Llombart puso en marcha el llamado "Código Infarto".






Activación del “Código Infarto”
La reperfusión de los pacientes con IAMEST se debe efectuar inmediatamente. La eficacia del tratamiento de reperfusión está relacionada con la prontitud con que se instaure.
El paciente con dolor torácico puede acceder al sistema sanitario solicitando asistencia:
  • ‒  llamando por teléfono al Centro de Información y Coordinación de Urgencias (CICU), desde un domicilio o desde lugares públicos,
  • ‒  acudiendo directamente a un centro de atención primaria y
  • ‒  acudiendo directamente a un hospital.
    Cualquier centro o instancia médica que reciba al paciente: Centro de Atención Primaria (AP), Urgencias de AP, Urgencias Hospitalarias, SAMU, etc. podrá pedir al CICU la activación del plan.
    La activación del “Código Infarto” por el CICU conlleva, entre otras actuaciones:
  • ‒  la movilización de los recursos de atención urgente y traslado si se precisan.
  • ‒  la activación del cardiólogo hemodinamista y la puesta en comunicación con el médico que atiende al paciente.
    la notificación al médico responsable de la unidad de cuidados intensivos o coronarios del hospital donde se vaya a realizar la angioplastia primaria.
             ‒ el aviso al hospital de retorno del paciente, si procede. 

Podemos apreciar claramente las irregularidades cometidas. El hecho es claramente denunciable.
Hoy se ha procedido al cierre de RTVV. Es una verdadera lástima que este cierre no se hubiera producido meses atrás, pues, según palabras de nuestro Honorable President, tendríamos una ambulancia en Chelva debidamente dotada y estarían tanto las urgencias como la atención médica del Hospital de Lliria en pleno funcionamiento.
Una verdadera lástima.

domingo, 24 de noviembre de 2013

EL LLANO DE LA BALSA Y SUS ALREDEDORES. ALCUBLAS

El altiplano de Alcublas representa el mayor espacio llano, al menos relativamente, inserto en la cadena montañosa que se extiende desde la sierra de Javalambre, en Aragón, hasta las inmediaciones de la costa, entre el valle del Palancia al norte y la cuenca del Turia al sur. Es un espacio singular en el contexto de esa extensa y abrupta alineación montañosa que recibe diversos nombres según el tramo, como sierra del Toro, de Andilla, de la Cueva Santa, Calderona o de Portaceli, etc. El altiplano corresponde a grandes rasgos al término de Alcublas, municipio de la Serranía situado como un apéndice territorial oriental de la misma entre el Alto Palancia y el Camp de Túria.

