lunes, 4 de agosto de 2014

AQUELLA PARTIDA...

Las imágenes siempre han tenido un poder desbordante. A veces, mucho más que las palabras. Fotografía, según su origen etimológico, deriva del griego (foto= luz y grafos = escritura). Es decir que fotografiar se puede considerar al arte de pintar o escribir con luz.

Seguramente si se nos preguntara a cada uno de nosotros por las imágenes que más nos han impactado o que consideramos más representativas del siglo pasado, muchos coincidiríamos con aquella tan terrible del hongo atómico causado por la primera bomba nuclear sobre Hiroshima. También vendría a nuestras retinas alguna fotografía de Hitler, o de los campos de concentración alemanes. Y siguiendo con el tema bélico (el siglo XX desgraciadamente no ha sido muy pacífico que digamos), la famosa foto de Robert Capa en la que inmortaliza a un miliciano español abatido por un disparo en la guerra civil.
Fotografías del Che Guevara, Marilyn Monroe, los Beatles, Ghandi, Kennedy, etc., estarán para siempre en nuestra memoria porque nos han acercado y ayudado a conocer a personajes que han marcado nuestra historia más reciente.
Hace unos días, un buen amigo mío, me mostró la foto que acompaña a estas palabras. Al verla, quedé largo rato en silencio, disfrutándola. Esta fotografía es una verdadera joya. Porque representa un trozo de la historia más reciente y a la vez ya lejana en el tiempo, de nuestro pueblo.Muchos de nosotros recordamos, seguro, aquellas tardes o noches de invierno, cuando se reunían nuestros abuelos, padres, tíos o vecinos en torno al fuego después de cenar. La abuela ponía a hervir un perol con malta (algunas veces, las pocas, café) y, de repente, la pequeña mesa de madera que servía para muchas cosas, se disponía en el centro de la habitación y alrededor de ella, cuatro sillas bajas con aquellos asientos de hilete, algo estropeadas por el uso y los años (las mismas que se sacaban a la puerta en las tardes de verano para estar a la fresca).
Y allí estaban, dos parejas de jugadores, una baraja, una brisca, unas bromas y diversión asegurada. Con la malta, alguna copica de cazalla o de mistela y con los primeros envites del juego, con los ánimos todavía aplacados, los contrincantes acordaban jugarse algún almuerzo o en noches más “flamencas” una paella con algún conejico o liebre de la temporada de caza recién inaugurada.
Me recuerdo de niña sentada con mi silla cerca de mi abuelo, siguiendo la partida. En aquellas noches aprendí las señas, la mecánica del juego, las cartas que eran triunfos, los trucos, el vocabulario especial que usaban para despistar al “enemigo”, lo que era una “garra”, a contar los puntos… En aquellas noches aprendí que para divertirse no hacen falta grandes cosas. Solamente bastaba una mesa, unas sillas, una baraja y las ganas de estar juntos. Aprendí a que la risa es sencilla y se transmite con facilidad, que estábamos contentos, que no había mucho para compartir, pero lo poco que había se compartía de corazón.
Esta foto cuenta muchas cosas. Os invito a que la observéis largamente… seguro que desde el fondo de vuestros recuerdos aparecerán imágenes próximas, vivas, entrañables, a pesar de que queden ya lejanas en el tiempo.

Asmara.

2 comentarios:

Pan aceite y sal dijo...

Buen relato, con que poco viviamos antes y que felices eramos

Oscar Signes dijo...

Ésta misma entrada se realizó hace unos pocos años y creo honestamente que debería decirse. Por lo demás comentaros que sigo vuestro blog con interés.