miércoles, 27 de agosto de 2014

ALCUBLAS Y LA COMARCALIZACIÓN


                        PARTE 1a 
    DIVISIONES TERRITORIALES

En esta nueva colaboración para el blog PEÑA RAMIRO trataré de las diversas adscripciones comarcales de Alcublas en los más importantes intentos de comarcalización. La comarca es una figura clave para el desarrollo rural y, aunque en estos tiempos de crisis pueda parecer una herejía la creación de un entramado comarcal con atribuciones administrativas y presupuestarias, posiblemente sea la única salida factible y racional al desolador panorama de las subvenciones implementadas hasta el presente para el mundo rural. Ayudas importantes y cuantiosas, en su inmensa mayoría procedentes de fondos de la Unión Europea, pero muy poco efectivas por no ser planificadas ni gestionadas desde las propias zonas rurales.

Para ello comenzaré con los antecedentes históricos de las diversas divisiones del territorio valenciano, y la situación de Alcublas en las mismas, partiendo de la reconquista cristina por parte de Jaime I entre 1232 y 1245. En el “Tratado de Almizra” firmado el 26 de marzo de 1244 por el propio rey Jaime I y su yerno, el Infante Alfonso X “El Sabio” de Castilla, se fijaron los límites del sur del nuevo Reino de Valencia, quedando en poder de la Corona de Castilla los castillos de Almansa, Caudete, Villena, Sax, Petrer, Elda, Agost, Alacant, Elx y Aigües de Bussot. Sin embargo las definitivas fronteras con Castilla quedarían establecidas por la Sentencia Arbitral de Torrellas de 1304, con su nieto Jaime II como rey, siendo incorporados al Reyno de Valencia gran parte de los territorios del valle del Vinalopó, y las ciudades de Alacant, Elx y Oriola (Orihuela).



Durante la época foral (hasta la abolición de los fueros por Felipe V en el siglo XVIII), el Regne de València se dividió en dos gobernaciones: la de València o deçà (lo riu de) Xixona, con capital en la ciudad de València (cap i casal, del reino), y la de Oriola o dellà (lo riu de) Xixona, con capital en Oriola (Orihuela). Debido a su gran tamaño, la gobernación de València (a la que pertenecía Alcublas) a su vez se dividió dos subgobernaciones o tenencias. Una al norte (dellà lo riu d’Uixó), desde la Sierra de Espadán y el río d’Uixó o Belcaire, con capital en Castelló hasta la frontera con Aragón y Cataluña. Y otra al sur (dellà lo riu Xúquer), con capital en Xàtiva, que se extendía desde el rio Xúquer por el norte hasta las sierras de Biar y del Maigmó y el rio de Xixona o Montnegre al sur. 



Además, existían unas divisiones eclesiásticas que no se adaptaban a las gobernaciones forales. Así, buena parte de la Subgobernación de Castelló formaba parte del obispado de Tortosa, mientras que la Governació d ́Oriola dependió del obispo de Cartagena hasta 1564 en que lograba formar una diócesis independiente. Asimismo existían otras incongruencias, como que el Alto Mijares, de la gobernación de la Plana, perteneciera al obispado de València; mientras que El Rincón de Ademuz, el Alto Palancia y una parte de La Serranía (caso de Alcublas), de la gobernación de València, estaban adscritas al obispado de Segorbe. Además Betxí y Olocau del Rey dependían de Teruel y Zaragoza, respectivamente, y no de Tortosa; y Ayora y Caudete de Oriola y no de València.



En cuanto a las divisiones administrativas por debajo de gobernaciones y diócesis, al finalizar la Edad Media aparece la primera de la que se tiene noticia. Para recaudar el llamado Tall del Drap, impuesto indirecto de la Generalitat Valenciana sobre los tejidos vendidos para la confección y que se licitaba al mejor postor, el Reino de València quedó dividido en 26 Quarters (o distritos). En los primeros contratos conocidos del Tall del Drap, de finales del S. XIV (1384 y 1391) e inicios del XV (1404, el más completo), Alcublas figuraba en el Quarter IX: <<La vila e lochs de Xèrica amb sa tinença, e de Bexix, de les Alcubles, de Pina, del Thoro, de les Barraques e de Gayvell ab totes lurs alqueries, térmens e pertinències>>. Estos Quarters pueden considerarse, con reservas, como el primer esbozo conocido de división comarcal. Y lo que más sorprende es que, transcurridos seis siglos, muchos de ellos coinciden a grandes rasgos con las actuales propuestas de comarcalización.




