domingo, 24 de noviembre de 2013

EL LLANO DE LA BALSA Y SUS ALREDEDORES. ALCUBLAS

El altiplano de Alcublas representa el mayor espacio llano, al menos relativamente, inserto en la cadena montañosa que se extiende desde la sierra de Javalambre, en Aragón, hasta las inmediaciones de la costa, entre el valle del Palancia al norte y la cuenca del Turia al sur. Es un espacio singular en el contexto de esa extensa y abrupta alineación montañosa que recibe diversos nombres según el tramo, como sierra del Toro, de Andilla, de la Cueva Santa, Calderona o de Portaceli, etc. El altiplano corresponde a grandes rasgos al término de Alcublas, municipio de la Serranía situado como un apéndice territorial oriental de la misma entre el Alto Palancia y el Camp de Túria.

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Pese a integrar una unidad geográfica esta área no presenta un carácter unitario sino que muestra una diversidad de parajes que abarcan junto a hoyas, cañadas y llanos a cerros y lomas. Por su relieve más suave y presencia de superficie de tierras de cultivo destacan el Llano de Alcublas, el mayor y situado alrededor del pueblo, prolongado por el entorno de la rambla de Alcublas, al sur, y el Llano de la Balsa con sus extensiones, al norte del término.
Bajo la denominación de Llano de la Balsa aludimos aquí a un área que aglutina diversos parajes, con el de la Balsa como uno de los más representativos y situado en su centro. El Llano de la Balsa es una extensa hondonada de suave pendiente, con áreas prácticamente llanas, situada entre los 820 y los 860 metros de altitud en su zona central, dispuesta en suave descenso desde el norte, el oeste y el este hacia el sur. Se prolonga hacia el norte por la Balsilla y el área de las Dueñas, hacia el noreste y tras una suave loma y el colladillo conocido como collado de la Cruz hacia el Prado, además de alguna cañada confluente como la del collado Herrero, al sureste.
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Por poniente cierra el área, marcando una divisoria territorial y paisajística, la sierra conocida como la Solana, prolongada alineación dispuesta a lo largo de unos cuatro kilómetros de suroeste a noreste. Constituye un bloque compacto delimitado por fallas, una estribación más de la sierra de Javalambre. En ella se alcanza los 1.125 metros de altitud en la cima, la Cumbre, siendo otro de sus referentes el más meridional alto de la Silla. Esta serrezuela representa el extremo oriental de la sierra de Andilla, o de la Bellida, territorio elevado y agreste situado al oeste y se asoma sobre el llano unos doscientos cincuenta metros de altitud sobre este. Esta preeminencia geográfica y la consiguiente visibilidad justifican el carácter emblemático de esta sierra para los vecinos de Alcublas y su remoto poblamiento evidenciado por los restos de antiguos poblados en sus cumbres.
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La Solana, integrada por calizas y dolomías triásicas, con algunos afloramientos de yesos y de margas del Keuper, muestra sus empinadas laderas en una regularidad solo alterada por algunos pequeños barrancos o vaguadas que la surcan. Estuvo cubierta hasta 2012 por un denso matorral de coscoja, romero, tomillo, jara, aliaga, ejemplares aislados de enebro o sabina negral, con pinadas de pino carrasco hacia el barranco de Lucía y diversos enclaves de carrascal, con alternancia de árboles aislados y extensos bosquetes de pinar y carrasca. El devastador incendio de julio de 2012 arrasó buena parte del término de Alcublas, incluida toda la sierra, hasta el punto de que le cabe el dudoso honor de ser uno de los pueblos que ha padecido con mayor intensidad los efectos del fuego, y sus consecuencias son perceptibles en cualquier dirección. Ahora la sierra ofrece la imagen gris de la piedra caliza y el negro de la vegetación carbonizada, si bien más de un año después del incendio verdea por los abundantes rebrotes. Además tras el inicio de las actuaciones forestales de retirada de vegetación quemada se observa diversas estructuras acondicionadas para frenar los procesos erosivos. Por sus valores naturales, desgraciadamente ahora tan afectados, esta zona forma parte del Paraje Natural Municipal de la Solana – barranco de Lucía, declarado en 2006 y con una extensión de 371 hectáreas.