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Pese a integrar una unidad geográfica esta área no presenta un carácter unitario sino que muestra una diversidad de parajes que abarcan junto a hoyas, cañadas y llanos a cerros y lomas. Por su relieve más suave y presencia de superficie de tierras de cultivo destacan el Llano de Alcublas, el mayor y situado alrededor del pueblo, prolongado por el entorno de la rambla de Alcublas, al sur, y el Llano de la Balsa con sus extensiones, al norte del término.
Bajo la denominación de Llano de la Balsa aludimos aquí a un área que aglutina diversos parajes, con el de la Balsa como uno de los más representativos y situado en su centro. El Llano de la Balsa es una extensa hondonada de suave pendiente, con áreas prácticamente llanas, situada entre los 820 y los 860 metros de altitud en su zona central, dispuesta en suave descenso desde el norte, el oeste y el este hacia el sur. Se prolonga hacia el norte por la Balsilla y el área de las Dueñas, hacia el noreste y tras una suave loma y el colladillo conocido como collado de la Cruz hacia el Prado, además de alguna cañada confluente como la del collado Herrero, al sureste.
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Por poniente cierra el área, marcando una divisoria territorial y paisajística, la sierra conocida como la Solana, prolongada alineación dispuesta a lo largo de unos cuatro kilómetros de suroeste a noreste. Constituye un bloque compacto delimitado por fallas, una estribación más de la sierra de Javalambre. En ella se alcanza los 1.125 metros de altitud en la cima, la Cumbre, siendo otro de sus referentes el más meridional alto de la Silla. Esta serrezuela representa el extremo oriental de la sierra de Andilla, o de la Bellida, territorio elevado y agreste situado al oeste y se asoma sobre el llano unos doscientos cincuenta metros de altitud sobre este. Esta preeminencia geográfica y la consiguiente visibilidad justifican el carácter emblemático de esta sierra para los vecinos de Alcublas y su remoto poblamiento evidenciado por los restos de antiguos poblados en sus cumbres.
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La Solana, integrada por calizas y dolomías triásicas, con algunos afloramientos de yesos y de margas del Keuper, muestra sus empinadas laderas en una regularidad solo alterada por algunos pequeños barrancos o vaguadas que la surcan. Estuvo cubierta hasta 2012 por un denso matorral de coscoja, romero, tomillo, jara, aliaga, ejemplares aislados de enebro o sabina negral, con pinadas de pino carrasco hacia el barranco de Lucía y diversos enclaves de carrascal, con alternancia de árboles aislados y extensos bosquetes de pinar y carrasca. El devastador incendio de julio de 2012 arrasó buena parte del término de Alcublas, incluida toda la sierra, hasta el punto de que le cabe el dudoso honor de ser uno de los pueblos que ha padecido con mayor intensidad los efectos del fuego, y sus consecuencias son perceptibles en cualquier dirección. Ahora la sierra ofrece la imagen gris de la piedra caliza y el negro de la vegetación carbonizada, si bien más de un año después del incendio verdea por los abundantes rebrotes. Además tras el inicio de las actuaciones forestales de retirada de vegetación quemada se observa diversas estructuras acondicionadas para frenar los procesos erosivos. Por sus valores naturales, desgraciadamente ahora tan afectados, esta zona forma parte del Paraje Natural Municipal de la Solana – barranco de Lucía, declarado en 2006 y con una extensión de 371 hectáreas.
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Por el norte limitan estas hoyas y llanos un conjunto de suaves montes en el área existente a caballo entre los términos de Alcublas y Jérica, hacia el valle del Palancia, como es el caso al noreste del Descansador. Hacia levante estos montes se prolongan con altitudes que oscilan entre los 850 y 900 metros, por la Montanera al este y el cerro de Martín al sureste. Hacia el noreste, en segundo plano, en el vecino término de Altura, destaca más allá el Montemayor, cerro de cima redondeada que como su nombre indica es la principal elevación de un extenso territorio circundante y referente del mismo. En todas direcciones el matorral, el pinar y el carrascal asolados por el incendio de verano de 2012 son la imagen destacada.
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El Montemayor cuenta con un vértice geodésico en su cima, situado a 1.022 metros, y es fácilmente identificable además por la antena de telecomunicaciones y la caseta de vigilancia forestal situada en ella. Tampoco su cima se libró del devastador incendio que procedente de Andilla arrasó el espacio forestal y algunas áreas cultivadas de Alcublas, en este caso en dirección a Altura. El fuego bordeó el pueblo por el norte y por el sur, que quedó incomunicado durante mucho tiempo, antes de adentrarse en los vecinos términos de Altura y Llíria, mientras arrasaba los también colindantes de Sacañet y Teresa. Desde el Llano de la Balsa los ennegrecidos montes se extienden en todas direcciones.
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Hacia el sur diversos cerros marcan la divisoria hacia el Llano de Alcublas, al suroeste, hacia la Hoya de Civera, al sur, y hacia la más alejada Hoya de Guerri, al sureste. Aquí destaca al suroeste el Cerro Cotonero y tras éste, en progresiva elevación, el aislado cerro de los Molinos, con su cumbre a 904 metros. El cerro de los Molinos constituye otro de los referentes geográficos territoriales, más al hallarse sobre el pueblo y ofrecer su cima la singular imagen de sus molinos de viento. Estos molinos, cuya construcción comenzó al parecer durante la segunda mitad del siglo XVII, daban servicio a los vecinos de Alcublas y ha sido objeto de diversas actuaciones de reconstrucción y restauración durante las últimas décadas. La estampa de los molinos sobre el cerro es una de las imágenes más conocidas de Alcublas.
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Desde muchos de estos parajes más elevados no sólo se dispone de bellas panorámicas del entorno próximo sino que puede observarse la ciudad de Valencia y la extensa llanura litoral que la circunda, hasta la Muntanya d’Alacant. Quien pasea por estos parajes puede con facilidad contrastar sus paisajes con los del litoral. Estas imágenes alcanzan su mayor singularidad y contraste por la noche, cuando desde muchos lugares se observa a los pies de las sierras la impactante visión de la iluminación de ciudades, pueblos e infraestructuras.
Entre el cerro de los Molinos y la loma Noguera de la Peña, apéndice de la sierra de la Solana, se halla el barranco de la Tejería, desagüe natural del Llano de la Balsa hacia el de Alcublas. El barranco de la Tejería actúa como curso de drenaje del Llano de la Balsa y también de buena parte del área circundante. Confluye con el barranco del Agua, éste procedente de la Solana y su área meridional junto a Alcublas, fuera de nuestro ámbito, y como cauce unitario se une al barranco del Pozuelo en el vecino término de Andilla para continuar como rambla de Alcublas. Esta rambla a su vez tras recibir el río de Andilla es antecedente de la rambla de Artaix, que aboca a la rambla Castellarda, principal curso no fluvial del tramo inferior del Turia caracterizada por sus episódicas e intensas avenidas.