Esta relación administrativa entre Alcublas y Jérica venía de antiguo, al menos desde que el rey Jaime I donara Alcublas el 10 de abril de 1257 a Doña Teresa Gil de Vidaurre, que ya poseía desde 1255 la villa de Jérica, entre otras posesiones, y que al pasar a sus descendientes conformaron la Casa de Jérica durante algo más de un siglo. Aunque hay que decir que desde 1280 con un litigio con Lliria por la posesión de Alcublas, para lo que recomiendo leer el magnífico texto de nuestro admirado Vicente Vallet: http://penyaramiro.blogspot.com.es/2009/10/delimitacion-de-terminos-de-las.html. La muerte en 1369 de Juan Alfonso de Jérica sin herederos hizo que se extinguiera la Casa de Jérica, y la mayor parte de sus posesiones (entre ellas Jérica y Alcublas) pasaron como bien real de nuevo a la Corona. Poco después, en 1372, el rey Pedro IV “el Ceremonioso” donaría esas posesiones al infante don Martín, futuro rey Martín I.



La incorporación de Alcublas a la Corona Real sin embargo duró poco tiempo. En enero de 1407 el rey Martín I “el Humano” de Aragón hizo donación de Altura y Alcublas a la Cartuja de Vall de Crist, estableciéndose con ello el Señorío de Vall de Crist, que permanecería vigente hasta su desaparición en el primer tercio del Siglo XIX. Al mismo tiempo, tanto los vasallos del propio monasterio de Vall de Crist como los habitantes de Altura y Alcublas adquirieron la consideración de vecinos de Valencia, por lo que disfrutarán de las mismas franquicias y privilegios que los habitantes de la capital del Reyno. El ejercicio de la jurisdicción criminal normal se mantuvo para los Justicias Locales, pero las causas de mayor transcendencia penal (pena de muerte, exilio y amputación de miembro) se reservaron para el Justicia Criminal de Valencia.



La división territorial foral perduró hasta la abolición dels Furs por Felipe V, primer monarca de la nueva dinastía borbónica, por Real Decreto de 29 de junio de 1707 de <<Derogación de los fueros de Aragón y Valencia; y su reducción a las leyes y gobierno de Castilla>>. En el antiguo Reyno de Valencia, convertido en una única provincia, se implantaron 13 gobernaciones inalteradas hasta 1812: Morella, Peñíscola, Castellón, Valencia, Alcira, San Felipe (Xàtiva, por resistirse a las tropas de Felipe V, fue arrasada y su nombre cambiado por el de San Felipe; y Caudete, también por haber defendido la causa austracista, pasó a formar parte de Murcia, en la actualidad de la provincia de Albacete), Montesa, Cofrentes, Denia, Alcoy, Jijona, Alicante y Orihuela. Bien es verdad que Alcublas continuaría adscrita, como había ocurrido en la época foral, a la Gobernación de Valencia, y como una posesión del Señorío monástico de Vall de Crist.



Esta división borbónica inicial, con una distribución poco homogénea del territorio por provincias con multitud de enclavados, en especial en Castilla, tuvo algunos tímidos intentos de nueva organización en la época de la Ilustración. El primero de ellos en 1799, promovido por Miguel Cayetano Soler, Secretario de Hacienda, y donde se crearon seis nuevas provincias, todas “provincias marítimas” siguiendo criterios de tipo económico-fiscal. Entre ellas Alicante que se separaba así de Valencia. Sin embargo en 1805 se produjo otra reforma en la cual la provincia de Alicante se reintegró a la provincia única de Valencia. En ambas reformas, las 13 gobernaciones en las que se dividía el antiguo Reyno de Valencia se mantuvieron sin variación, y en el caso de Alcublas siguió adscrita a la gobernación de Valencia como buena parte de las poblaciones vecinas del Alto Palancia.