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Por el norte limitan estas hoyas y llanos un conjunto de suaves montes en el área existente a caballo entre los términos de Alcublas y Jérica, hacia el valle del Palancia, como es el caso al noreste del Descansador. Hacia levante estos montes se prolongan con altitudes que oscilan entre los 850 y 900 metros, por la Montanera al este y el cerro de Martín al sureste. Hacia el noreste, en segundo plano, en el vecino término de Altura, destaca más allá el Montemayor, cerro de cima redondeada que como su nombre indica es la principal elevación de un extenso territorio circundante y referente del mismo. En todas direcciones el matorral, el pinar y el carrascal asolados por el incendio de verano de 2012 son la imagen destacada.
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El Montemayor cuenta con un vértice geodésico en su cima, situado a 1.022 metros, y es fácilmente identificable además por la antena de telecomunicaciones y la caseta de vigilancia forestal situada en ella. Tampoco su cima se libró del devastador incendio que procedente de Andilla arrasó el espacio forestal y algunas áreas cultivadas de Alcublas, en este caso en dirección a Altura. El fuego bordeó el pueblo por el norte y por el sur, que quedó incomunicado durante mucho tiempo, antes de adentrarse en los vecinos términos de Altura y Llíria, mientras arrasaba los también colindantes de Sacañet y Teresa. Desde el Llano de la Balsa los ennegrecidos montes se extienden en todas direcciones.
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Hacia el sur diversos cerros marcan la divisoria hacia el Llano de Alcublas, al suroeste, hacia la Hoya de Civera, al sur, y hacia la más alejada Hoya de Guerri, al sureste. Aquí destaca al suroeste el Cerro Cotonero y tras éste, en progresiva elevación, el aislado cerro de los Molinos, con su cumbre a 904 metros. El cerro de los Molinos constituye otro de los referentes geográficos territoriales, más al hallarse sobre el pueblo y ofrecer su cima la singular imagen de sus molinos de viento. Estos molinos, cuya construcción comenzó al parecer durante la segunda mitad del siglo XVII, daban servicio a los vecinos de Alcublas y ha sido objeto de diversas actuaciones de reconstrucción y restauración durante las últimas décadas. La estampa de los molinos sobre el cerro es una de las imágenes más conocidas de Alcublas.
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Desde muchos de estos parajes más elevados no sólo se dispone de bellas panorámicas del entorno próximo sino que puede observarse la ciudad de Valencia y la extensa llanura litoral que la circunda, hasta la Muntanya d’Alacant. Quien pasea por estos parajes puede con facilidad contrastar sus paisajes con los del litoral. Estas imágenes alcanzan su mayor singularidad y contraste por la noche, cuando desde muchos lugares se observa a los pies de las sierras la impactante visión de la iluminación de ciudades, pueblos e infraestructuras.
Entre el cerro de los Molinos y la loma Noguera de la Peña, apéndice de la sierra de la Solana, se halla el barranco de la Tejería, desagüe natural del Llano de la Balsa hacia el de Alcublas. El barranco de la Tejería actúa como curso de drenaje del Llano de la Balsa y también de buena parte del área circundante. Confluye con el barranco del Agua, éste procedente de la Solana y su área meridional junto a Alcublas, fuera de nuestro ámbito, y como cauce unitario se une al barranco del Pozuelo en el vecino término de Andilla para continuar como rambla de Alcublas. Esta rambla a su vez tras recibir el río de Andilla es antecedente de la rambla de Artaix, que aboca a la rambla Castellarda, principal curso no fluvial del tramo inferior del Turia caracterizada por sus episódicas e intensas avenidas.