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Pero una de las características definitorias del altiplano de Alcublas es la presencia de diversos parajes carentes de drenaje superficial, de áreas semiendorreicas. Las características edafológicas y los procesos geomorfológicos desarrollados en algunas áreas justifican esta situación. Durante los procesos de intensas precipitaciones se produce la acumulación de agua en algunas hondonadas, originando lagunas temporales en diversos parajes ocasionalmente de notables dimensiones. Es el caso de la Hoya de Alcublas, en el entorno del pueblo, con la anulación del drenaje del barranco homónimo por el abanico aluvial del barranco del Pozuelo. También se da este proceso en el Llano de la Balsa y en algunos lugares de su periferia como la Balsilla o el Prado. Estas lagunas temporales han dejado su impronta en la toponimia y han influido en el paisaje local al condicionar los cultivos en el núcleo de estas áreas y al tiempo facilitar el aprovisionamiento del ganado. Su influencia también es perceptible en la más compleja y frecuentemente tardía colonización agrícola de estos espacios, planificada o al menos coordinada en ocasiones. Este proceso es visible en la actualidad en los parcelarios de morfología más regular como en el caso del Prado y sobretodo en el cuadrangular de la Balsilla.
En esta zona destacan dos valiosos enclaves naturales como son la balsa Silvestre, con su lámina continua de agua, que alberga fauna de interés, como el gallipato y diversas especies de ranas y sapos, y vegetación palustre, o la Cueva Sabuquera. Esta es una sima, un extenso hoyo, que además de su valor como patrimonio cultural, puesto que fue utilizada como ventisquero, alberga frondosa vegetación en la que destaca la trepadora Climatis flammula.
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Por su situación y configuración geográfica la zona ha sido utilizada secularmente como área de paso. Históricamente ha sido frecuentada como paso de norte a sur entre los valles del Palancia y el Turia, y las tierras situadas más allá de ambos, como enlace entre Segorbe, Altura o Jérica al norte y Llíria o Villar del Arzobispo, por citar las localidades más conocidas, al sur. Pero también fue recorrida, intensamente hasta finales del siglo XIX, por quienes transportaban la nieve desde los ventisqueros de la sierra Bellida hacia Valencia, a través de la sierra de la Solana por el Camino de la Nieve. Por aquí discurren vías tradicionales desde Alcublas como el Camino de la Cueva Santa o de Altura; su derivación el camino de Jérica por el Collado de la Cruz y el Prao; el camino de Sacañet por las Dueñas, intersección con el anterior en la Balsilla; el camino de la Herbasana; el de Sacañet al norte o el camino de la Balsa Silvestre por la falda de la sierra.
En la actualidad destaca en el llano el trazado de la carretera de Alcublas a Altura y Segorbe, parte de ese planificado aunque nunca ejecutado eje viario intercomarcal, de la que deriva junto a la Balsa la carretera que por Sacañet se dirige a Begís. Su intersección contigua a la Balsa contribuye a mantener el carácter de este lugar como secular foco de confluencia de vías de comunicación.
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Pero además el altiplano ha sido testigo del secular tránsito de ganados desde el noroeste en dirección a la llanura litoral de Valencia. Por aquí en octubre y noviembre bajaban los rebaños procedentes del alto valle del Mijares, de la sierra de Gúdar y del incorrectamente denominado Maestrazgo de Teruel en octubre y noviembre hacia l’Horta, el Camp de Túria y la Ribera, las cálidas tierras de hibernada. En sentido contrario subían nuevamente en el mes de mayo hacia la sierra de Javalambre y otros destinos de la Comunidad de Teruel e incluso la comarca de Gúdar-Javalambre donde aprovechar los pastos de verano. La ruta ganadera de Barracas discurre por Ríos de Abajo, la Masía de los Pérez y la Masía del Collado, del término de Begís; las inmediaciones de Sacañet y la Cruz del Collado para acceder al de Alcublas y por la Fuente las Dueñas alcanzar el Corral del Duende donde se divide en tres ramales. El primero de ellos, el de Chulilla, va por la ermita de san Agustín y el segundo, de más tránsito, el de Pedralba, desciende por la Nava, la Hoya de la Vaca y el término de Llíria hacia el puente de Pedralba y el Camp de Túria, la Hoya de Buñol-Campo de Chiva y la Ribera. El tercero se dirige hacia Marines por la Hoya de Guerri y un collado hacia l’Horta y y el norte del Camp de Túria. Al menos durante las últimas décadas esta vía pecuaria es la más frecuentada por los trashumantes que superan la alineación entre Javalambre y el mar. Muestra de su relevancia es que se trata de una de las principales vías pecuarias desde la sierra de Gúdar al litoral junto con la que por l’Alt Maestrat, els Ports y el Baix Maestrat va al Montsià y junto con la que sigue el valle del Palancia.
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El tránsito de personas y de animales, junto con los desplazamientos locales de los mismos, favoreció la difusión de sencillas infraestructuras para el servicio de los mismos. Así aún puede observarse las ruinas de la masía de la Chupidilla o Chopidilla, junto a la carretera de Sacañet y la fuente de las Dueñas, que también ejerció de sencilla venta para los viajeros. La fuente de las Dueñas ha sido un histórico lugar de aguada para viajeros y ganados. Además de las fuentes se habilitó navajos para abrevar, charcas naturales acondicionadas o artificiales, como es el caso del navajo de las Aliagas Royas. La escasez de nacimientos impulsó la construcción de aljibes en el llano, de los que se conservan muestras como los de la Balsilla, en el aeródromo; el Prao, moderno; del Corral Blanco, junto al corral homónimo, etc. Actualmente destaca la Balsa, que además de dar nombre al paraje muestra sus notables dimensiones como abrevadero de ganado situado en un lugar estratégico.
En la determinación de la gestión del territorio que abordamos y por consiguiente la configuración de su paisaje, tuvo relevancia la adscripción de Alcublas a la cartuja de Vall de Crist, en el vecino término de Altura. En 1407 se produjo la donación real a esta importante cartuja de iniciativa real situada en el valle del Palancia. Durante siglos la cartuja hizo valer su poder y modelo de gestión territorial sobre las tierras de Alcublas y Altura. Para atender las necesidades de los vecinos de Alcublas en materia forestal, como la leña, la madera o las bellotas, se reservó el Carrascal de la Villa, que se hallaba al norte del área que nos ocupa y del término, en terreno montuoso. De aprovechamiento comunal sus recursos se gestionaban por la municipalidad. Habitualmente se arrendaba su explotación, como sucedió en diversas ocasiones mediante adjudicaciones a carboneros vascos, vizcaínos como se les denominaba antaño, visitantes asiduos también de otros pueblos de la Serranía. En sucesivas ocasiones el carrascal fue objeto de tala masiva y de posterior regeneración. Fuera de los límites del Carrascal los vecinos de Alcublas únicamente podían desarrollar algunos aprovechamientos para autoconsumo que autorizaba la cartuja.