Los convulsos inicios del siglo XIX en España se caracterizan por los sucesivos intentos de modernización de sus arcaicas divisiones administrativas. Así, tras la invasión francesa, el rey José I Bonaparte pretendió aplicar el modelo de los departamentos franceses a España, proyecto que llevaría a cabo José María Lanz y Zaldivar, teniente de navío, cartógrafo, matemático e ingeniero, y desde septiembre de 1809 Jefe de la sección primera del Ministerio del Interior del gobierno de José I. En ella José Mª Lanz dividía la España peninsular en departamentos con nombres de accidentes geográficos, fundamentalmente ríos y cabos, ignorando las afinidades históricas. Así el antiguo Reyno de Valencia era troceado y dividido entre cuatro de ellos: Ebro, con capital en Tarragona (incluía el norte de Castellón); Guadalaviar Bajo, con capital en Valencia (gran parte de Valencia, incluida Alcublas, y sur de Castellón), Cabo de la Nao, con capital en Alicante (sur de Valencia y la mayor parte de Alicante) y Segura, con capital en Murcia (el extremo sur de Alicante).




En diciembre de 1809 el plan de José Ma. Lanz fue estudiado por el Consejo de Ministros que
determinó introducir algunas variaciones, las más importantes llamar prefecturas a los departamentos, darles el nombre de sus capitales y resolver las alternativas a la capitalidad de algunas. El decreto de creación de las 38 prefecturas peninsulares fue firmado el 17 de abril de 1810, en Sevilla. En su preámbulo se señalaba: «Queriendo establecerse de un modo uniforme el gobierno civil de los pueblos del Reyno, visto el informe de nuestro ministro del Interior, y oído nuestro Consejo de Estado». Aunque apenas tuvo vigencia, ya que expulsados los franceses en 1814 fue totalmente abandonado, su importancia radica en ser el primer gran proyecto de división territorial, partiendo de bases racionales y modernas, de cuantos se trazaron en España en la primera mitad del siglo XIX.



En la misma época, y en paralelo, las Cortes de Cádiz plantearon una reordenación territorial.
Idea que aparece en la constitución de Cádiz de 1812, en su título II («Del territorio de las Españas, su religión y gobierno, y de los ciudadanos españoles»), capítulo I, artículo 11: «Se hará una división más conveniente del territorio español por una ley constitucional, luego que las circunstancias políticas de la Nación lo permitan». A tal efecto se presentó la correspondiente proposición de ley: «... quieren las Cortes que la Regencia, reuniendo todos los datos y noticias que estime necesarios, presente el plan de división política más conveniente del territorio de la Península y sus islas adyacentes para proceder a su examen y aprobación» (Diario de Sesiones de Cortes, 12 de junio de 1813). Encargo confiado al mallorquín Felipe Bauzá y Cañas, capitán de fragata y reputado cartógrafo, que por cuenta propia ya había realizado estudios sobre el particular. 


El 21 de septiembre de 1813 Felipe Bauzá remitía al Secretario de la Gobernación una memoria con la Descripción de una nueba (sic) División de España”, donde se dividía España en 44 provincias de tres clases con un sistema complejo y un tanto contradictorio: 10 provincias de Primer Orden (las más importantes y pobladas, equivalentes a Regiones), 18 de 2o Orden (de menos estensión, población y riqueza que siempre se han manejado por sí solas, y también algunas provincias marítimas), y 16 de 3a clase, que en realidad eran subprovincias que dependían de alguna otra de Primer Orden, si bien Bauzá dejaba abierta la posibilidad para que las subalternas se declaren Provinzias independientes o para que solo se coloquen en ellas Gefes Políticos Subalternos.