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Pero una de las características definitorias del altiplano de Alcublas es la presencia de diversos parajes carentes de drenaje superficial, de áreas semiendorreicas. Las características edafológicas y los procesos geomorfológicos desarrollados en algunas áreas justifican esta situación. Durante los procesos de intensas precipitaciones se produce la acumulación de agua en algunas hondonadas, originando lagunas temporales en diversos parajes ocasionalmente de notables dimensiones. Es el caso de la Hoya de Alcublas, en el entorno del pueblo, con la anulación del drenaje del barranco homónimo por el abanico aluvial del barranco del Pozuelo. También se da este proceso en el Llano de la Balsa y en algunos lugares de su periferia como la Balsilla o el Prado. Estas lagunas temporales han dejado su impronta en la toponimia y han influido en el paisaje local al condicionar los cultivos en el núcleo de estas áreas y al tiempo facilitar el aprovisionamiento del ganado. Su influencia también es perceptible en la más compleja y frecuentemente tardía colonización agrícola de estos espacios, planificada o al menos coordinada en ocasiones. Este proceso es visible en la actualidad en los parcelarios de morfología más regular como en el caso del Prado y sobretodo en el cuadrangular de la Balsilla.
En esta zona destacan dos valiosos enclaves naturales como son la balsa Silvestre, con su lámina continua de agua, que alberga fauna de interés, como el gallipato y diversas especies de ranas y sapos, y vegetación palustre, o la Cueva Sabuquera. Esta es una sima, un extenso hoyo, que además de su valor como patrimonio cultural, puesto que fue utilizada como ventisquero, alberga frondosa vegetación en la que destaca la trepadora Climatis flammula.
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Por su situación y configuración geográfica la zona ha sido utilizada secularmente como área de paso. Históricamente ha sido frecuentada como paso de norte a sur entre los valles del Palancia y el Turia, y las tierras situadas más allá de ambos, como enlace entre Segorbe, Altura o Jérica al norte y Llíria o Villar del Arzobispo, por citar las localidades más conocidas, al sur. Pero también fue recorrida, intensamente hasta finales del siglo XIX, por quienes transportaban la nieve desde los ventisqueros de la sierra Bellida hacia Valencia, a través de la sierra de la Solana por el Camino de la Nieve. Por aquí discurren vías tradicionales desde Alcublas como el Camino de la Cueva Santa o de Altura; su derivación el camino de Jérica por el Collado de la Cruz y el Prao; el camino de Sacañet por las Dueñas, intersección con el anterior en la Balsilla; el camino de la Herbasana; el de Sacañet al norte o el camino de la Balsa Silvestre por la falda de la sierra.
En la actualidad destaca en el llano el trazado de la carretera de Alcublas a Altura y Segorbe, parte de ese planificado aunque nunca ejecutado eje viario intercomarcal, de la que deriva junto a la Balsa la carretera que por Sacañet se dirige a Begís. Su intersección contigua a la Balsa contribuye a mantener el carácter de este lugar como secular foco de confluencia de vías de comunicación.
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Pero además el altiplano ha sido testigo del secular tránsito de ganados desde el noroeste en dirección a la llanura litoral de Valencia. Por aquí en octubre y noviembre bajaban los rebaños procedentes del alto valle del Mijares, de la sierra de Gúdar y del incorrectamente denominado Maestrazgo de Teruel en octubre y noviembre hacia l’Horta, el Camp de Túria y la Ribera, las cálidas tierras de hibernada. En sentido contrario subían nuevamente en el mes de mayo hacia la sierra de Javalambre y otros destinos de la Comunidad de Teruel e incluso la comarca de Gúdar-Javalambre donde aprovechar los pastos de verano. La ruta ganadera de Barracas discurre por Ríos de Abajo, la Masía de los Pérez y la Masía del Collado, del término de Begís; las inmediaciones de Sacañet y la Cruz del Collado para acceder al de Alcublas y por la Fuente las Dueñas alcanzar el Corral del Duende donde se divide en tres ramales. El primero de ellos, el de Chulilla, va por la ermita de san Agustín y el segundo, de más tránsito, el de Pedralba, desciende por la Nava, la Hoya de la Vaca y el término de Llíria hacia el puente de Pedralba y el Camp de Túria, la Hoya de Buñol-Campo de Chiva y la Ribera. El tercero se dirige hacia Marines por la Hoya de Guerri y un collado hacia l’Horta y y el norte del Camp de Túria. Al menos durante las últimas décadas esta vía pecuaria es la más frecuentada por los trashumantes que superan la alineación entre Javalambre y el mar. Muestra de su relevancia es que se trata de una de las principales vías pecuarias desde la sierra de Gúdar al litoral junto con la que por l’Alt Maestrat, els Ports y el Baix Maestrat va al Montsià y junto con la que sigue el valle del Palancia.