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Los frailes obligaban a los alcublanos a acudir a los molinos harineros hidráulicos de su propiedad en Begís y Altura. Pero la notable distancia a los mismos y la necesidad de una población creciente impulsó a las autoridades locales a promover la construcción de molinos de viento. Este es el origen de estas emblemáticas construcciones, el primero de ellos de mediados del siglo XVII y el segundo de la segunda mitad de dicha centuria.
Más relevante fue la construcción y gestión de la masía de las Dueñas, al noroeste del área, núcleo de residencia y centro de la explotación agraria circundante. Las Dueñas es una de las masías que la cartuja situó en diversos lugares de su territorio montañoso para la gestión agraria y forestal, en la línea de las granjas agropecuarias que habitualmente creaban las instalaciones monásticas en su ámbito. Junto con las de Cucalón, la más conocida y emblemática, Abanillas o Uñoz, formaba parte de la red de grandes masías de la cartuja, la única de Alcublas puesto que el resto se hallan en el vecino término de Altura. La masía muestra detalles arquitectónicos de influencia señorial, con el escudo de la cartuja de Valldecrist y la fecha 1598 en su fachada, y está integrada por un interesante y completo conjunto de construcciones. Mantiene a grandes rasgos su imagen tradicional, con la puerta principal y su sólido arco, la distribución de los vanos en la fachada, la espadaña, etc. Completan la edificación principal los anexos como corrales, era y pajar, aljibe, etc. Como el resto de las masías, y la propia cartuja, la desamortización del siglo XIX produjo su paso a nuevos propietarios en el contexto de la desmembración del patrimonio de Vall de Crist.
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La masía de las Dueñas se halla en un suave altozano orientado al mediodía, en una hondonada entre bancales adaptados a la pendiente y alrededor del eje de drenaje dispuesto de noroeste (Fuente las Dueñas) a sureste, que pasa un estrecho tras la masada y va a parar al Prado. Contrasta como al este de la masía el trazado del parcelario agrícola es regular. También contrasta como el altozano de la masía y otro contiguo muestran la vegetación espontánea, en la que destaca el carrascal, entre el predominio de tierras de cultivo.
Desde su emplazamiento en un pequeño altozano la masía controla las tierras de labor y pasto circundantes, entre las que destaca la hondonada contigua con los bancales dispuestos en graderío por la ladera. En su ubicación al parecer resultó decisiva la disponibilidad de tierras susceptibles de cultivo aunque en su emplazamiento exacto el cerrillo, la orientación al mediodía y la disponibilidad de agua en las proximidades, del manantial conocido como la fuente de las Dueñas. También subsisten restos del nevero ligado a la masía, como la mayoría de los otros de la zona obra de los siglos XVII o XVIII. Cuenta asimismo con la gran balsa de las Dueñas, en el pasado abastecida de la fuente, interesante y ambiciosa obra hidráulica para atender el ganado de la explotación. Completa el aprovechamiento de los recursos hídricos el gran aljibe rectangular situado frente a la masía y el huerto.
La ganadería ha sido una actividad básica para Alcublas y esta área en concreto, no en vano éste ha sido un pueblo ganadero y el área lugar de intenso tránsito de los rebaños que se desplazaban entre las sierras aragonesas y el litoral valenciano. Tránsito de rebaños y desplazamiento de los ganados locales exigió una completa red de abrevaderos dispersos por el área como es el caso de las balsas Silvestre, Calzón, de la Pedrosa, la Balsilla junto a la balsa homónima, el de Cañas al final del llano de la Balsa hacia Altura, etc. Características singulares muestra la fuente de las Dueñas, con su infraestructura con el muro de cerramiento y dos escalinatas de acceso a la plataforma. En esta última durante los años cuarenta y cincuenta se acondicionó una nueva fuente, como también en periodo relativamente reciente se acondicionó un abrevadero nuevo en la fuente la Montanera. Los corrales han sido otro elemento esencial del paisaje local, cuyo número se incrementó durante los últimos siglos con la mayor disponibilidad de medios y los cambios en la estructura de la propiedad de la tierra. Una simple visión permite observar algunas de estas construcciones dispersas en el paisaje de la zona.
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La sierra fue objeto de intenso aprovechamiento, es el caso de los ventisqueros y la vía de transporte de la nieve entre los siglos XVI y XIX. Hubo los ventisqueros del barranco de Lucía, de la Cumbre y los dos de la Silla en la sierra, el de la Cueva Sabuquera al extremo septentrional de la misma, el de las Dueñas y ya en la periferia de esta zona el de la Villa, próximo al pueblo y visible junto al trazado de la carretera. El transporte de la nieve procedente de estos altos pero sobretodo de los numerosos de la cercana Bellida justificó un intenso tráfico de arrieros y carreteros a través de la sierra de la Solana en dirección a Alcublas. Huella de ese tráfico son las espectaculares carriladas excavadas en la piedra para las ruedas de los carros en la Solana, las popularmente conocidas como las Carrilás. Se trata de un camino del que se conserva un kilómetro labrado en la piedra que discurre por el sur-sureste del monte hacia la Balsa Silvestre. Arrieros y carreteros viajaban con sus cargas de nieve recubierta de paja en dirección a Valencia, de noche para evitar los efectos del calor en su delicada carga.
También es el caso de los hornos de cal, de los cuales puede observarse dos en la Solana, como son los cercanos a la Balsa Pedrosa y a la Balsa Silvestre. El yeso fue extraído de una cantera situada frente a la fuente de las Dueñas. Tradicionalmente la sierra fue objeto de extracción de leña y esta actividad como en otros pueblos vecinos alcanzó su máxima expresión en el siglo XX y hasta la década de 1960 con la recogida masiva de la misma, lafornilla, destinada a los hornos de pan cocer pero sobretodo a los cerámicos de Manises. Hubo tejería en las proximidades de la Balsilla, que ha dado nombre al paraje: la Tejería. La recogida de leña fue objeto de conflictos con los vecinos Altura, Andilla y Llíria, que dio lugar a algunas concordias. En la zona también se recogía abundante esparto, materia prima con múltiples utilidades en la sociedad tradicional, aunque en este caso principalmente para el consumo de los vecinos.
Como en tantos otros lugares semejantes la distancia del pueblo a las tierras de labor incentivó la construcción de algunas barracas y casetas de piedra. A lo largo del siglo XX su número se incrementó con construcciones dispersas en las que se empleó los nuevos materiales. Ya hacia el último cuarto del siglo se añadió diversas casetas o pequeños chalets de segunda residencia, en buena parte de autoconstrucción o al menos de muy sencillo diseño. Se observa algunas de estas construcciones dispersas en el llano, donde llegan a constituir agrupaciones en parajes como el Corral de Froilán o El Descansador.