En el caso de Valencia, la propone en el grupo de provincias de Primer Orden, y se dividirá en tres con los nombres de Valencia, Segorve y Alicante, siendo Alicante y Segorbe subalternas. Los límites eran similares a los del antiguo Reino, con el añadido del territorio conquense de Utiel- Requena más una pequeña zona de Tarragona hasta el Ebro y excluyendo la Vega Baja del Segura que pasaba a Murcia. En cuanto a Alcublas seguía adscrita a la provincia de Valencia, con la novedad de convertirse en fronteriza al limitar con la nueva provincia de Segorve que <<Comprenderá las Gobernaciones de Morella, Peñíscola, Castelló[n], y una pequeña parte del Corregimiento de Tortosa. Su límite meridional, que será el se[p]tentrional de Valencia, es el de la Gobernación de Castelló[n] hasta Fayax en el río de Murviedro, y siguiendo una línea a Jérica, continuar por la orilla izquierda de dicho río, y el [de] Canales, hasta el límite de Aragón>>.



 El proyecto de Bauzá fue revisado por Miguel de Lastarría, secretario de las Cortes, quien antes de someterlo a la deliberación de la cámara introdujo algunas modificaciones. Entre las más destacadas, la supresión de la tercera categoría, dejando solo dos: principales y subalternas. Además elevaba de rango a las provincias subalternas de Cataluña, Valencia y Galicia; dividía a Aragón en sus tres provincias clásicas, Teruel como subalterna y, siguiendo la sugerencia del propio F. Bauzá, fusionaba las tres provincias vascas en una con capital en Vitoria. Con ello el número de provincias se reducía a 42 en total, de ellas 36 principales. Sin embargo, el proyecto de Felipe Bauzá, revisado por Lastarría, no llegó a ser aprobado, pues tuvo entrada en las Cortes para su discusión solo tres días antes de que Fernando VII firmara el 4 de mayo de 1814 el “Decreto de Valencia” por el que derogaba el régimen constitucional, quedando restaurado el absolutismo y disueltas las Cortes el 10 de mayo. Ante ello las deliberaciones serían interrumpidas y archivados los expedientes en tramitación. 


Con la llegada del Trienio Liberal, y tras la jura por Fernando VII de la Constitución ante las Cortes el 9 de julio de 1820, se reanudaron los trabajos de la división territorial de España en provincias, al nombrarse una comisión parlamentaria para preparar un nuevo proyecto. La continuidad con la anterior venía asegurada puesto que estaba formada por Felipe Bauzá, nombrado por el propio Fernando VII en 1815 director del Depósito Hidrográfico, con la colaboración del ingeniero José Agustín de Larramendi, que realizaron dicha encomienda remitiendo el correspondiente informe con el título “Dictamen en Que Se funda el Proyecto de División del Territorio formado por le Comisión Especial nombrada e este efecto de Orden de S. M.”, de 17 de marzo de 1821. En él, y teniendo como base la división revisada por Lastarría en 1814, que perfecciona y completa, se establece una división del territorio peninsular español en 46 provincias, cuatro más que en 1814.

Las Cortes nombraron poco después una Comisión, presidida por Diego Clemencín, para que informara el proyecto. Este informe, basado en el criterio de que la nueva división provincial debía servir para que la acción del gobierno pudiera ser “uniforme, espedita (sic) y fácil en todas ellas, era presentado el 19 de junio de 1821, aunque no empezó a ser discutido hasta que las Cortes Extraordinarias iniciaron el nuevo periodo de sesiones a fines de septiembre de 1821. Con algunas modificaciones poco relevantes quedó aprobado, estableciéndose finalmente 52 provincias, al añadir a las 46 iniciales propuestas por Bauzá-Larramendi las nuevas de Palencia, Játiva, San Sebastián y Bilbao, además de las insulares Baleares y Canarias. Promulgado por Fernando VII mediante el Decreto LIX de 27 de enero de 1822 de “División provincial del territorio español”. Su alcance práctico fue muy limitado al producirse la invasión de España por los Cien Mil Hijos de San Luís que restablecieron en 1823 la monarquía absoluta de Fernando VII acabando con el Trienio liberal