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El tránsito de personas y de animales, junto con los desplazamientos locales de los mismos, favoreció la difusión de sencillas infraestructuras para el servicio de los mismos. Así aún puede observarse las ruinas de la masía de la Chupidilla o Chopidilla, junto a la carretera de Sacañet y la fuente de las Dueñas, que también ejerció de sencilla venta para los viajeros. La fuente de las Dueñas ha sido un histórico lugar de aguada para viajeros y ganados. Además de las fuentes se habilitó navajos para abrevar, charcas naturales acondicionadas o artificiales, como es el caso del navajo de las Aliagas Royas. La escasez de nacimientos impulsó la construcción de aljibes en el llano, de los que se conservan muestras como los de la Balsilla, en el aeródromo; el Prao, moderno; del Corral Blanco, junto al corral homónimo, etc. Actualmente destaca la Balsa, que además de dar nombre al paraje muestra sus notables dimensiones como abrevadero de ganado situado en un lugar estratégico.
En la determinación de la gestión del territorio que abordamos y por consiguiente la configuración de su paisaje, tuvo relevancia la adscripción de Alcublas a la cartuja de Vall de Crist, en el vecino término de Altura. En 1407 se produjo la donación real a esta importante cartuja de iniciativa real situada en el valle del Palancia. Durante siglos la cartuja hizo valer su poder y modelo de gestión territorial sobre las tierras de Alcublas y Altura. Para atender las necesidades de los vecinos de Alcublas en materia forestal, como la leña, la madera o las bellotas, se reservó el Carrascal de la Villa, que se hallaba al norte del área que nos ocupa y del término, en terreno montuoso. De aprovechamiento comunal sus recursos se gestionaban por la municipalidad. Habitualmente se arrendaba su explotación, como sucedió en diversas ocasiones mediante adjudicaciones a carboneros vascos, vizcaínos como se les denominaba antaño, visitantes asiduos también de otros pueblos de la Serranía. En sucesivas ocasiones el carrascal fue objeto de tala masiva y de posterior regeneración. Fuera de los límites del Carrascal los vecinos de Alcublas únicamente podían desarrollar algunos aprovechamientos para autoconsumo que autorizaba la cartuja.
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Los frailes obligaban a los alcublanos a acudir a los molinos harineros hidráulicos de su propiedad en Begís y Altura. Pero la notable distancia a los mismos y la necesidad de una población creciente impulsó a las autoridades locales a promover la construcción de molinos de viento. Este es el origen de estas emblemáticas construcciones, el primero de ellos de mediados del siglo XVII y el segundo de la segunda mitad de dicha centuria.
Más relevante fue la construcción y gestión de la masía de las Dueñas, al noroeste del área, núcleo de residencia y centro de la explotación agraria circundante. Las Dueñas es una de las masías que la cartuja situó en diversos lugares de su territorio montañoso para la gestión agraria y forestal, en la línea de las granjas agropecuarias que habitualmente creaban las instalaciones monásticas en su ámbito. Junto con las de Cucalón, la más conocida y emblemática, Abanillas o Uñoz, formaba parte de la red de grandes masías de la cartuja, la única de Alcublas puesto que el resto se hallan en el vecino término de Altura. La masía muestra detalles arquitectónicos de influencia señorial, con el escudo de la cartuja de Valldecrist y la fecha 1598 en su fachada, y está integrada por un interesante y completo conjunto de construcciones. Mantiene a grandes rasgos su imagen tradicional, con la puerta principal y su sólido arco, la distribución de los vanos en la fachada, la espadaña, etc. Completan la edificación principal los anexos como corrales, era y pajar, aljibe, etc. Como el resto de las masías, y la propia cartuja, la desamortización del siglo XIX produjo su paso a nuevos propietarios en el contexto de la desmembración del patrimonio de Vall de Crist.