También durante las últimas décadas del siglo XX, en un proceso que se mantiene hasta la actualidad, se produjo la implantación de algunas granjas avícolas. Alcublas es uno de los municipios valencianos con mayor volumen de ganadería avícola y las granjas se han difuminado por su término, aunque sin alcanzar el impacto de zonas con fuerte implantación del porcino. Puede observarse algunas de ellas, como al sureste de la Balsa o en el Cerro de Martín, que muestran el contraste entre las más sencillas granjas surgidas décadas atrás y las de diseño más moderno y mayores dimensiones más recientes. Las diferencias entre unas y otras instalaciones evidencia las transformaciones experimentadas en los procesos productivos.
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Otra muestra de impacto reciente, aunque permanezca semioculta desde el centro del área, es el gran huerto solar que se ha instalado en el extremo del Collado de Herrero. Esta instalación fotovoltaica local, con sus baterías de placas alineadas, las infraestructuras anexas y el cerramiento exterior, la imagen característica de estos establecimientos, representa a tantas otras que en los últimos años han aparecido hasta en los parajes más recónditos de nuestras tierras.
La Guerra Civil, en la cual el frente de batalla llegó a situarse en los vecinos términos de Teresa y Andilla, también dejó su impronta en la zona y nos ha legado un conjunto de construcciones levantadas por el ejército de la República. Es el caso de las trincheras existentes en los altos de la Solana. Pero destaca cómo en relación con el frente y la Batalla de Teruel se habilitó un aeródromo en el paraje de la Balsa, aprovechando las magníficas condiciones del mismo, un llano relativamente extenso y situado en una zona elevada. Formaba parte de la red de aeródromos dispersos por el territorio, como los cercanos de Villar del Arzobispo y Llíria. Estuvo en funcionamiento hasta 1938 y como curiosidad uno de los pilotos que lo utilizó fue el hijo del presidente Negrín. Esta instalación contaba con una pista y diversas infraestructuras anexas como refugios, polvorines, edificios para los encargados de mantenimiento, seguridad y pilotos, etc. Tras la guerra las antiguas tierras de labor que sirvieron como base de la pista retornaron a su utilización anterior aunque de las construcciones se ha conservado unos refugios que tras su restauración, acondicionamiento para su visita y señalización pueden ser visitados.
En julio de 1938, durante la ofensiva sobre Valencia, el frente se aproximó a Alcublas. Las tropas franquistas avanzaron desde el Puerto de Escandón hacia el valle del Palancia, mientras se intentó atravesar la sierra de el Toro y Andilla hacia el Villar y sobretodo se planeó cruzar el macizo montañoso entre el Palancia y el Turia precisamente por Alcublas. Estaba previsto atravesar por Alcublas hacia Llíria y la Ribera en una maniobra para rodear Valencia y cercar al núcleo del ejército republicano. Fracasó el ataque franquista desde el norte sobre la línea de la sierra de Espadán, estos tuvieron unas elevadas bajas en su avance por el valle del Palancia, donde llegaron a Viver, y el cruce por las tropas republicanas del río Ebro el día 25 de julio acabó por provocar el cese de la ofensiva. Conocedores los republicanos del riesgo que suponía un avance sobre Alcublas y con los franquistas situados muy cerca, en Bardés, en Andilla, se habilitó posiciones defensivas a lo largo de la cima de la sierra de la Solana. Se trataba en un segundo escalón tras las trincheras habilitadas en la Bellida, abordadas en un artículo anterior de Alter. El visitante puede observar los restos de trincheras y nidos de ametralladoras en el Alto de la Silla, la Solana, la Cueva Sabuquera, etc.
Las transformaciones recientes en el paisaje también son muy patentes en la evolución de los distintos cultivos. Al margen de la reducción de la superficie cultivada, desde las áreas más periféricas, de menor aptitud agronómica y parcelario más reducido e inaccesible, hacia el centro, se ha registrado notables cambios en la presencia de los distintos cultivos. Así se ha producido la práctica desaparición del antaño predominante cereal o la disminución del arbolado diseminado por las parcelas, como las higueras, en paralelo al retroceso del viñedo. Estos eran los cultivos predominantes décadas atrás en un contexto de inexistencia del olivo como consecuencia de los rigores del clima local vinculado a la altitud.
Desde la década de 1960 la expansión del almendro ha sido imparable, sustituyendo a los campos de cereal y en una fase posterior también al viñedo. Más reciente y en fase de desarrollo es el retroceso del viñedo, con mayor exigencia de atenciones que el almendro y rentabilidad decreciente, esta última acentuada por el predominio de la vid de uva blanca, principalmente la variedad Merseguera. El retroceso reciente de la superficie del viñedo en el término justifica que Alcublas vaya camino de dejar de ser un pueblo vinícola. Las plantaciones de almendro, con su regularidad y su evolución estacional predominan en el paisaje agrícola.
La transformación paisajística más notable está por producirse, un cambio que será radical en el área septentrional de esta zona que hemos denominado Llano de la Balsa y sus alrededores. Está prevista la construcción de un aeródromo, heredero del que funcionó durante la Guerra Civil, que aprovechará las condiciones geográficas para ello, como sucedió con aquel. Concentrará entre otras cosas una amplia gama de actividades deportivas aéreas, muchas de ellas procedentes de otras instalaciones que han quedado demasiado próximas a áreas urbanas, en una muestra de deslocalización desde zonas más congestionadas del litoral hacia espacios rurales. En este caso se prevé crear una instalación integrada en el territorio y respetuosa con el paisaje en la medida de las posibilidades, que integre cuestiones como la utilización de energías renovables, que ejerza de factor de desarrollo integral local, etc. En cualquier caso, como sucede en las infraestructuras de estas dimensiones, es previsible un cambio al menos en una parte del paisaje local.
Para recorrer la zona de la Solana, visitar su variado disperso patrimonio cultural, puede utilizarse el sendero PR-CV-105 De la Sabuquera a los molinos, aunque la mayor parte de su trazado discurre ahora por una zona arrasada por el incendio.
El acceso a Alcublas es por la carretera CV-245, de Llíria a Altura, conexión entre las autovías CV-35 y A-23. De ella deriva la CV-225 de Alcublas a Sacañet, por donde se puede enlazar con Bejís. El visitante a esta zona dispone de todos los servicios básicos comerciales, gasolinera, bares y oferta de comidas así como de alojamiento. Es el caso del alojamiento en la casa rural El Mirador de la Torre y el alojamiento rural La Seca, de los bares Unión Musical, El Molino, El Porche, Veintimilla, La Rocha, Avenida, la cafetería-discoteca Sefos, el pub La Cambra y de la oferta de comidas en El Molino y La Seca.
Para la redacción de este artículo se ha utilizado entre otras publicaciones el exhaustivo y recomendable Estudio de la arquitectura del agua y de la arquitectura rural en Alcublas. Estudio y evaluación del paraje natural de la Solana – barranco Lúcia. Patrimonio rural y patrimonio Cultural, de José Luis Alcaide Verdés, María Victoria Santolaria Mañes y Francisco Teruel Navarrete, editado por el Ayuntamiento de Alcublas en 2011 en su interesante colecciónAlcublas Escribe.