Con este Decreto LIX de 27 de enero el antiguo Reino de Valencia quedaba fragmentado en cuatro provincias: Valencia, Castellón, Játiva y Alicante. Estas nuevas provincias, que constituirían su primera Diputación en el mes de mayo de 1822, no coincidían exactamente con las antiguas gobernaciones y subgobernaciones forales ni conservaban los límites históricos del antiguo Reino. Así Orihuela, junto al resto de la Vega Baja, era incorporada a la provincia de Murcia y el Rincón de Ademuz a la de Teruel; aunque en contrapartida algunos municipios aragoneses fronterizos pasaban a la de Castellón, el Marquesado de Villena a la de Alicante, y la Meseta de Utiel-Requena a la de Valencia. En cuanto a Alcublas seguía perteneciendo a la provincia de Valencia, pero dejó de ser fronteriza puesto que todo el Valle del Palancia también quedaba incluido en la provincia de Valencia. 


Con la muerte de Fernando VII el 29 de septiembre de 1833 acababa la década ominosa”, iniciándose el reinado de su hija Isabel II bajo la regencia de María Cristina de Borbón. En un primer momento siguió al frente de la Secretaría de Estado el político reformista Francisco de Cea Bermúdez, que nombraba el 21 de octubre como Secretario de Estado de Fomento a Francisco Javier de Burgos y del Olmo con el encargo de «plantear la división civil del territorio, como base de la administración interior». Proceso culminado en el tiempo record de 39 días con la firma del Real Decreto de 30 de noviembre de 1833 sobre la división civil del territorio español.





En este Real Decreto, publicado en la Gaceta de Madrid no 154 de 3 de diciembre de 1833, Javier de Burgos estableció la división provincial de España que, con pequeñas alteraciones, es la que continúa vigente en la actualidad. Todos los datos demuestran que debió de basarse en la de 1822 sobre la que introdujo ciertas modificaciones. Las principales fueron reducir a 49 las 52 provincias anteriores con la supresión de las provincias de Villafranca del Bierzo, Calatayud y Játiva, el respecto máximo de las fronteras de las provincias y reinos del Antiguo Régimen o el cambio de nombre de algunas al cambiar de capital. Asimismo todas las provincias recibieron el nombre de sus capitales excepto cuatro de ellas, que conservaron sus antiguas denominaciones: Navarra, con capital en Pamplona, Álava con Vitoria, Guipúzcoa con San Sebastián y Vizcaya con Bilbao.

Esta división de Javier de Burgos restituyó los límites históricos del Reino de Valencia aunque no mantuvo la tradición de las cuatro demarcaciones, pues la provincia de Játiva creada en 1822 desapareció y sus términos municipales fueron en su mayor parte a la provincia de Valencia y el resto a la de Alicante. Según esta división provincial de 1833 la Vall d’Albaida y la Safor sin la Valldigna se integraban en la provincia de Alicante, pero en un 1836 se produjo una rectificación pasando a la de Valencia, aunque no Oliva, Vilallonga y pueblos vecinos que no se incluirían en Valencia hasta 1847. Por otra parte, con el tiempo también fueron incorporados nuevos territorios históricamente no valencianos. Así en 1836 Villena (desde Albacete) y Sax (desde Murcia) pasaban a la provincia de Alicante, y en 1851 la Plana de Requena-Utiel (desde Cuenca) a la de Valencia.

Por el norte, en esta división de Javier de Burgos las provincias de Castellón y Valencia quedaban separadas por las sierras de la Calderona y Almenara, como hoy en día, con un reajuste de los límites provinciales respecto de la división de 1822 entre las antiguas demarcaciones de Castellón y Valencia, al incorporar definitivamente en 1833 a la provincia de Castellón las poblaciones del Alto Palancia. Con ello, la localidad de Alcublas volvía a quedar como límite de la provincia de Valencia. Sin embargo, Gátova era incluida en la provincia de Castellón sin tener en cuenta que era el único municipio de dicha provincia situado al sur de la Serra Calderona. No fue hasta el año 1995 en que se solucionaba esta disfunción al pasar Gátova a la provincia de Valencia.