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La masía de las Dueñas se halla en un suave altozano orientado al mediodía, en una hondonada entre bancales adaptados a la pendiente y alrededor del eje de drenaje dispuesto de noroeste (Fuente las Dueñas) a sureste, que pasa un estrecho tras la masada y va a parar al Prado. Contrasta como al este de la masía el trazado del parcelario agrícola es regular. También contrasta como el altozano de la masía y otro contiguo muestran la vegetación espontánea, en la que destaca el carrascal, entre el predominio de tierras de cultivo.
Desde su emplazamiento en un pequeño altozano la masía controla las tierras de labor y pasto circundantes, entre las que destaca la hondonada contigua con los bancales dispuestos en graderío por la ladera. En su ubicación al parecer resultó decisiva la disponibilidad de tierras susceptibles de cultivo aunque en su emplazamiento exacto el cerrillo, la orientación al mediodía y la disponibilidad de agua en las proximidades, del manantial conocido como la fuente de las Dueñas. También subsisten restos del nevero ligado a la masía, como la mayoría de los otros de la zona obra de los siglos XVII o XVIII. Cuenta asimismo con la gran balsa de las Dueñas, en el pasado abastecida de la fuente, interesante y ambiciosa obra hidráulica para atender el ganado de la explotación. Completa el aprovechamiento de los recursos hídricos el gran aljibe rectangular situado frente a la masía y el huerto.
La ganadería ha sido una actividad básica para Alcublas y esta área en concreto, no en vano éste ha sido un pueblo ganadero y el área lugar de intenso tránsito de los rebaños que se desplazaban entre las sierras aragonesas y el litoral valenciano. Tránsito de rebaños y desplazamiento de los ganados locales exigió una completa red de abrevaderos dispersos por el área como es el caso de las balsas Silvestre, Calzón, de la Pedrosa, la Balsilla junto a la balsa homónima, el de Cañas al final del llano de la Balsa hacia Altura, etc. Características singulares muestra la fuente de las Dueñas, con su infraestructura con el muro de cerramiento y dos escalinatas de acceso a la plataforma. En esta última durante los años cuarenta y cincuenta se acondicionó una nueva fuente, como también en periodo relativamente reciente se acondicionó un abrevadero nuevo en la fuente la Montanera. Los corrales han sido otro elemento esencial del paisaje local, cuyo número se incrementó durante los últimos siglos con la mayor disponibilidad de medios y los cambios en la estructura de la propiedad de la tierra. Una simple visión permite observar algunas de estas construcciones dispersas en el paisaje de la zona.
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La sierra fue objeto de intenso aprovechamiento, es el caso de los ventisqueros y la vía de transporte de la nieve entre los siglos XVI y XIX. Hubo los ventisqueros del barranco de Lucía, de la Cumbre y los dos de la Silla en la sierra, el de la Cueva Sabuquera al extremo septentrional de la misma, el de las Dueñas y ya en la periferia de esta zona el de la Villa, próximo al pueblo y visible junto al trazado de la carretera. El transporte de la nieve procedente de estos altos pero sobretodo de los numerosos de la cercana Bellida justificó un intenso tráfico de arrieros y carreteros a través de la sierra de la Solana en dirección a Alcublas. Huella de ese tráfico son las espectaculares carriladas excavadas en la piedra para las ruedas de los carros en la Solana, las popularmente conocidas como las Carrilás. Se trata de un camino del que se conserva un kilómetro labrado en la piedra que discurre por el sur-sureste del monte hacia la Balsa Silvestre. Arrieros y carreteros viajaban con sus cargas de nieve recubierta de paja en dirección a Valencia, de noche para evitar los efectos del calor en su delicada carga.
También es el caso de los hornos de cal, de los cuales puede observarse dos en la Solana, como son los cercanos a la Balsa Pedrosa y a la Balsa Silvestre. El yeso fue extraído de una cantera situada frente a la fuente de las Dueñas. Tradicionalmente la sierra fue objeto de extracción de leña y esta actividad como en otros pueblos vecinos alcanzó su máxima expresión en el siglo XX y hasta la década de 1960 con la recogida masiva de la misma, lafornilla, destinada a los hornos de pan cocer pero sobretodo a los cerámicos de Manises. Hubo tejería en las proximidades de la Balsilla, que ha dado nombre al paraje: la Tejería. La recogida de leña fue objeto de conflictos con los vecinos Altura, Andilla y Llíria, que dio lugar a algunas concordias. En la zona también se recogía abundante esparto, materia prima con múltiples utilidades en la sociedad tradicional, aunque en este caso principalmente para el consumo de los vecinos.