CARLES RODRIGO ALFONSO
ALTER 21
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martes, 19 de noviembre de 2013

PERSONAJES ILUSTRES RELACIONADOS CON ALCUBLAS...



AGUSTIN SALES Y ALCALÁ  
  
(Parte 2ª y última) 

EL PASADO ROMANO DE ALCUBLAS  


Como lo prometido es deuda, a continuación completaré la anterior entrada 
dedicada en este blog PEÑA RAMIRO a Agustín Sales y Alcalá, reputado doctor en 
Teología, escritor y Cronista de la Ciudad y Reino de Valencia, y su relación con 
Alcublas gracias a su interés por el estudio de inscripciones antiguas. En concreto 
analizaré un escrito de este insigne intelectual valenciano del siglo XVIII que ha 
permanecido inédito cerca de 250 años y  que permite conocer un poco más el pasado 
romano de Alcublas.  

Agustín Sales, fue un eminente personaje de la incipiente Ilustración valenciana 
de mediados del siglo XVIII, que gozó de una alta consideración y renombre en su 
tiempo. Fue miembro destacado de la Academia Valenciana y amigo del erudito 
Gregorio Mayans y Siscar. A lo largo de su vida publicaría una treintena de obras 
históricas, la mayor parte de historiografía crítica, además de dejar escritos un buen 
número de manuscritos todavía hoy inéditos. Sin embargo, también es cierto que fue un 
hombre controvertido, con un carácter adusto y muy dado a la polémica, lo que le granjeó 
la enemistad de varios personajes influyentes de su época.  

Como muestra de su prestigio reproduzco párrafos del capítulo CLXI del Tomo V 
del libro del canónigo Félix De Latassa y Ortín “Biblioteca Nueva de los Escritores  
Aragoneses que florecieron desde el año 1753 hasta el de 1795”, donde ensalza la obra 
de Agustín Sales: Sobre todo exaltó su merito literario, su sabia laboriosidad, y 
constante desvelo en las Ciencias, de que dexó memorias distinguidas. Y termina De 
Latassa el capítulo sobre la vida de A. Sales: “Los muchos Elogios que le han dado  
tantos sabios Literatos, especialmente censurando sus Obras, los renobaron el Doctor 
Ximeno en sus Escritores del Reyno de Valencia (…) Don Gregorio Mayans (…) y  
Don Antonio Ponz en su Viage de España (…) Y recientemente el Maestro Trinitario  
Fray Silvestre Calvo (…) llamandolo critico, y docto”.  


Una de las facetas más destacadas de Agustín Sales fue la de coleccionista de 
todo tipo de antigüedades (monedas, inscripciones, etc.), siendo toda una autoridad en la 
materia, además de contar con una importante biblioteca. Por ello, y a tenor de su gran 
reputación, fue nombrado el 27 de octubre de 1738 como “Chronista de la Ciudad y  
Reyno de Valencia”. Así pues, era bastante frecuente que se le consultara respecto al 
hallazgo de restos históricos. Y como ejemplo de ello es esta “CARTA DE UN NOBLE,  
I ERUDITO Valenciano al Doctor Agustin Sales, Presbitero, su Amigo, i Autor de la 
Dissertacion Historica, deseando saber su dictamen sobre la antiguedad de una 
Moneda, i una Inscripcion del tiempo de los Romanos”. 



 Y la RESPUESTA DEL DOCTOR AGUSTIN SALES, Presbitero, à su 
Amigo”, publicadas ambas al final de la conocida obra de Agustín Sales «Dissertación 
Histórica, Crítica, i Expositiva, del Sagrado Cáliz en que Christo Señor Nuestro 
consagró en la noche de la Cena, el qual se venera en la Santa Metropolitana Iglesia 
de Valencia», en la Imprenta de Joseph Estevan Dolz, Valencia, 1736. En ella Sales 
realiza primero el estudio de la moneda remitida: “Digo, pues, que esta Moneda es 
ciertamente Romana, sin que esto pueda admitir el mas leve escrúpulo”. Para seguir 
analizando la inscripción de la lápida encontrada en la actual plaza de San Vicente Ferrer 
frente a la Iglesia de Santo Tomás y San Felipe Neri, el 16 de mayo de 1735. 


A lo largo de su vida Agustín Sales sostuvo una intensa correspondencia con gran 
número de eruditos e intelectuales ilustrados, destacando sin duda la mantenida con su 
amigo y mentor Gregorio Mayans, así como con el polifacético catedrático de Teología y 
controvertido historiador, epigrafista, numismático, etc., padre agustino fray Enrique (o 
Henrique) Flórez de Setién y Huidobro. Buena prueba de ello es el epistolario de Sales 
con ambos depositado hoy en día en diversos archivos. Así en la Biblioteca Archivo 
Hispano Mayansiano del Colegio del Corpus Christi de Valencia o en el Archivo de la 
Real Academia de la Historia de Madrid. 



Esta colaboración fue más intensa en la Numismática, dada la gran colección de 
monedas que poseía Agustín Sales, de ahí el agradecimiento a Sales que aparece en el 
primer tomo de la obra de Enrique Flórez Medallas de las Colonias, Municipios y 
Pueblos Antiguos de España”, En la Oficina de Antonio Marín, Madrid, 1757. En el 
apartado de agradecimientos Flórez escribe “Gabinetes de que el Autor se ha servido 
fuera de sus Medallas, y de las publicadas en diferentes Libros (…) para mostrar el 
debido reconocimiento à los que se han servido contribuir para la Obra”, siguiendo la 
lista por orden alfabético con todos ellos. Y de nuestro personaje señala: El Doctor 
Agustin Sales, Chronista de la Ciudad y Reyno de Valencia, me honró enviando à la 
Celda sus Colonias y Municipios, para informarme ocularmente de cada una 


 La contribución de Agustín Sales a la historiografía moderna ha sido importante, 
en especial la relacionada con hallazgos romanos. Gracias a sus textos contamos hoy día 
con referencias de algunos de ellos que lamentablemente han desaparecido. Uno de los 
más famosos fue el llamado “Mosaico de Baco”, descubierto el 19 de abril de 1745 al 
practicarse obras en las laderas del cerro del Castillo, junto al arrabal de San Sebastián, 
para ensanchar el Camino Real en dirección a Valencia. Fue tal la trascendencia que se 
le dio que el propio rey mandaría para su estudio a Miguel Eugenio Muñoz y Lucientes, 
de la Real Audiencia de Valencia y académico de la Real Academia de la Historia de 
Madrid. Miguel Eugenio Muñoz visitaría el lugar los días 11, 12 y 13 de junio del mismo 
año, redactando una extensa memoria ilustrada con dibujos y acuarelas. 


 Por su parte, Agustín Sales también examinó personalmente este importante 
hallazgo arqueológico, escribiendo al respecto un estudio del que existen varias copias 
manuscritas: “Explicacion  del  Pavimento  Romano  descubierto  en  Sagunto;  i  se  
convence que era el sitio donde los Saguntinos, à honor de Baco, celebravan sus 
fiestas, llamadas de los Griegos, Orgias, ò de los Dioses del Infierno”. A los pocos 
años, desaprensivos y curiosos que se llevaban las teselas como recuerdo, terminaron 
destruyendo por completo este mosaico. Actualmente sólo se conservan los dibujos 
realizados en 1745 por Miguel Eugenio Muñoz y Luis Martel, así como reproducciones 
de éstos con ligeras variantes que fueron realizándose con el paso de los años. 