Asimismo, la creación de la figura de los Partidos Judiciales establecida a raíz del Real Decreto de 21 de abril de 1834, respetando los nuevos límites provinciales de 1833 que los delimitaba, supuso desde un primer momento un fuerte impulso para cohesionar los municipios incluidos en cada Partido, creando entre ellos nuevos vínculos y una cierta unidad. En el caso de La Serranía del Turia su territorio quedaba adscrito a dos Partidos Judiciales, con capitalidades en Alpuente y Villar del Arzobispo (al que pertenecía Alcublas). Sin embargo, el reparto de las cabeceras de estos Partidos también creó ciertos focos de tensión en los que se adivinan rivalidades locales. De hecho, pocos años después, la capitalidad pasaba de Alpuente a Chelva que la mantuvo hasta mediados del siglo XX al integrarse, junto al de Villar del Arzobispo, en el Partido Judicial de Lliria.

La División Territorial Provincial de 1833 y la implantación de los Partidos Judiciales de 1834 supuso la separación por límites administrativos de territorios que históricamente habían tenido una gran relación. En el caso de Alcublas respecto a las poblaciones del Alto Palancia como Jérica, Altura o Segorbe con las que hasta entonces mantenía un fuerte sentimiento de pertenencia y vecindad. No debe extrañar, por tanto, que en las diversas propuestas de comarcalización de las tierras valencianas Alcublas haya sido adscrita indistintamente tanto al Alto Palancia como a La Serranía del Turia. En una próxima colaboración en este blog PEÑA RAMIRO espero repasar algunas de las más conocidas.


Por

JUAN ANTONIO FERNANDEZ PERIS 


18 comentarios:

con el carrito del helo(desde las islas Candongas) dijo...

Aún no he tenido tiempo de leérmelo, pero bien hallado Juan Antonio.
Ya te enviaré un mapa de la división territorial de Las Candongas..(es broma). Aquí no hay ninguna división porque que el único soberano es el Tete.

Anónimo dijo...

Siempre hemos sido un poco TIERRA DE NADIE. La Serranía se nos queda a la izquierda, el Alto Palancia arriba y a la derecha, y el Camp del Turia abajo.

Anónimo dijo...

Otra lección magistral amigo Juan Antonio. Se te echaba de menos.
Y al tema, el estar a caballos de varias comarcas nos ha dejado cierta deslocalización, que hoy se vive directamente en el ámbito educativo.

Anónimo dijo...

La verdad sea dicha.
Tardó pero mereció la pena.
Que pasada de artículo.

aprendiz de Morgan dijo...

Buen trabajo maestro.

Una curiosidad. En la subdivisión en Partidos Judiciales que aparece el 21 de abril de 1835, en lo que compete a Villar del Arzobispo, aparece Cucalon.

¿Es el Cucalón que todo/as conocemos, perteneciente al término de Altura(Castellón), o es algún otro de la Serranía que desde Alcublas desconocemos)?.

Sino puedes contestar tampoco pasa nada, que yo muchas veces le busco los cinco pies al gato.

Juan Antonio Fernández Peris dijo...

Gracias por los comentarios.

Alcublas siempre ha sido visagra entre las tierras hermanas del Alto Palancia, La Serranía y Camp de Túria. Esa posición fronteriza la ha perjudicado mucho, al quedar en tierra de nadie...

Por otra parte, es penoso que no se ha haya sabido aprovechar esta situación privilegiada como paso natural entre Valencia-Castellón- Aragón.

Sin ir más lejos. Una buena carretera (sin llegar a ser autovía) que conectara la A3 (Autovía de Madrid) con la Autovía Mudejar, pasando por Alcublas, sería la solución más económica para dinamizar las comunicaciones. Y así otras muchas oportunidades perdidas...

En cuanto al aprendiz de Morgan.

En efecto, se trata de la masía de Cucalón que pertenece al término de Altura.

Estas masías (p.e. Las Dueñas también) en el pasado eran núcleos de población importantes.

Se podrían asimilar a lo que hoy día son algunos barrios o aldeas en Galicia o Asturias.

La despoblación de La Serranía y el Alto Palancia viene de lejos...

Anónimo dijo...

Ese es el camino que llebamos, ser una Aldea o una Urbanización de veraneo más de Lliria.

Meninfot dijo...