Como en tantos otros lugares semejantes la distancia del pueblo a las tierras de labor incentivó la construcción de algunas barracas y casetas de piedra. A lo largo del siglo XX su número se incrementó con construcciones dispersas en las que se empleó los nuevos materiales. Ya hacia el último cuarto del siglo se añadió diversas casetas o pequeños chalets de segunda residencia, en buena parte de autoconstrucción o al menos de muy sencillo diseño. Se observa algunas de estas construcciones dispersas en el llano, donde llegan a constituir agrupaciones en parajes como el Corral de Froilán o El Descansador.
También durante las últimas décadas del siglo XX, en un proceso que se mantiene hasta la actualidad, se produjo la implantación de algunas granjas avícolas. Alcublas es uno de los municipios valencianos con mayor volumen de ganadería avícola y las granjas se han difuminado por su término, aunque sin alcanzar el impacto de zonas con fuerte implantación del porcino. Puede observarse algunas de ellas, como al sureste de la Balsa o en el Cerro de Martín, que muestran el contraste entre las más sencillas granjas surgidas décadas atrás y las de diseño más moderno y mayores dimensiones más recientes. Las diferencias entre unas y otras instalaciones evidencia las transformaciones experimentadas en los procesos productivos.
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Otra muestra de impacto reciente, aunque permanezca semioculta desde el centro del área, es el gran huerto solar que se ha instalado en el extremo del Collado de Herrero. Esta instalación fotovoltaica local, con sus baterías de placas alineadas, las infraestructuras anexas y el cerramiento exterior, la imagen característica de estos establecimientos, representa a tantas otras que en los últimos años han aparecido hasta en los parajes más recónditos de nuestras tierras.
La Guerra Civil, en la cual el frente de batalla llegó a situarse en los vecinos términos de Teresa y Andilla, también dejó su impronta en la zona y nos ha legado un conjunto de construcciones levantadas por el ejército de la República. Es el caso de las trincheras existentes en los altos de la Solana. Pero destaca cómo en relación con el frente y la Batalla de Teruel se habilitó un aeródromo en el paraje de la Balsa, aprovechando las magníficas condiciones del mismo, un llano relativamente extenso y situado en una zona elevada. Formaba parte de la red de aeródromos dispersos por el territorio, como los cercanos de Villar del Arzobispo y Llíria. Estuvo en funcionamiento hasta 1938 y como curiosidad uno de los pilotos que lo utilizó fue el hijo del presidente Negrín. Esta instalación contaba con una pista y diversas infraestructuras anexas como refugios, polvorines, edificios para los encargados de mantenimiento, seguridad y pilotos, etc. Tras la guerra las antiguas tierras de labor que sirvieron como base de la pista retornaron a su utilización anterior aunque de las construcciones se ha conservado unos refugios que tras su restauración, acondicionamiento para su visita y señalización pueden ser visitados.
En julio de 1938, durante la ofensiva sobre Valencia, el frente se aproximó a Alcublas. Las tropas franquistas avanzaron desde el Puerto de Escandón hacia el valle del Palancia, mientras se intentó atravesar la sierra de el Toro y Andilla hacia el Villar y sobretodo se planeó cruzar el macizo montañoso entre el Palancia y el Turia precisamente por Alcublas. Estaba previsto atravesar por Alcublas hacia Llíria y la Ribera en una maniobra para rodear Valencia y cercar al núcleo del ejército republicano. Fracasó el ataque franquista desde el norte sobre la línea de la sierra de Espadán, estos tuvieron unas elevadas bajas en su avance por el valle del Palancia, donde llegaron a Viver, y el cruce por las tropas republicanas del río Ebro el día 25 de julio acabó por provocar el cese de la ofensiva. Conocedores los republicanos del riesgo que suponía un avance sobre Alcublas y con los franquistas situados muy cerca, en Bardés, en Andilla, se habilitó posiciones defensivas a lo largo de la cima de la sierra de la Solana. Se trataba en un segundo escalón tras las trincheras habilitadas en la Bellida, abordadas en un artículo anterior de Alter. El visitante puede observar los restos de trincheras y nidos de ametralladoras en el Alto de la Silla, la Solana, la Cueva Sabuquera, etc.