En 1760 Agustín Sales publicaba una nueva obra, esta vez escrita en latín, titulada 
“Turiae  Marmor nuper efossum sive Disertatio Critica, de Valentino Sodalicio 
Vernarum Colentium Isidem”. Valencia, Joseph Thomas Lucas, 1760. En este pequeño 
opúsculo de 48 páginas, Sales diserta sobre una lápida romana descubierta el año anterior 
en el cauce del río Turia, además de dar cuenta de trece episodios de graves riadas del 
Turia a su paso por Valencia entre 1328 y 1731. La lápida era de color gris oscuro y fue 
encontrada el 17 de octubre de 1759 en el lecho del río Turia al realizar trabajos en el 
muro de contención del margen derecho, aguas abajo del azud de Rovella. Agustín Sales 
relata en su opúsculo cómo la puso a salvo de la destrucción al trasladarla al anochecer 
del 13 de noviembre al Seminario de Nobles de Valencia.  


En ella se leía la inscripción latina “SODALICIVM  VERNARVM  
COLENTES ISID (EM)” (la congregación religiosa de los vernas adoradores de Isis). 
En el mundo romano los vernas o vernáculos eran los esclavos por haber nacido de 
padres esclavos. Esta lápida, posiblemente del Siglo I D.C., debía formar parte de un 
monumento dedicado a la diosa egipcia Isis emplazado en la orilla derecha del río Turia, 
fuera de los muros de la ciudad romana. En su tiempo este hallazgo arqueológico fue 
todo un acontecimiento. Tanto, que la Junta de Murs y Valls, responsable de la 
conservación de los muros del cauce del Turia a su paso por Valencia, encargó por 170 
libras a Bautista Pons en 1760 la construcción de un monumento conmemorativo. 


Este monumento en piedra, de claro estilo dieciochesco valenciano, y conocido 
como “Lápida de Isis” o “Monumento a Isis”, todavía puede ser admirado hoy en día 
en su emplazamiento original, en la margen derecha del pretil del Turia, frente al actual 
Complejo Deportivo de La Pechina. Se compone de un bonito frontón barroco, donde se 
encastran dos lápidas de mármol oscuro, coronado por tres pomos de inspiración 
clasicista. En la parte superior hay un pequeño rosetón circular con el dibujo de una 
cornucopia, emblema de la Valentia romana. En el centro la lápida original romana con 
la inscripción a Isis. Y bajo, una segunda lápida con una inscripción en latín donde se 
recuerda su descubrimiento en 1759 y su colocación en el monumento en 1760. 


 Las aportaciones de Agustín Sales al estudio de las antigüedades romanas se 
vieron ampliadas en el año 1766 con la publicación de otro pequeño opúsculo titulado 
“DECLARACIÓN DE UNA COLUNA DEL EMPERADOR HADRIANO;  
DESCUBIERTA EN LA VEGA DE VALENCIA”, En Valencia: Por Benito Monfort. 
Una verdadera rareza bibliográfica que durante un tiempo se pensó se había perdido. En 
consideración a que “estimo que tan interesante opúsculo, raro ya y casi perdido,  
merece reproducirse en las páginas de nuestro BOLETÍN”, el arqueólogo, epigrafista, 
filólogo, historiador y sacerdote jesuita Fidel Fita Colomé, lo reprodujo integro en el 
Boletín de la Real Academia de la Historia, T-3, Cuaderno I, Julio 1883, págs.51-64. 


Agustín Sales describe en esta obra varios restos romanos de gran relevancia. Así 
un miliario de la antigua Vía Augusta encontrado el 10 de abril de 1766 en las cercanías 
de la ciudad de Valencia, durante las obras de reparación del Camino Real de València a 
Xàtiva. Era un miliario de la época del emperador Adriano (117-138 D.C.), actualmente 
desaparecido. También hace mención de Un Itinerario (…) se encontró por Junio de 
1727.en una Puerta de Valencia antigua, donde ahora la Iglesia nueva de la 
Congregacion del Oratorio, que guiava al Egercito por Sagunto, á la Illercaonia, i mas 
allá. Antes que mandara quitar las letras un Anciano imperitissimo, las copió el 
erudito Padre Felipe Seguér, quien andando los tiempos, me permitió copia”.  



De este Itinerario, el propio Sales ya había dado noticias en su obra anterior 
“Historia de la Aparicion de S. Pablo Apostol, en termino de la Villa de Albocacer, 
Reino de Valencia, apoyada en la tradición, I monumentos coetáneos”. En Valencia, 
por Joseph Estevan Dolz, 1752. Asimismo, en la “DECLARACIÓN DE UNA COLUNA  
DEL EMPERADOR HADRIANO (…)”. Sales da cuenta de dos hallazgos más. Una 
“Coluna millar” descubierta por él y que “está hechada en el suelo delante la Hermita  
de S. Vicente de Borriol, á once leguas de Valencia, que yo descubri, i copié en 25. de 
Septiembre 1753. i bolvi á registrar en 7 de Junio 1756. Miliario del año 250 dedicado 
al emperador Decio (249-251 d.C.) y a su hijo Mesio, que por suerte ha llegado hasta 
nuestros días. En la actualidad está expuesto en el Museo Municipal de Borriol.  


 Y, por último, en ésta “la mejor Monografía del Sr. Sales” como la consideraba 
Fidel Fita, también se habla del hallazgo de una nueva lápida funeraria romana en el 
cauce del río Turia, próxima a la lápida de Isis ya comentada con anterioridad: se 
encontro en 20. de Mayo 1760. la Inscripcion siguiente, quebrada: <
LAE . VXORI / ARITVMA / MATRI>>. Expressa, que una Hija, puso esta memoria á 
su Madre, muger de Maritumo”. Hace unos años, el investigador valenciano Josep 
Corell localizó un manuscrito inédito de Agustín Sales depositado en la Biblioteca 
Mayansiana del Colegio del Patriarca (Valencia), donde se describe la lápida y su texto, 
su color (“piedra negra”), sus dimensiones (“2 pies larga, alta 2 palmos”) y, lo que es 
una interesante novedad, un dibujo original del propio Sales que reproducimos.  