Que lástima que la gente prefiera ser urbanita y vivir en un quinto con ascensor aguantar al estúpido del vecino de enfrente y los molestos ruidos del de encima.
Para aparcar estar media hora buscando hueco, y sí es que tienes plaza de garaje con trastero es porque el piso es nuevo y estás hipotecado para toda la puñetera vida.
Todo por qué, porque tenemos escaparates a los que solo nos limitamos a ver lo mismo que esos cochazos que vemos pasar sin saber que la mayoría son de importación de segunda mano.
No aprecian lo que tienen los que viven en el mundo rural, ojala yo pudiese desmontar la paraeta y volverme al pueblo. Iba a tirar el reloj a tomar por culo,(perdón por la expresión) para pasar a ser un meninfot más, que significa me la trae foja la sociedad de consumo.

Anónimo dijo...

Bisagra con B

Anónimo dijo...

Viagra con V, ha sido un lapsus mental.

que cerca teniamos la Capi dijo...

Intresante documentación la aportada por J Antnio.
Resulta interesante ver que provincias como Almeria, Huelva, Albacete, Guadalajara, Avila, La Rioja, Palencia, Zamora, Girona o la propia Castellón era denominada Provincia de Segorbe.
Y de esto no hace tanto, un par de siglos.

Juan Antonio Fernández Peris dijo...

Para el de la visagra/viagra.

Me pillaste. ¡En qué estaría pensando!.

mingote dijo...

Esta claro que somos unos incomprendidos....¡Hospera!,...en Casinos me llaman Turco,...en Liria Churro,... en Altura Tártaro....¡Ahora los del Villar que no me digan ná!,...que esos son más bastos que yo....¿No le dicen?,...al capazo capaso,...a la zá sá,... al tractor tritor,...y en vez de vamos a ir,... tá arrean un....¡Amus diiir!

Anónimo dijo...

Jeee, con permiso de Juan Antonio en tu estilo te sales gamberro.

con el carrito del helo(desde las islas Candongas) dijo...

No les hagas caso a estos tiquis miquis, que yo me he callado lo de la reconquista Cristina, que Cristina es la del Urdangarin, pero se entiende perfectamente.
Y ya que nos tuteamos, llévate una temporada al Barrio de la Olleria al celebre Mingote y verás como al principio les caerá muy gracioso, pero luego acabarán tirándolo redolando al río.
Morenazaaaa hoy toca un Malibú con coco colado. Huuuumm no sabes lo que te pierdes.

aprendiz de Morgan dijo...

Lo tenemos claro con el desarrollo rural y el plan Leader.
La Serranía cada más despoblada y empobrecida, ya no sé sí tan siquiera sumamos 15.000 habitantes incluida Villar y Pedralaba que serán de las pocas localidades que de salvan de la quema.
Tú eso lo debes de saber bien puesto que Chelva, centro y en su día Capital de la Serranía tiene un legado histórico impresionante que se observa paseando por sus abandonadas calles.
Lo mismo que Alcublas, en su día rodeada de frondosos bosques, y hoy convertidos en parajes inhóspitos que recuerdan al desierto.
¿Que fueron de vuestros 6.000 y de nuestros 2.000 habitantes?, cuando ahora los dos juntas suman poco más de 2.000 almas.
A pesar de estar cada una en una punta de la comarca, nos une una realidad que el Ave Fénix no sé sí será capaz de rescatarnos. Puesto que nos une la decadencia.

Anónimo dijo...

Que mal rollo aprendiz, hay que mirar las cosas desde un punto de vista mas positivo.

Juan Antonio Fernández Peris dijo...

Efectivamente, existe un grave problema de despoblación en La Serranía.

Sin embargo, y eso es lo positivo, también hay personas que emprenden nuevos negocios y tratan de vivir en sus poblaciones. Esa es la esperanza de futuro...

Pero para eso el mundo rural de interior valenciano necesita creer en sí mismo. Y a la vez hacerse visible, tomando las riendas de su futuro.

Es IMPRESCINDIBLE que el GESTOR de las subvenciones y ayudas esté "sobre el terreno". De ahí la necesidad de comarcalizar la gestión y reparto de TODAS las inversiones (nacionales, autonómicas y europeas).

NOS IRIA MEJOR...