Las transformaciones recientes en el paisaje también son muy patentes en la evolución de los distintos cultivos. Al margen de la reducción de la superficie cultivada, desde las áreas más periféricas, de menor aptitud agronómica y parcelario más reducido e inaccesible, hacia el centro, se ha registrado notables cambios en la presencia de los distintos cultivos. Así se ha producido la práctica desaparición del antaño predominante cereal o la disminución del arbolado diseminado por las parcelas, como las higueras, en paralelo al retroceso del viñedo. Estos eran los cultivos predominantes décadas atrás en un contexto de inexistencia del olivo como consecuencia de los rigores del clima local vinculado a la altitud.
Desde la década de 1960 la expansión del almendro ha sido imparable, sustituyendo a los campos de cereal y en una fase posterior también al viñedo. Más reciente y en fase de desarrollo es el retroceso del viñedo, con mayor exigencia de atenciones que el almendro y rentabilidad decreciente, esta última acentuada por el predominio de la vid de uva blanca, principalmente la variedad Merseguera. El retroceso reciente de la superficie del viñedo en el término justifica que Alcublas vaya camino de dejar de ser un pueblo vinícola. Las plantaciones de almendro, con su regularidad y su evolución estacional predominan en el paisaje agrícola.
La transformación paisajística más notable está por producirse, un cambio que será radical en el área septentrional de esta zona que hemos denominado Llano de la Balsa y sus alrededores. Está prevista la construcción de un aeródromo, heredero del que funcionó durante la Guerra Civil, que aprovechará las condiciones geográficas para ello, como sucedió con aquel. Concentrará entre otras cosas una amplia gama de actividades deportivas aéreas, muchas de ellas procedentes de otras instalaciones que han quedado demasiado próximas a áreas urbanas, en una muestra de deslocalización desde zonas más congestionadas del litoral hacia espacios rurales. En este caso se prevé crear una instalación integrada en el territorio y respetuosa con el paisaje en la medida de las posibilidades, que integre cuestiones como la utilización de energías renovables, que ejerza de factor de desarrollo integral local, etc. En cualquier caso, como sucede en las infraestructuras de estas dimensiones, es previsible un cambio al menos en una parte del paisaje local.
Para recorrer la zona de la Solana, visitar su variado disperso patrimonio cultural, puede utilizarse el sendero PR-CV-105 De la Sabuquera a los molinos, aunque la mayor parte de su trazado discurre ahora por una zona arrasada por el incendio.
El acceso a Alcublas es por la carretera CV-245, de Llíria a Altura, conexión entre las autovías CV-35 y A-23. De ella deriva la CV-225 de Alcublas a Sacañet, por donde se puede enlazar con Bejís. El visitante a esta zona dispone de todos los servicios básicos comerciales, gasolinera, bares y oferta de comidas así como de alojamiento. Es el caso del alojamiento en la casa rural El Mirador de la Torre y el alojamiento rural La Seca, de los bares Unión Musical, El Molino, El Porche, Veintimilla, La Rocha, Avenida, la cafetería-discoteca Sefos, el pub La Cambra y de la oferta de comidas en El Molino y La Seca.
Para la redacción de este artículo se ha utilizado entre otras publicaciones el exhaustivo y recomendable Estudio de la arquitectura del agua y de la arquitectura rural en Alcublas. Estudio y evaluación del paraje natural de la Solana – barranco Lúcia. Patrimonio rural y patrimonio Cultural, de José Luis Alcaide Verdés, María Victoria Santolaria Mañes y Francisco Teruel Navarrete, editado por el Ayuntamiento de Alcublas en 2011 en su interesante colecciónAlcublas Escribe.

CARLES RODRIGO ALFONSO
ALTER 21
http://www.alter21.es/?p=16859



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