El Dr. Agustín Sales y Alcalá murió en Valencia el día 4 de Enero de 1774 de un 
inopinado ataque de apoplejía. Tras su muerte, gran parte de su gran biblioteca y archivo 
privado, formado por un buen número de manuscritos inéditos, pasó a enriquecer la 
biblioteca del destacado erudito valenciano Gregorio Mayans y Siscar, que hoy se 
conserva mayoritariamente en la Biblioteca Archivo Hispánico Mayansiano del 
Colegio del Corpus Christi de Valencia. Esta era una práctica muy habitual en Gregorio 
Mayans, pues solía adquirir aquellas bibliotecas que pudieran interesarle. Así compró, 
entre otras, la biblioteca del impresor Antonio Bordazar, la del matemático Juan Bautista 
Corachán y también la de su amigo y Cronista de Valencia Agustín Sales. 


 Pues bien, en uno de sus manuscritos conservados en la Biblioteca Archivo 
Hispánico Mayansiano del Colegio del Corpus Christi de Valencia, en concreto el 
referenciado con el nº689, Agustín Sales dejó escrito la descripción de una lápida romana 
localizada en Alcublas. Este hecho, crucial para el conocimiento del pasado romano de 
Alcublas, ha permanecido inédito cerca de 250 años, hasta que en el año 2005 el 
eminente filólogo y epigrafista valenciano Josep Corell i Vicent lo daba a conocer en su 
libro “Inscripcions romanes del País Valencià II: 1. L´Alt Palància, Edeba, Lesera y 
els seus territoris. 2. Els Mil.liaris del País Valencià”. Col.lecció Fonts Històriques 
Valencianes. València, 2005, Universitat de València, págs. 38 y 39. 


  En su manuscrito, Agustín Sales hace mención a una lápida romana que le fue 
facilitada por un sacerdote de su misma parroquia: “Me la dio Rocafull, presbítero,  
encontrada en las ruinas de un castillejo no mui distante de Alcublas en junio 
1757”. Y de la que únicamente copia el texto, que es como sigue: M(arcus) · Valerius 
M(arci) · f(ilius) / Marcellus / an(norum) · XXVIII t(estamento) f(ecit). Su traducción 
sería: Marco Valerio Marcel / hijo de Marco, de 28 años/ lo hizo. Aunque para el 
profesor Josep Corell existen dudas sobre la fórmula final, una típica abreviatura latina, 
que visto el contexto también podría ser t(itulum) f(ecit): ha hecho esta inscripción.  



El profesor Josep Corell comenta en su obra que esta inscripción romana, de la 
que no se tenía constancia y de la que se desconocen casi todas sus características 
(paradero actual, tipo de soporte y sus dimensiones), es de tipo sepulcral y por tenor del 
texto podría datarse en el siglo I d.C. La inscripción debió de desaparecer muy pronto, 
puesto que ningún otro autor la menciona. Sobre su localización, Josep Corell la sitúa en 
la partida de los Arenales o alrededores, zona donde ha aparecido, y sigue apareciendo, 
cerámica romana. Además, esta partida se encuentra entre Alcublas y Peña Ramiro, 
donde todavía son visibles los restos de una antigua fortificación. Y también menciona la 
posible vía romana que procedente de Edeta, y pasando por Alcublas donde han 
aparecido rodaduras de carro en la roca, se dirigiría a Bejís y desde allí a Aragón. 


 Esta posible Vía Edeta-Alcublas-Bejís-Barracas presenta una buena cantidad de 
indicios arqueológicos pero, por el contrario, adolece de una cierta carencia de estudios 
historiográficos específicos publicados, a pesar de ser tratada por diferentes autores. De 
hecho, una de las fuentes bibliográficas más citadas al respecto continúa siendo un 
artículo de José Alcácer Grau aparecido hace más de 60 años, Exploraciones 
arqueológicas  en  Begís”, en la revista “Serie  de  Trabajos Varios del SIP”, nº 10. 
Valencia, 1947, págs.38-40. Esta calzada romana secundaria comunicaría el Camp de 
Túria (Edeta) a través de Alcublas, Masía de los Pérez, Bejís y Torás con el área del 
Ragudo, donde enlazaría con la vía que desde Saguntum se dirigía a Bílbiles (Calatayud) 
y Caesaraugusta (Zaragoza) atravesando el valle del Palancia. 


 ¿Y qué sabemos del presbítero Rocafull?. Personaje importante en esta historia 
puesto que fue quién facilitó la inscripción latina a Agustín Sales. La verdad es que hasta 
a hora no he podido conseguir demasiada información sobre él, ni sobre su posible 
relación con Alcublas. Únicamente unos escuetos trazos biográficos que aparecen en la 
obra de Justo Pastor Fuster “Biblioteca Valenciana de los Escritores que florecieron  
hasta nuestros días y de los que aun viven. Con Adiciones y Enmiendas á la de 
D.Vicente  Ximeno”. Tomo Segundo. Valencia, Imprenta y Librería de Ildefonso 
Mompié. Año 1830. En su Pág. 126 puede leerse: “D. Nicolas Rocafull. Presbítero,  
Doctor en sagrada Teología, Beneficiado en la Parroquial de S. Bartolomé de la 
Ciudad de Valencia, hijo de ella, en donde murió en 4 de Diciembre de 1788”. 


Para concluir, un último apunte. El pasado de Alcublas es tan rico en historia 
como lo puede ser el de cualquier otra población de La Serranía o de otros muchos 
pueblos de España. Sin embargo existe un cierto estado de ánimo entre los propios 
alcublanos que parecen dudar de la importancia de la herencia recibida de sus 
antepasados. Y para que desde fuera nos valoren y respeten, primero debemos saber 
valorar lo nuestro, quererlo y respetarlo, y así sabremos transmitirlo a los demás. Lo 
dicho. Alcublas tiene un gran pasado. En las manos de los actuales alcublanos, de 
TODOS los que se sientan alcublanos, lo sean por nacimiento o por corazón, está que 
también tenga un futuro… 


Por    Juan Antonio Fernández Peris   

de la Asociación Cultural la Fénix Troyana y del Centro Excursionista de Chelva, y 
colaborador del blog PEÑA RAMIRO de Alcublas.