jueves, 11 de septiembre de 2014

¿TE ACUERDAS DE...?

Recuerdo desde el pan tostadico del horno de La Valenciana, los animales con los cuales convivíamos en las casas,(recuerdo las gallinas sueltas por las calles) hasta la cerrá por bañera,(los alcantarillados en las casa los hizo más tarde el Chato Victorino con un compresor que ensordaba). La ropa no la comprábamos, por heredar heredábamos hasta el traje de comunión, y los montones de uva en el bancal que a veces hacían noche, porque los tractores de la bodega o el de la aparcería no daban abasto.

.................................................................

Recuerdo que cuando llegábamos al bancal a vendemar había que encender una buena hoguera para entrar en calor y mantenerla encendida hasta bien entrada la mañana puesto que la escarcha o en el mejor de los casos el rocío hacían que la uva te mordiese los dedos como negándose a ser arrancada de la cepa.
Mi abuelo se encargaba de organizar la logística poniendo tres lonas en diferentes sitios del bancal donde abocamos la uva de nuestras cestas de mimbre que la mayoría de veces nos chorreaba el mosto pegajoso por los hombros. Hasta que al fin llegaba el mediodía, bueno eso según decía mi abuelo que miraba el Sol y colocando los dedos de una forma extraña en el horizonte exclamaba, ¡chiquillos es la una y no me voy ni cinco minutos!, aquello era una fiesta, mi madre sacaba las fiambreras para calentarlas en el rescaldo del fuego que estaba ardiendo durante todo el día, un pan sabroso eso si negro que ella misma masaba y luego cocía en el horno la Valenciana y las sardinas que a mi no me gustaban porque estaban muy saladas pero que mi abuelo se ponía como un kiko al mismo tiempo que se empinaba la bota de vino y de vez en cuando a escondidas de mi madre nos daba un trago, luego normalmente por las tardes acababa cortandose con el oncete pero como tenía soluciones para todo se meaba la herida y la taponaba con una hoja de la cepa mientras se reía enseñando los tres dientes que le quedaban, se hizo de ochenta y nueve años.

..................................................................

Recuerdo el bajar por el camino de La Cava a la balsa y una vez allí, comenzaba lo más divertido para mi. Al llegar, si estaba muy concurrida la balsa de lavar, siempre había alguien que se apretujaba con la de al lado para hacerte un hueco. Yo me colocaba al lado de mi madre y ella me daba una pieza de ropa pequeña y un trozo de jabón para que la lavara. Olvidaba que antes tenía que ponerme el delantal para no mojarme mucho (misión imposible).
La cosa no resultaba difícil y sí divertida, había que mojar, enjabonar y restregar la prenda con ganas. Lo más complicado era mantener el jabón escurridizo al lado, encima de otra prenda de ropa, sin que cayera dentro del agua. Recuerdo que estos eran los momentos críticos, sobre todo si el trozo que se me había escapado dentro era de los grandes. Entonces con mucha maña y pinchando con un palo o caña, mi madre intentaba rescatarlo. Para mí era un juego pero, cuando ya me cansaba de restregar o me había mojado demasiado, siempre había alguna chiquilla más para jugar por los alrededores mientras mi madre acababa. Las mujeres seguían su tarea, enjabonando y restregando con ahínco en la balsa de lavar, poniendo al sol en las piedras de alrededor las prendas con manchas difíciles previamente enjabonadas y por último enjuagando todo lo lavado en la balsa de enjuagar, cuya agua estaba siempre completamente limpia.


* Retazos de comentarios y textos publicados en Peña Ramiro


9 comentarios:

RECUERDOS dijo...

Hacer el jabón mi madre con los posos del aceite, sebo, sosa caustica y no recuerdo sí algo más.
Remover y remover en un enorme cociol con un palo de madera al fuego, por supuesto de leña, hasta cuajar como el aojoaceite.
Luego una vez templado de depositaba en un recipiente cuadrado, normalmente de madera, cubierto de un plástico para evitar posibles fugas y para que no se pegara el jabón al recipiente.
Una vez frío y solido vendría el arte de cortarlo con un enorme cuchillo, que mi padre también utilizaba para matar y trocear los conejos caseros que criaba en la cambra para la paella del domingo. Porque mi hermano y yo sí alguna vez traía un conejo de monte o liebre, le hacíamos ascos a esa carne tan dura, negra y de sabor tan fuerte, al final le quitemos las ganas de cazar al hombre.
Ya no recuerdo el olor de ese jabón, ni por supuesto el sabor de esas paellas, normalmente acompañadas de alguna vaqueta, echas siempre a leña de olivera y jarmientos.

Anónimo dijo...

Que racha llebamos Peña
Os salis.

Anónimo dijo...

Ese tipo de relatos me gustan, entre otras cosas soy joven y me gusta saber de donde vengo.

Anónimo dijo...

Hola, soy el autor del comentario Recuerdos.
Quiero puntualizar un error en la última frase, realmente se escribe.
Hechas siempre de leña de olivera y jarmientos.
Lo digo porque anda por ahí suelto un catedrático de ortografía muy perspicaz.

Anónimo dijo...

Muy bueno!!

Anónimo dijo...

Recuerdo ese jabón, eran inagotable, frotaban frotaban y nunca se acababa y sí se caía en las balsas con una caña a intentar pincharlo para rescatarlo, porque era capaz de el desagüe ante de desacerse.

Joven emprendeor dijo...

Visto que alguien tiene la formula de hacer ese jabón, solo me hace falta una mujer que me enseñe a hacerlo.
Siguiendo el pelotazo que han pegado en La Yesa los de la cerveza La Galana, aquí lo podemos hacer con el jabón.
Además tengo es eslogan preparado para su lanzamiento comercial.
JABÓN ARTESANAL EL RODERO, NINGUNO CUNDE MÁS POR ESTE DINERO.
Espero que aún quede alguna mujer que sepa, dispuesta a ser socia de esta innovadora idea.

Anónimo dijo...

Si necesitas un socio yo se de quien sabe hacerlo, pero a medias

Anónimo dijo...

Y tanto que me acuerdo, esa foto que tenéis en portada es una puerta de doble hoja con gatera. Por sí alguien no lo sabe las gateras eran muy comunes en el pueblo para que entrase o saliese el gato casero.
Por la noche los dueños las tapaban con un tonco para que no se saliese el gato o entraran gatos callejeros. Pero como chiquillos que eramos no teníamos idea buena y una forma de entretenerse era por la noche la cuadrilla pegarle una patada a los tapones de las gateras de toda una calle, cuando el tronco caía dentro de las casas salían los amos de las casas cagandose en to lo que se menea, porsupuesto las risas en la esquina donde nos escondiamos eran de cualquier forma y cualquiera nos entraba a la carrera con los templaos que estabamos.
Al dia siguiente cuando se lo decian a nuestros padres andaba la correa, pero valía la pena por las risas de la nocha anterior.